Con una demanda mundial débil y oferta sostenida, los precios de varios productos agrícolas bajaron en los meses recientes. El efecto empieza a hacerse evidente en el campo uruguayo.
Por la evolución de los precios, en 2011 y 2012 el sector se benefició de un “viento de cola”, en 2013 recibió “viento neutro” y este año enfrenta un “viento de frente”, graficó el empresario agropecuario Alberto Gramont.
El presidente de la Cooperativa Agraria Nacional (Copagran), Matías Mailhos, usó la misma imagen: “El viento de cola de los precios de los commodities ha dejado de soplar, lo que torna más relevante la presencia del Estado apuntalando anticíclicamente al sector para que no disminuya su ritmo de crecimiento”.
El gobierno debe “brindar certezas y seguridades, y no cambiar las reglas de juego, especialmente en materia tributaria y en el ordenamiento territorial”, reclamó el directivo de la Sociedad de Productores Forestales, Álvaro Molinari. Consideró que los temas de “seguridad, educación e infraestructura son fundamentales, ya que están frenando el desarrollo” del país.
¿Más carne y menos
granos?
Para Mailhos, el aumento de la producción agrícola y de madera no implicó hasta ahora que bajara la de carne. “Por el contrario, la productividad ganadera creció, al igual que la lechería”, dijo.
De cara al futuro ese empresario opinó que “la diferencia relativa de dichos sectores estará dada por los estímulos que reciban los productores desde el mercado, específicamente en cuanto a los precios de los productos, los costos, las regulaciones internas que hubieren o aparecieran”.
“No serán los precios de una zafra los que harán variar la actividad relativa de los diferentes rubros, al menos en forma importante”, apuntó. Explicó que en los campos que sí pasaron a tener un uso agrícola “se levantaron los alambrados y esas zonas de alguna manera perdieron la cultura ganadera, lo que hace que no sea tan rápido o fácil volver” a la pecuaria. En lechería “es aún más complejo (…) volver a la actividad”, evaluó.
Respecto al cambio de rubros, Gramont, agricultor de la zona de Young, declaró: “Si los frigoríficos hicieran un buen trabajo y pagaran mejor por el ganado, no como ahora que ganan más de U$S 300 por animal faenado, me pasaba a la producción de carne”.
“De lo que produce Uruguay la carne es lo único que vale; la lechería y los granos andan mal”, afirmó.
El año pasado la soja valía U$S 510 la tonelada y ahora cerca U$S 370 en el mercado de Chicago.
“La ganadería del futuro de Uruguay se juega el partido en la capacidad de construir sinergias con agricultura, el aumento del precio internacional de la carne y la reducción del valor de los granos abre posibilidades para una intensificación de la suplementación estratégica de la recría o de la terminación en suplementación sobre pasturas o directamente en el encierre a corral, dijo el ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, en recientes declaraciones a periodistas.
Consideró que el crecimiento a largo plazo de la pecuaria local “se juega también en un mejor aprovechamiento de las pasturas naturales, que seguirán ocupando 60% del territorio agropecuario, y eso tiene que ver con el manejo, lo que está relacionado al empotreramiento y enfocado en el uso del agua”.
“Con un stock ganadero de 4,3 millones de vacas se puede alcanzar una faena de 2,7 a 2,9 millones de cabezas, lo que significaría pasar de 370.000 a 400.000 toneladas de carne exportada a tener 570.000 toneladas a 600.000 toneladas anuales”, proyectó. Destacó que eso implica “generar U$S 1.000 millones más en ingresos por exportaciones de carne” bovina.
Con relación al tema, el técnico y ex director de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa), Martín Buxedas, valoró que la carne vacuna es “la principal cadena productiva, considerando el monto de las exportaciones y la creciente demanda internacional”.
“Por sus características no deben esperarse crecimientos quinquenales superiores a 4% (de la ganadería), aun cuando todo funcione bien”, estimó.
