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    El rugido del ratón

    Los tiempos no han cambiado demasiado a nuestro controversial subcontinente sudamericano, en particular en lo que se refiere a algunos de sus protagonistas.

    Me refiero en particular ahora a Bolivia, de cuyo mandatario, el inefable Evo Morales, desconfiaron los gobiernos de varios países europeos, y cuando se volvía de Rusia en su avión presidencial, se creyeron que traía de polizón al buscadísimo Edward Snowden.

    Si ustedes no conocían la anécdota que contaré a continuación, partan de la base de que esta columna se llama “no es broma”, y que el relato que sigue es estrictamente una verdad histórica.

    Bolivia ha tenido muchos, pero muchos mandatarios. Algunos democráticos, otros casi, algunos medio dictadores, otros muy dictadores, en fin, para elegir. Tanto es así que allá por mediados del siglo XX a Bolivia le decían “el país long play”, porque tenía 33 revoluciones por minuto. Pero qué van a entender esto los nativos digitales de hoy…

    La anécdota histórica es de un siglo antes. A mediados del siglo XIX Bolivia tenía un dictador de bolsillo capaz de cualquier cosa: el general Mariano Melgarejo. Quien quiera averiguar más de este personaje inefable, bruto y analfabeto, que llegó a la presidencia por un golpe de Estado y murió asesinado en el exilio, que lo “googlee”. No encontrará en su biografía esta anécdota muy divertida, que es pura verdad. Melgarejo invitó una vez a una de sus frecuentes orgías con muchachas de casco ligero al embajador inglés, quien se negó cortésmente a asistir a la festichola. Melgarejo, despechado por el desprecio, mandó atar al inglés en un burro, montado mirando hacia la cola, y le hizo dar tres veces la vuelta a la Plaza Mayor de La Paz.

    Cuando el embajador viajó a Londres, le contó lo ocurrido a la reina Victoria, quien en primer término ordenó que la flota de Su Majestad bombardeara la capital boliviana. Cuando le explicaron que eso era imposible, y le mostraron en un mapamundi dónde estaba Bolivia, la reina mandó que se borrara a ese maldito país del mapa. Existen todavía algunos ejemplares de aquellos tiempos, en los que Bolivia no figura en el mapa.

    Ahora los ofendidos somos nosotros, y, lejos de mandar borrar a España, Portugal, Francia e Italia del mapa (y por qué no a Austria, donde le revisaron el avión del Evo hasta el freezer y el inodoro, para ver si no tenía al gringo prófugo escondido), lo que vamos a hacer es actuar como lo que ordenó la reina Victoria en su primera reacción.

    Vamos a la guerra.

    Estamos en condiciones de informar a nuestros lectores que tropas de la Unasur se aprestan a invadir el continente europeo, para vengar el honor herido del presidente Evo Morales, candidato entre otras cosas al Premio Nóbel de Medicina, tras haber descubierto que la ingesta de pollos transgénicos produce homosexualidad.

    Don Evo ha confiado al Gral. Chueko Kechambón el reclutamiento de una fuerza de élite que se infiltrará en el territorio europeo para preparar el desembarco de los aliados de la Unasur. Participan en esta fuerza invasora tropas venezolanas, argentinas, bolivianas y ecuatorianas, todas unidas por el sagrado propósito de desagraviar al presidente sospechado de contrabandista de personas por los esbirros amanuenses del capitalismo yanqui.

    El Gral. Kechambón ha tenido algunas dificultades en la selección de esta fuerza especial de inteligencia que se adelantará en secreto para generar las condiciones óptimas para el desembarco de los invasores aliados. En efecto, los oficiales seleccionados para tal fin, escogidos entre las etnias aymaras y quechuas, pero no exclusivamente, ya que también figuran kallawayas, chipayas, cambas y araonas, se levantaron en huelga ni bien se les trasladó al cuartel secreto en el que habrían de ser entrenados para su delicada misión. Los selectos militares reclaman que, junto a sus uniformes blindados y sus armamentos de última generación, así como el instrumental cibernético de conexión satelital y visión nocturna, se les entregue a cada uno una estatuilla del dios colla Kechumbambaya, un espíritu muy milagroso que ellos afirman que los ayudará en su arriesgada y delicada misión.

    Por su parte el coronel argentino Braulio Soyde Lacrís ha solicitado apoyo al comando superior de la Unasur, ya que, según dice en un informe reservado al que tuvimos acceso, buena parte de la oficialidad que participará en el operativo “Masacre a Europa” ha solicitado que, antes de partir, se les adelante una prima por presentismo de 25% de su salario actual, así como una licencia de 20 días tras 40 días de trabajo, requiriéndose para este fin que se declare el operativo “de interés kirchnerista”, con lo cual automáticamente quedan comprendidos en este beneficio especial. No podemos informar aquí cómo fue que conseguimos una copia del informe reservado, porque pondríamos en peligro al oficial que nos la ofreció a un  precio bastante razonable para lo que se está pagando por los secretos en estos días.

    Los soldados venezolanos que integrarán los batallones invasores están por su parte un poco demorados, ya que es conocida la inclinación a la ingesta de bebidas alcohólicas que cunde entre sus filas. Cuando la Brigada “El Pajarito del Hugo”, integrada por 5.000 hombres, se enteró de que era la elegida para formar parte de esta aventura, se organizó una fiesta que duró tres días, y todavía les dura la resaca a los soldados (o el guayabo, que es más caribeño, mira).

    Por su parte los súbditos militares de don Rafael Correa, que participarán de la invasión en representación de Ecuador, también han demorado su incorporación a las fuerzas aliadas, ya que se encuentran negociando con sus superiores la posibilidad de llevar, junto con su armamento, ponchos y mantas indígenas para vender en los momentos de descanso que les serán concedidos en función de la nueva ley regulatoria de la guerra y la paz, recientemente aprobada por decreto por el primerísimo mandatario ecuatoriano.

    En fin, qué quieren que les diga… No le auguro a esta invasión la misma suerte que a la de Normandía…