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La avenida Uruguay entre Julio Herrera y Obes y Río Branco, en el centro de Montevideo, podría ser identificada como la calle del último recurso. Allí funcionan el área de créditos pignoraticios del Banco República (BROU) y, enfrente, varias casas de compra de oro, plata y alhajas en general. Muchos de sus clientes son personas que precisan dinero de apuro y no tienen más alternativa que resignar un valor sentimental.
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El Covid-19 y la emergencia sanitaria trajo más desempleo o seguros de paro especiales por menos salarios en el caso de los trabajadores formales y una caída en la actividad de muchos cuentapropistas. Pero al menos en esta crisis, profunda pero aparentemente más corta que otras del pasado, la venta de joyas familiares no viene dándose como algo frecuente o en aumento. Incluso pese a que el oro en los mercados internacionales alcanzó por estos días valores históricamente altos, lo que podría hacer más atractivo desprenderse de una alhaja. Eso es lo que dijeron a Búsqueda encargados de algunas de las casas de compra de metales de la avenida Uruguay y también autoridades del BROU.
Varios locales de compra de joyas están cerrados, algunos desde hace tiempo; otros reabrieron recientemente, pero lucen antiguos como los artículos que comercian. Algunos empleados se excusaron de dar información, alegando que solo el gerente puede hacerlo —pero “no estará ubicable por una semana, ni siquiera por teléfono”—, y varios de los que hablaron fueron parcos. No parece gustarles dar detalles sobre su negocio.
La percepción que transmiten es que no están teniendo más actividad que antes de la pandemia. “Ya había crisis” previo a la llegada al país del Covid-19, sostuvo uno. “Siempre hay divorcios” y llega algún integrante de la pareja disuelta para desprenderse del anillo de casamiento, pero nada que ahora pueda atribuirse a la emergencia sanitaria y sus consecuencias, afirmó otro.
Algunas casas de compra de joyas y metales exponen los precios que pagan en pizarrones como los que usan los locales de cambio de monedas. Son llamativas las diferencias; el lunes 10 uno ofrecía pagar $ 2.510 por gramo de oro de 24 kilates y a pocos metros de distancia otro pagaba $ 1.800, con la aclaración de que debía estar “certificado”. Un empleado aseguró que los valores son ajustados a veces más de una vez al día, en función de lo que ocurre en los mercados internacionales; la cotización de la onza de oro (unos 32 gramos) se ubicó al inicio de esta semana en torno a los US$ 2.050.
Otras joyerías, algunas casas de cambio y también particulares compran alhajas de metales preciosos, muchos a través de portales como Mercado Libre. Algunos ofrecen ir a domicilio para hacer la transacción.
Pignoración
La sucursal del BROU situada en la esquina de la avenida Uruguay y Julio Herrera y Obes tiene en su fachada un cartel que indica que compra oro. Allí se tramitan créditos pignoraticios; pignorar significa dejar en prenda o garantía de cumplimiento de una obligación. Es una modalidad que el banco estatal tiene disponible desde principios del siglo XX, pero que viene en declive. Más aún, la gerenta general de la institución, Mariela Espino, la ve extinguiéndose.
Informó que las operaciones mensuales cayeron de unas 600 en 2005 a 350 en 2010 y a 160 en 2015. Incluso durante la emergencia sanitaria por el Covid-19 el crédito pignoraticio del BROU siguió siendo relativamente poco utilizado: en lo que va del 2020 hubo en promedio 38 al mes. “Pre- y pospandemia, fueron aproximadamente una por día, lo que es muy poca operativa”, señaló la ejecutiva a Búsqueda.
“Es una operativa histórica que año a año tiene menos volumen y cantidad de transacciones, lo cual es lógico porque hoy existe una serie de soluciones de crédito. Este préstamo se está extinguiendo solo. Y es razonable; hay muchas alternativas fáciles y viables para prácticamente los uruguayos de todos los niveles de ingreso. Hace 20 o 30 años esas posibilidades no existían y antes el crédito pignoraticio sacaba a la gente del apuro. Hoy del apuro se sale con nuestro crédito social o el de otras instituciones, que se obtiene al instante. La realidad le va pasando por arriba y se va haciendo obsoleto”.
En general, la línea pignoraticia tramita préstamos que rondan los $ 9.000 o $ 10.000. En valores corrientes, son montos promedio más altos que los que se operaban en 2010 ($ 5.500) y 2015 ($ 8.000).
En la sucursal de la avenida Uruguay trabajan hoy cerca de 20 funcionarios, aunque están para atender los negocios habituales de la entidad; unos pocos están para atender el crédito pignoraticio. El banco no considera el valor de la alhaja, sino que la toma en función de un precio asignado para el gramo del metal. El bien queda en garantía de pago; si la persona deja de pagar capital e intereses, después de cierto tiempo el BROU procede al remate, conformando lotes con las distintas alhajas recibidas.
A raíz del impacto que produjo la emergencia sanitaria por el Covid-19, el banco —al igual que los privados— dio prórrogas automáticas por 90 días en los vencimientos de créditos y renovaciones para aquellos que lo solicitaron. También dio algunos préstamos nuevos, pero según Espino está habiendo una “actitud prudente de toda la plaza (financiera) en cuanto a aumentar el endeudamiento”.
La morosidad de la cartera del BROU virtualmente se mantuvo en los meses recientes en torno al 5%, surge de la información aportada al Banco Central.