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    El regreso del gaucho inglés

    Nº 2214 - 23 de Febrero al 1 de Marzo de 2023

    La noticia prometía y no defraudó. La casa de subastas Toovey’s de West Sussex en el sureste de Inglaterra anunciaba para el 15 de febrero la venta de un óleo de Juan Manuel Blanes (1830-1901). Un gaucho a caballo en un paisaje de pradera uruguaya, firmado JMB, de 112 cm por 128 cm, salía a la venta con un estimado de 80.000 libras, algo así como U$S 96.500.

    Podía parecer extraño, pero no lo es; el 24 de noviembre de 2014 la casa Christie’s de Londres remató Aurora (Entre dos luces) en U$S 905.000, obra de similar temática y composición, aunque de menores dimensiones. En ambos se ve uno de los motivos clásicos de Blanes: un solitario gaucho a caballo girando en su montura para mirar por sobre su hombro, en medio de una prístina pradera envuelta en una soberbia luz dorada.

    Y llegó el día y se batió el récord de 2014, en una puja en la que batallaron dos contendientes, un coleccionista uruguayo de forma presencial —que será el que se lo lleve— y otro telefónico —también uruguayo— hasta alcanzar un precio de martillo de 1.15 millones de libras (U$S 1.38 millones). Final feliz: el gaucho regresa a Uruguay y Blanes tiene récord internacional.

    Hasta aquí los hechos y las cifras, no obstante, la pregunta se impone: ¿cómo fue a dar el gaucho de Blanes a Inglaterra? La respuesta es sencilla pero no lineal, porque parte de una lógica que solemos olvidar, y que es que las obras de arte tienen vida propia. Van y vienen, se venden y se compran, viajan, se pierden y reaparecen. Las poseemos y por ello creemos ilusoriamente que nos pertenecen, pero su destino es la transitoriedad —afortunadamente—. Y lo digo porque cuando consiguen contar sus historias, estas resultan tan insólitas como el último capítulo de una novela turca en su decimoquinta temporada, y nuestro gaucho de Sussex no es la excepción.

    Digamos que fue más o menos así: cierto día llegan a Toovey’s Antique & Fine Art Auctioneers los herederos de una señora recientemente fallecida. Consultan por una obra con Rupert Toovey, el director del establecimiento, y este ante la evidente calidad de la pieza llama a su consultor, Tim Williams. Graduado en la Universidad de Sussex en Historia del Arte y dueño de una galería en Lynton (East Sussex), Williams reconoce la pieza como un posible Blanes. Contacta con especialistas uruguayos para su catalogación (entre ellos al arquitecto Gabriel Peluffo Linari, exdirector del Museo Blanes de Montevideo) e inicia la investigación de la provenance, esto es la procedencia del cuadro. De esta manera, llegamos a los marqueses del Moral, los Bertodano, cuyos orígenes familiares se remontan a la pequeña nobleza vizcaína del siglo XV. En 1766 les llega el título cuando el rey Carlos III de España ennoblece a Don Bernardo de Bertodano y Narváez (1731-1784), caballero de la Orden de Santiago y regidor de Valencia, como primer marqués del Moral. A mediados del siglo XIX los Bertodano se establecieron en Inglaterra y a partir de allí una rama de la familia será inglesa por nacimiento y noble por España, por más que en la corte británica no podían ostentar el título por ser de monarquía extranjera.

    Ahora bien, para unir esta historia a nuestro gaucho inglés tenemos que llegar al séptimo marqués del Moral, Baldomero Hyacinth de Bertodano, primer propietario del cuadro. Nacido en Londres en 1844, fue abogado y residente en Cowbridge House (Wiltshire), una mansión del siglo XVIII a la vera del río Avon, derribada en 2007 y que durante la II Guerra Mundial operó como fábrica secreta de radares. Ese fue el hogar del Blanes en Inglaterra hasta la muerte del marqués en 1921, en que Cowbridge House fue a subasta —incluido el cuadro— con el fin de dividir el patrimonio. La obra la compró su hermano, Charles Edmund Bertodano (1853-1926), ingeniero civil, cuya descendencia fue heredando el cuadro hasta el día de hoy.

    Dos hipótesis posibles: o el séptimo marqués compró el cuadro en Europa, en donde Blanes pintó gran parte de la serie entre las décadas de 1870 y 1880, o en algún momento él, o un agente o pariente, llegó al Río de la Plata y lo compró. Por aquel entonces, los ingleses y las empresas británicas eran omnipresentes en nuestro país, lo atestigua la provenance de A dos luces, el Blanes de 2014, que perteneció a los herederos de Frederick Laugharne Humphreys y Louisa Harriet Tomkinson, nieta de Thomas Tomkinson (1804-1879), empresario inglés, constructor del Puente del Paso Molino e introductor en 1851 del eucalipto en Uruguay.

    Los objetos artísticos cargan a sus espaldas con los avatares de sus propietarios. Ahora, la historia seguirá su curso una vez más, ya no en bucólicas casas de campo pobladas por marqueses, sino en manos de un amante del arte nacional. Démosle la bienvenida a este gaucho repatriado desde las lejanas tierras de Sussex.