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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa patología de Cristina. En los últimos días vemos con asombro una ridícula controversia entre los mandatarios argentinos entrante y saliente.
Seguramente la Sra. Fernández se está aferrando a su condición de “dueña” del poder y no puede admitir que su protagonismo está decreciendo y pronto desaparecerá.
Esto la ha llevado a la pueril actitud de pretender “robar” el protagonismo a su sucesor hasta el último minuto, al extremo de victimizarse diciendo que “Mauricio me gritó”, “le di permiso al ministro de Tecnología para que continuara en la cartera”. Asimismo, ordena a sus fieles de “La Cámpora” que no incurran en actitudes violentas como una gran concesión a su sucesor y, finalmente, no irá al traspaso.
Esta controversia, al estilo del “bailando” de Tinelli, no hace más que evidenciar una grave patología en la mente de la futura ex mandataria.
Ya los romanos, desde el siglo II A.C., cuando aclamaban a sus generales que volvían victoriosos de sus campañas militares organizaban el “Triunfo Romano” donde todo el pueblo aclamaba al victorioso general pero, a sabiendas que la confusión que la gloria y el poder podía ocasionarle, disponían de un esclavo que sostenía los laureles sobre su cabeza, al tiempo que le repetía: “Respice post te, hominem te esse memento” (“Mira hacia atrás y recuerda que solo eres un hombre”).
Parecería que entre la pléyade de “aplaudidores” que la Sra. Fernández ha tenido durante su mandato, no hubo ninguno que tuviera el buen tino de recordarle su condición humana, por lo que su arrogancia estuvo evidenciándose siempre mediante la pornográfica exhibición de relojes, joyas, carteras, zapatos y vestidos de marca, de decenas de miles de dólares, pese a afirmar que a la izquierda de ella solo estaba “la pared” aludiendo a su ideología “popular”.
Seguramente su condición de nueva rica del poder hace que le resulte difícil metabolizar su alejamiento del trono. Como se sabe, el adicto al poder es una persona que tiene la imperiosa necesidad de demostrar que tiene dominio sobre los demás. Así, durante su mandato absolutista no realizó prácticamente consejo de ministros sino que simplemente “bajaba línea”. Se rodeó de personas arrogantes y prepotentes como Aníbal Fernández, Moreno, D’Elía, Capitanich. Todos con un perfil común y así como Cristina manifestaron su patología mediante la realización de comentarios que lastiman o denigran, interrumpen, no asumen errores ya que consideran que son los dueños de la verdad y se vanaglorian de sus acciones por funestas que sean.
Siempre “doblan la apuesta”.
Para Cristina, lo único malo de ser presidente es dejar de serlo.
De acuerdo a un estudio publicado por la revista “Journal of Experimental Social Psychology”, la gente con bajo estatus que ocupa puestos de mucho poder tiende a degradar a los demás, lo que les genera placer. Esto explica por qué el poder puede resultar adictivo y es el factor común entre Cristina y sus colaboradores cercanos. Según el psicólogo Manuel Nevado, miembro de Psicólogos sin Fronteras de Madrid, “el poder genera mucha adicción porque te crees omnipotente y omnipresente pero cada persona tiene su propia forma de expresarlo”. Hay dos rasgos de personalidad muy característicos que se asocian con esta ambición: la narcisista y la paranoide, entendida esta última como “o estás conmigo o contra mí”.
¡Pobre Sra. Fernández! De todos los amigos que le generó el poder cada vez le quedan menos. Ninguno tendrá la lealtad de decirle a su oído lo que el esclavo le decía a los victoriosos generales romanos…aunque bien le vendría.
Eduardo Zeballos
CI 1.344.096-0