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    lunes 17 de junio de 2024

    El propósito político

    Sr. Director:

    En realidad el título debería ser El propósito de los proyectos políticos, porque en parte, de eso pretende versar. Sucede que muchas veces se pasa por alto la razón de ser y naturaleza de las cosas, por la peligrosa confusión entre lo esencial y lo instrumental.

    Los proyectos políticos tienen un propósito. Y no se basan en ganar elecciones, ni siquiera en gobernar. Procurará hacerlo porque son el medio para poder cumplir su razón de ser. Pero hay un para qué que da sentido y no se confunde con el cómo.

    Llegar al gobierno no debería ser un fin en sí mismo. En todo caso, el fin es plasmar ideas, concretar una agenda programática destinada a servir a los compatriotas. Si bien es cierto que un proyecto político podría limitarse y contentarse con tener un rol testimonial, de ser proclama de una visión del mundo, asumiendo un rol casi aleccionador o adoctrinador, ese papel podría ser asumido también por una organización filosófica o por un predicador. Lo que define realmente a un proyecto político es su capacidad de materializar su propósito, su vocación por concretarse. Y esa finalidad es cambiarle la vida a la gente, mejorarles la historia a los individuos, a la comunidad. Ese es el propósito que da sentido a la política cuando se plasma en proyecto.

    Claro es que en nuestro sistema institucional hay que cumplir con algunas formalidades, salvar “obstáculos” y cumplir condiciones, pero ellas no son la razón de ser las cosas. Si esos medios se tornaran prominentes, si la permanencia en el gobierno de las instituciones fuera su marca definitoria, solo se estaría ante un proyecto de poder, no de un proyecto político. Reitero, lo que da horizonte de sentido a un proyecto político es cambiar —mejorar— las condiciones de vida del pueblo (para ello habrá distintos caminos, distintas visiones y doctrinas, surgirá allí el antagonismo y el disenso que la política como actividad deberá resolver con su lenguaje propio).

    Hoy, el Partido Nacional en el gobierno, siendo punta de lanza de un espacio de coalición, estando en pleno proceso de materializar su propósito de mejora de las condiciones de vida de los uruguayos, concretando las transformaciones ineludibles, tiene sin embargo que asumir su doble condición: gobierno y proyecto. Y en ese sentido, sería oportuno que, más pronto que tarde, internamente se comience un trabajo programático donde confluyan las visiones y sensibilidades que tiene en su seno el partido, que serviría para renovar el proyecto a futuro (pensando en el paso instrumental de 2024), pero que además, sin dudarlo, serviría para profundizar las reformas que en este período de gobierno se buscan concretar.

    El Frente Amplio en su momento se enamoró del poder, “se empacharon de poder”, como les espetó Jorge Larrañaga, y fueron tributarios de lo instrumental y no de lo esencial. Olvidaron el para qué se tiene el poder, el para qué se gobierna. Olvidaron nada más y nada menos que su propósito como proyecto político.

    El Partido Nacional, que viene haciendo un trabajo muy profesional y responsable, donde cabe destacar el rol de su presidente Pablo Iturralde, tiene la posibilidad de ejecutar, pensando en 2024, un enriquecimiento como proyecto, pero sería un enriquecimiento que, estando en el gobierno —y precisamente por ello, por estar en condiciones de seguir materializando los cambios—, le daría a la recta final del gobierno aceleración y profundización y refrescaría la gestión, de modo de honrar su único propósito: mejorar las condiciones de vida de los habitantes de nuestro país.

    Luis Fernando Calabria Barreto

    CI 3.588.481-7

    Cartas al director
    2022-10-19T21:17:44