Estados Unidos ha tenido durante décadas programas de control de los incendios, que en algunas regiones son de origen natural, por los rayos principalmente. El chaco brasileño y argentino también tiene un sistema dominado por el fuego.
Estados Unidos ha tenido durante décadas programas de control de los incendios, que en algunas regiones son de origen natural, por los rayos principalmente. El chaco brasileño y argentino también tiene un sistema dominado por el fuego.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Hemos tenido problemas para comprender cómo manejar estos sistemas. Nos dimos cuenta relativamente tarde del rol que cumplen estos disturbios. A veces por evitar la ocurrencia de fuegos naturales generamos transiciones muy bruscas”, indicó Néstor Mazzeo, ecólogo, docente e investigador del Instituto Saras y la Udelar.

Un “caso paradigmático” es el de los bosques de Estados Unidos. El control para evitar los incendios “terminó conspirando con la conservación de los sistemas”, explicó el ecólogo. Se generó una acumulación tan grande de biomasa (por la falta de incendios) que finalmente cuando ocurrió el fuego fue incontrolable y con efectos muy adversos. La temperatura alcanzada fue tan alta que los primeros centímetros del suelo quedaron “hechos vidrio” y “parte no se pudo regenerar”, explicó Mazzeo.
“Los sistemas tienen incorporados una dinámica natural de disturbios y tenemos que tener muy claro cómo operan y el papel que juegan. Muchas veces por manejarlos y controlarlos podemos tener efectos muy distintos a los que esperábamos”, señaló Mazzeo.
Estados Unidos se enfrenta al desafío de controlar los incendios para que no afecten a las poblaciones, y también dejar que los “disturbios” naturales operen. “El mantenimiento de la diversidad de los sistemas depende de esos fuegos”, destacó el ecólogo.
El grupo de investigadores de Saras concluye en una de sus últimas publicaciones sobre las dinámicas del fuego en las planicies centrales de Norteamérica —publicado en el “Journal of Ecology”—, que “aun sin mayores cambios en el clima, la frecuencia alterada de fuegos puede producir dramáticos cambios de estados” y que el “manejo local” de estas áreas “debería enfocarse en prevenir transiciones no deseadas”.