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    El primero, brumoso

    N° 1972 - 07 al 13 de Junio de 2018

    Se sabe, el tango canción —historias de argumento definido— nació con letras que abrevaron en el lunfardo dominante, incluso Mi noche triste, considerado el primero, que inmortalizó Gardel, tras dejar atrás los estribillos picarescos, prostibularios de los primeros intentos.

    Pero esa poética inicial, cuyo valor literario, en algunos casos, no se discute, fue dejando paso, a medida que también la música evolucionaba, a letras con otras pretensiones. Siempre se ha relacionado esa corriente renovadora con la propuesta de José González Castillo, padre de Cátulo, y seguidores como su propio hijo, junto a García Jiménez, Cadícamo y Homero Manzi.

    Sin embargo, como suele ocurrir en la despaciosa y entreverada historia de las artes populares, van quedando a la sombra del olvido algunos creadores cuyo rescate es una obligación si se quiere entender más profundamente ciertos procesos.

    Tal el caso de Armando Tagini —poeta, compositor y cantor nacido en Buenos Aires el 9 de junio de 1906 y fallecido en la misma ciudad el 12 de julio de 1962—, gran amigo de Gardel, quien le grabó obras memorables, y a quien, probablemente, solo los iniciados recuerden.

    No se trata de cronología cuando uno dice que fue un pionero. Ocurre que su experiencia de letrista dio un juvenil, muy fuerte, renovador y solo en apariencia contradictorio aporte.

    Tagini no tuvo estudios, aún adolescente se empleó en los ferrocarriles y, por una —para él —bendita casualidad, halló de compañeros a García Jiménez, Guichandut y Tuegols, entre otros, que le dieron una formación primaria e impulsaron su amor por el tango. A esa influencia debió su debut como cantor en la orquesta de Anselmo Aieta cuando solo tenía 20 años.

    Lo curioso es que como le gustaba escribir, el mismo año creó dos letras legendarias, La gayola y Gloria, con música de Tuegols y Humberto Canaro, respectivamente.

    El primero nació de una apuesta con Gardel, al que conoció en el Abasto: ¿es posible poner música a una letra de la misma métrica de Mano a mano, de Flores, sin incurrir en plagio? A Gardel le gustó tanto La gayola que la grabó enseguida, aunque cambió varias expresiones para hacerlo más popular: “campanearme” por “contemplarme”, “atorrando” por “largo a largo” y “voy al campo a laburarla” por “voy a trabajar muy lejos”; no quería que tamaño tango dramático sonara tan limpio de pinceladas lunfardas; lo extraño es que los autores creían haber hecho, y sentían lo mismo con Gloria, un tango al estilo imperante todavía. Claro… ¡Tagini, Tuegols y Canaro eran apenas veinteañeros! Pero con personalidad: Tagini mantuvo sus giros originales en la versión definitiva que recién registró en 1938.

    Y tal vez más raro parezca que la siguiente obra de Tagini, en 1927, con música de su amigo Guichandut, fuese Perfume de mujer, en la cual el lenguaje es depurado, de una romántica expresión, cortando todo vínculo con la literatura tanguera popular. Gardel aceptó gustoso el cambio y grabó ese tango junto a otros dos del mismo estilo, Misa de once y Marioneta, ambos musicalizados nuevamente por Guichandut.

    Fue tal el éxito de estos nuevos temas, su impacto en las gentes y la euforia de Gardel, aferrándose Tagini, entonces, a la veta poética del Manzi de la primera etapa, que muchos historiadores e investigadores le dieron el rango de pionero junto al creador de Viejo ciego, a García Jiménez, a Cadícamo y a Cátulo Castillo. Antes de morir, Gardel llevó al disco otros dos tangos míticos, Mano cruel y Buey manso, musicalizados por Carmelo Mutarelli.

    La carrera de cantor de Armando Tagini no tuvo relevancia. La abandonó apenas casado con Juana Bosco, con quien tuvo dos hijos. La nueva vida afectó también su veta autoral, que fue decayendo. Los tangos siguientes no se acercaron a las espléndidas creaciones anteriores: Abrojos, El embrujo de tu violín, La marcha nupcial, El cornetín del tranvía, Menta y cedrón y Se va la vida, donde hizo la música para una letra de María Luisa Carnelli.

    Dijo, poco antes de morir:

    —Extraigo los motivos de mis canciones de la vida, lo que veo desfilar ante mis ojos, y le agrego mi propia emoción. Todo lugar es propicio para tomar apuntes que luego serán versos o música. Y prefiero, pese a mis comienzos, el género sentimental, nostálgico, afín al temperamento de mi pueblo.

    Y José María Contursi le hizo justicia:

    —Fue él quien encauzó la letra del tango dentro de un nuevo estilo. El lazo equilibrado entre artesanía y arte.