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    El sistema arrocero necesita una mayor investigación para mejorar rendimientos

    Un reciente estudio del Instituto Nacional de Investigación (INIA) concluyó que para aumentar el rendimiento en la producción de arroz y hacer frente a los costos de producción, es imprescindible incrementar la inversión en investigación que lleva a cabo el organismo. Una de las soluciones, advierten desde el INIA, es que los productores aumenten el dinero que destinan a la institución para desarrollar nuevas tecnologías. Sin embargo, los empresarios del sector todavía no han evaluado esta propuesta y algunos señalan que por los “altos costos” es difícil seguir este camino.

    El INIA, centro de investigación que se rige por el Derecho Público no estatal, tiene como propósito “generar y adaptar conocimientos y tecnologías para contribuir al desarrollo sostenible del sector agropecuario y del país, teniendo en cuenta las políticas de Estado, la inclusión social y las demandas de los mercados y de los consumidores”, según define su página web. 

    Al mismo tiempo, el INIA se propone “ser una organización reconocida, a nivel nacional y regional, por la excelencia de sus logros científico-técnicos (...) desempeñando un papel relevante en los procesos de innovación, propendiendo a la articulación con los demás actores del sistema de ciencia, tecnología e innovación y comprometida con la calidad de su capital humano y de sus procesos y productos”.

    El INIA tiene un presupuesto que se basa en un adicional del 4x1.000 de lo recaudado por el Impuesto a la Enajenación de Bienes Agropecuarios (Imeba). En 2013, por este concepto, llegaron al INIA U$S 20.600.000.

     A su vez, la ley que pauta su financiamiento (16.065) establece que el Poder Ejecutivo deberá asignarle un monto equivalente o superior a lo recaudado por ese 4x1.000, por lo que el año pasado el Estado le otorgó aproximadamente otros U$S 21.685.000. Los fondos que el instituto obtiene por los servicios que presta también forman parte de su financiamiento y el año anterior sumaron U$S 7.600.000.

    En total, el presupuesto del INIA en 2013 fue de U$S 49.885.000, según indica un documento del organismo. 

    Este año, con números parecidos a los de la zafra anterior (ver recuadro), el INIA dispondrá de un fondo similar por parte de los arroceros, que se sumará al dinero que el Estado cede a la institución.

    Sin embargo, si el sector quiere seguir incrementando su ya alto rendimiento en la producción de este cereal —con un promedio de 8.000 kilos por hectárea— deberá aumentar el presupuesto en investigación. Al menos, esa es la conclusión de una reciente auditoría del INIA realizada por el especialista Achim Dobermann, quien fue contratado por la institución para realizar un estudio detallado de la situación del sector arrocero uruguayo en general y del INIA en particular.

    El documento elaborado por este investigador, que es uno de los más reconocidos del mundo, ya fue enviado a la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) y a la Gremial de Molinos Arroceros.

    Los directivos de estas asociaciones empresariales consideraron los resultados del informe como de “gran interés”, pero todavía no han concretado una reunión para evaluar sus resultados, informaron a Campo responsables de ambas gremiales. “Todavía no puedo decir nada; no lo hemos casi leído porque recién terminamos la cosecha”, explicó el presidente de ACA, Ernesto Stirling, quien, de todas maneras, consideró que el informe es “muy importante”.

    El documento preparado por el especialista incluyó un análisis comparativo de cuánto se está invirtiendo en investigación en arroz en relación con otros países. De acuerdo con los datos del INIA, y en función de los valores de la producción arrocera en Uruguay, el experto concluyó que el porcentaje de inversión en investigación es la mitad del que existe en los países desarrollados, informó a Campo el director del Programa Nacional de Arroz del INIA, Gonzalo Zorrilla.

    Según Zorrilla, el documento elaborado por Dobermann indicó que para seguir mejorando el rendimiento, se deberá aumentar la inversión en investigación y desarrollo. “Ahora, nuestro problema es ver cómo lo hacemos”, reconoció, y añadió que, en ese sentido, probablemente se necesite más apoyo económico por parte del sistema privado.

    “Realmente, si queremos pasar de 8.000 a 10.000 kilos promedio en los próximos 10 años para ser competitivos, ya no es simplemente ajustar una manera de fertilización o algún aspecto de manejo en concreto. Hay que aplicar una estrategia general que implica ajustar el mejoramiento genético, la información y toda la nueva tecnología de agricultura digital”, explicó. Aseguró que esa es la única manera “para realmente estar con todas las capacidades de afinar los procesos productivos”.

