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Lo están haciendo otra vez. Películas que colocan frente al espectador una Temática Social Relevante (TSR) o un Tema Importante (TI). Que, además, se inspiran en hechos reales. Migas de pan es la última representante de ese subgénero. Una película que legitima su existencia por abordar una TSR, un TI, que se proyecta en las salas con certificación extra, un valor agregado que excede lo cinematográfico.
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Liliana Pereira (Cecilia Roth), una fotógrafa que vive en Galicia, recibe la noticia de que ha sido abuela. Decide viajar a Montevideo, de donde se exilió. Vuelven a su mente los recuerdos de la época en la que, en su juventud (interpretación a cargo de Justina Bustos), siendo universitaria y madre de un niño pequeño, participaba activamente en la lucha contra la dictadura y fue secuestrada, torturada y abusada, antes de terminar recluida en un centro de detención.
Los años del terrorismo de Estado no dejan de ser un asunto difícil y delicado, casi tabú, que la ficción uruguaya, a diferencia de la producción documental, apenas se atrevió a examinar.
Este título aborda por primera vez en el cine que se produce en Uruguay las torturas y la violencia sexual a las que fueron sometidas mujeres uruguayas secuestradas y encarceladas en aquellos años. Entonces parece que el coraje de presentar, de manera cruda, algunas de las atrocidades perpetradas durante la dictadura cívico-militar, alcanza y sobra, lo justifica todo. Justifica, para empezar, los rudimentarios estereotipos unidimensionales (de todos, especialmente de los militares) que desfilan por la pantalla. Justifica que, por basarse en hechos reales, no haya una construcción mínima de personajes, lo que, entre otros detalles, determina que acciones o situaciones no se generen ni progresen, sino que emerjan y listo. Que algunos diálogos parezcan escritos antes que pronunciados. Que, en muchas escenas, la cámara esté colocada en cualquier lado, como al voleo, total, no importa el valor de un plano, lo que importa es el TI. Que justifica que las argentinas Roth y Bustos deambulen por ahí como si estuvieran en la película equivocada. Ambas son excelentes, hacen lo que pueden. Y Bustos, la verdad, se nota que lo deja todo. Hay secuencias intensas, algunas pueden ser chocantes, otras que condensan ternura, como cuando las presas realizan un miniespectáculo de sombras chinas. Son las que están mejor logradas en el contexto de una película que se ubica más cerca de un testimonial para televisión que de una construcción cinematográfica.
Migas de pan. España-Uruguay, 2016. Dirección: Manane Rodríguez. Guion: Manane Rodríguez y Xavier Bermúdez. Duración: 109 minutos.