N° 1801 - 29 de Enero al 04 de Febrero de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCortando grueso, podemos decir que las personas tenemos dos visiones acerca del trabajo: o lo vemos como un yugo, una carga difícil y tediosa de llevar, o lo vemos como una actividad fecunda y provechosa, un camino hacia la realización personal.
Dependiendo de la creencia que escojamos como válida (es una libre elección), esta va a influir en nuestra conducta y en nuestras actitudes hacia la vida. Los resentidos, los fracasados o los temerosos ven el trabajo como una condena. Los optimistas, los valientes y los que se quieren a sí mismos lo ven como una bendición.
Pero esta visión “filosófica” sobre el trabajo (que es de resorte e incumbencia estrictamente personal) pasa a ser de interés público cuando los gobernantes escogen una u otra para tomar decisiones que nos afectan a todos.
Comencemos por analizar las creencias del presidente Mujica sobre el trabajo. Tiene como ideal de convivencia a la tribu africana de los bosquimanos (hombres del bosque) también llamados “basarva” (pueblo que no tiene nada) o “san” (vagabundos). Se caracterizan por trabajar dos horas al día para cubrir sus necesidades básicas y el resto del tiempo lo dedican al dolce far niente. A estos tipos en mi barrio les dirían “atorrantes”, característica que nuestro presidente también considera poseemos los uruguayos.
Sigamos con la nuevamente designada ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi (Partido Comunista), quien entiende que a los beneficiados con los subsidios que otorga el Mides “no hay que exigirles contraprestaciones”. Es decir: ni trabajo a cambio, ni estudios, ni nada. Pedirles algo sería “culpabilizarlos” por su condición de “pobres”, de la cual, y por este camino, dudo que algún día puedan salir.
A pesar de todas las tentaciones que ofrecen nuestros gobernantes para vivir de arriba y con poco esfuerzo, siempre hay alguien que se rebela y rescata lo más digno del ser humano: su anhelo permanente de superación. Es lo que hizo la joven salteña Eliana Lima (30 años y madre de dos hijos), quien devolvió por voluntad propia su tarjeta de Uruguay Social al ministro Daniel Olesker, alegando que “cuando me la dieron dije que iba a ser temporal y que no iba a sentarme a tomar mate mientras cobraba”. Olesker declaró que “había quedado asombrado”, porque “nunca le había pasado” algo similar.
También dijo Olesker que el trabajo puede “alienar”, que significa: “Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición”.
Como ejemplo de esta “alienación”, Mujica nos suele recordar que cada vez que compramos algo en la tienda tuvimos que dejar horas de vida en el trabajo (como sinónimo de “sufrimiento”) para luego canjearlas por un minuto de placer. Pero lo que no nos dice es que para pagar los altísimos impuestos que nos cobra este Estado ineficiente o la carísima energía monopólica o la aún más costosa gasolina, también tuvimos que dejar muchas “horas de vida”, con la desgracia de que no terminan en nuestro beneficio, sino despilfarradas en oscuras oficinas públicas.
Como ven el trabajo como un lugar de “explotación”, Olesker cree que “el trabajo es una forma de ganarse la vida, pero al mismo tiempo tenemos un 80% de la gente en Uruguay, capaz que estoy exagerando, que trabaja en cosas que no le gustan”. Y si esto es así, en gran parte es por culpa de la excesiva rigidez laboral que su mismo gobierno propugna.
Debemos entender que cada individuo debe ser su propio salvador, el constructor de su propio destino, recibiendo apoyos circunstanciales, sí, pero no dependiendo de otros y menos aun del Estado.
Y a lo largo de miles de años de historia, el único sistema que ha logrado acercarse a este ideal ha sido el sistema capitalista, basado en la libertad individual como base genuina para el desarrollo de la personalidad humana.