    “Objetivo realista”

    El investigador alemán visitó Uruguay en abril y recorrió distintas zonas arroceras del país, además de pasar varias jornadas realizando estudios en los laboratorios del INIA en Treinta y Tres. 

    El trabajo que elaboró contiene un análisis profundo sobre la situación arrocera y plantea definir una estrategia para alcanzar objetivos en un plazo de entre 10 y 15 años, y no para resolver los problemas inmediatos.

    En una entrevista realizada por Campo el jueves 10 de abril, Dobermann aseguró que en la próxima década Uruguay tiene el potencial para alcanzar un rendimiento promedio de 10.000 kilos por hectárea. Es un “objetivo realista” y representaría un “logro inmenso”, dijo.

    Pese  a las observaciones sobre los aspectos a mejorar, Dobermann posicionó conceptualmente a Uruguay como uno de los países más eficientes a escala mundial en materia de producción de arroz. Esta valoración fue hecha a partir de indicadores de productividad y de eficiencia de indicadores medioambientales los cuales calificó como excelentes.

    Aun así, estos elementos no están siendo suficientes para que el sector sea sostenible económicamente, valoró Zorrilla. E insistió: “El desafío ahora es dar un salto cualitativo, que es mucho más difícil de dar que en otras situaciones en que el sector es menos desarrollado, por lo que los saltos hacia adelante requieren otra sofisticación”.

    “Escasos recursos”

    Distintos empresarios del sector consultados por Campo valoraron positivamente el trabajo de investigación desarrollado por el INIA y consideraron que el dinero invertido en la institución genera un buen retorno.

    Para el presidente de la Gremial de Molinos Arroceros, Adolfo Crosa, la única solución para combatir  los altos costos de producción está en la mejora tecnológica.  

    “Siempre estamos abiertos a buscar soluciones (...) pero todavía no ha habido una decisión formal” para aumentar el presupuesto que los privados otorgan al INIA, dijo Crosa en diálogo con Campo

    Además, el empresario aclaró que las inversiones en investigación por parte de los privados que tienen lugar en otros países más avanzados están a cargo de empresas que no existen en Uruguay. 

    “Son empresas privadas que se dedican a investigar y venden tecnología. Esas son empresas que están sacando semillas continuamente, pero no es el caso nuestro, en que tenemos un rol de coparticipación en todo lo que hace el INIA”, argumentó el representante empresarial.

    Por su parte, el gerente de la empresa Casarone SA, Daniel Gonnet, dijo que si bien van a estudiar el documento, eso no quiere decir que sigan todas las recomendaciones que incluya. 

    “No estamos ni cerca de tomar decisiones sobre las sugerencias del documento (...) y tenemos que evaluar cuáles son nuestras posibilidades. Hoy tenemos un problema en el corto plazo y hay que resolver cómo seguimos adelante en una situación donde la ecuación económica del productor es muy ajustada”, indicó,

    “Siempre se quiere ir a más; la cuestión está en decidir dónde uno direcciona los escasos recursos que tiene para tener los máximos retornos posibles”, apuntó.

    Una cosecha similar a la del año pasado

    Terminó la cosecha de arroz con un rendimiento de 8.000 kilos por hectárea, un promedio similar al del año pasado. 

    Para el presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA), Ernesto Stirling, las chacras tenían potencial para alcanzar un mejor resultado. “El clima en diciembre fue bueno, y en parte de enero también, pero en febrero fue horrible y eso no permitió tener un mejor desempeño”, explicó el empresario. 

    Luego de las lluvias registradas en los primeros meses del año, los productores estimaron que las consecuencias iban a ser peores y que el impacto en el rendimiento iba a ser mayor.

    A su vez, informó Stirling, la calidad del producto tampoco fue afectada significativamente. “Buen porcentaje del grano quedó blanco por la falta de luminosidad y ese es un castigo para el productor, mientras que en otras zonas se mancharon, pero en general la cosecha fue de buena calidad”, valoró el empresario.

    El gerente general del molino arrocero Casarone, Daniel Gonnet, dijo que hubo mucha irregularidad en la cosecha. “Existen zonas en las que el rendimiento ha sido más bajo, como Cerro Largo y Tacuarembó”, y otras donde “la cosecha ha sido muy buena, como Treinta y Tres, Lavalleja y Artigas”, precisó el empresario. 

    “El desafío ahora está en ver el área que podemos hacer el año que viene. Tenemos una necesidad de rendimientos muy altos para cubrir los costos”, concluyó. 

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