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    El retorno de la especulación financiera

    Nº 2088 - 9 al 15 de Setiembre de 2020

    El 2020 ha sido un año de extremos. Por citar lo obvio, una pandemia que nadie tenía en el radar puso al mundo entero de cabeza con consecuencias que están todavía por verse. Una de ellas es una buena noticia para las materias primas agropecuarias y también un riesgo.

    Una de las causas que explicó los precios alocados de los granos por el 2005 fue la irrupción de los fondos especulativos en las materias primas agropecuarias. Cuando se dieron cuenta de que los ciclos de producción agrícola eran una oportunidad de negocios, no dudaron un instante en armar enormes posiciones, comprando contratos de futuros o inventando productos financieros para apostarle al mercado de la soja, el maíz y el trigo. Y les fue muy bien, tanto a ellos como a nosotros. Mucho del precio histórico de la soja en esos años se explica por la presencia de esos agentes especulativos, que sin saber demasiado del agro encontraron un camino para amasar enormes fortunas con variaciones de precios ridículas, muchas de las cuales no tenían sustento en un detenido análisis de oferta y demanda.

    La crisis financiera de 2008 provocó un descalabro, pero su solución les dio una nueva oportunidad: el exceso de liquidez y las bajas tasas de interés los motivó a una segunda ola de compras con idénticos resultados, solo que algo más corta en el tiempo. Mientras tanto, la producción avanzaba en productividad y en pocos años pasamos de una situación de cierta estrechez de la oferta a una cómoda holgura. El descalabro de los precios suele tener más que ver con los excesos de oferta que con los problemas de la demanda. Y la especulación, al ver que no había mucho que hacer cuando sobra todo, provocó la venta de enromes cantidades de contratos a futuro, hundiendo los precios para ruina de muchos agricultores en todo el mundo.

    La especulación gana al alza (compra barato y vende caro) y también a la baja (vende caro y compra barato). Eso sí: son como un elefante en un bazar. Exacerban los movimientos del mercado y cuando lo hacen al alza todos felices, pero cuando toca la bajada nos ponen a sufrir.

    La pandemia del Covid-19 nos lleva de nuevo al terreno del dinero gratis y bajas tasas de interés. Estamos creando las mismas condiciones que vimos antes para que la especulación haga su juego y nos ponga a bailar al son de su música. El gran problema es que son muy impredecibles en su forma de actuar, porque huelen una seca y salen a comprar a lo loco y, cuando parece que sobra, le sueltan la mano y venden todo lo que tienen. Su lógica es de muy corto plazo y son casi imposibles de predecir en cuanto a su conducta.

    Hoy en día vivimos precios de la soja, el trigo y el maíz relativamente buenos, en comparación con los últimos dos años. La soja en particular empieza a tomar color de la mano de una mayor demanda de China y algunos sustos productivos menores (especialmente en EE.UU.), que empujan los precios al alza. Los enormes stocks de soja que se acumularon en los últimos dos años empiezan a achicarse de forma considerable y eso abre la puerta a que el clima tenga un mayor efecto en la producción y, por ende, en los precios. Pero hay que tener en cuenta que la especulación tiene una lógica de ganancias rápidas, sin mirar mucho los fundamentos: un cambio en un pronóstico de clima nos puede mover el mercado de forma considerable, sin que eso tenga consecuencias reales en la producción. El asunto es cuando los fundamentos de oferta y demanda se divorcian de las tendencias de corto plazo. Uno sabe que ajusta hacia lo primero, pero no siempre sabe cuándo.

    Si algo han aprendido los agricultores uruguayos es a moverse más rápido cuando los precios dan oportunidad. Hoy tenemos esa oportunidad por una mezcla de cosas, dentro de las cuales está la especulación financiera. Si olfatean sangre con algún problema en el clima, pueden incluso hacernos ir más arriba, pero el dulce pica los dientes. Si a estos precios futuros la cuenta le cierra en soja, busque cómo asegurar el precio. El truco es asegurar un piso para vender (que no quiere decir que sea el precio final de venta). Hay incluso productores que fijan precio por la cebada del 2021 porque el número es muy bueno. De momento el capital ve riesgos en el clima y una demanda pujante. Es hora de seguirle la corriente.

    (*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Universidad ORT.

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