Comparó esa situación con la del sector agrícola. El crecimiento de la producción de granos “se cortó y aún puede reducirse si se mantienen precios bajos y los arrendamientos se resisten a bajar”, alegó el experto. Ese es, “por lejos”, el principal componente de los costos, observó.
Con este panorama, varios de los consultados coincidieron que en el corto plazo debe esperarse cierto aumento de la participación pecuaria en el Producto Bruto Interno del agro.
Agricultura
En menos de una década, el incremento de la producción agropecuaria de Uruguay significó que el país pudiera pasar a alimentar de nueve millones de personas en el mundo a 28 millones. Pero esa cantidad todavía está por debajo de las posibilidades, ya que el país tiene el potencial productivo para satisfacer las necesidades de 40 millones. Ese fue el mensaje reiterado en los últimos años por el ministro de Ganadería para expresar las perspectivas de crecimiento que existen para este sector de la economía.
Uruguay, junto a otro grupo de países, recibió recientemente el reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura por su contribución a la lucha contra el hambre.
El sector agrícola nacional viene de experimentar profundas transformaciones. Una de las más evidente es la diversidad de los cultivos que se plantan, donde la soja tomó fuerte predominancia. El tipo de empresas que se dedican a esta actividad, la mejora tecnológica, el aumento de la productividad por hectárea y una mayor inserción en los mercados internacionales, son otros de los aspectos que conforman los cambios.
Al igual que en el resto de la actividades del campo el futuro de la agricultura estará fuertemente sujeto al comportamiento de los mercados y a las condiciones climáticas. El precio del dólar y del petróleo —que influye en los costos— también condicionará su desempeño. Pero al margen de estas variables, existe un horizonte de demanda sostenida de materias primas, en especial desde China y otros países asiáticos, dijo a Búsqueda el técnico de Opypa Gonzalo Souto.
El contexto que espera a la agricultura posiblemente sea “peor” que el de la última década, pero, siempre y cuando se den las condiciones de negocios necesarias, hay potencial para seguir creciendo, opinó.
La combinación de distintas actividades agropecuarias en un mismo predio se presenta como una tendencia en los campos uruguayos. “Seguramente el futuro mostrará nuevas caras de esa interacción” entre, por ejemplo, la ganadería y la agricultura, afirmó Souto.
Una opinión similar expresó el director de la empresa Kilafen, Gordon Storey, para quien en el futuro la integración de las distintas actividades agropecuarias será la clave del sector. En este marco, previó una caída del área dedicada a cultivar maíz y trigo, un aumento de la presencia del sorgo, y la continuidad de la soja como “caballo de batalla” y como la fuente de ingresos para “pagar las cuentas”.
Para ese empresario, si bien actualmente la agricultura dejó de ser tan atractiva debido a una caída en los precios de los granos, la situación es meramente “coyuntural”. En este sentido, aseguró que habrá un quinquenio de “interesante crecimiento”, caracterizado por la dedicación a la agricultura forrajera y al mejoramiento genético.
Sector forestal.
Con el foco de integrar las actividades vinculadas al campo, la intención del gobierno es generar sinergia entre la forestación y la ganadería. Por eso busca evitar la concentración de los bosques, de modo que las plantaciones se distribuyan por todo el país. La sombra que proveen los árboles repercute favorablemente en el crecimiento de los animales, lo que significa un aumento en la cantidad de carne que producen. Una de las modalidades de trabajo propuestas por el gobierno es que los ganaderos dueños del campo arrienden parte de su predio a quienes quieran dedicarse a la forestación, dijo a Búsqueda el titular de la Dirección Forestal, Pedro Soust.
Hacia el futuro, el objetivo de esa dependencia del Ministerio de Ganadería es la de incentivar la creación de industrias locales que aprovechen las partes del árbol que hoy son descartadas. Es posible desarrollar el uso energético de la biomasa forestal o la fabricación de cosméticos, por ejemplo. De una hectárea de pino se pueden obtener ganancias de U$S 70.000 en productos para la piel, aseguró Soust. “Se está pidiendo a gritos la promoción de industrialización de mayor intensidad de los productos de los árboles”, destacó
Hace unas semanas, el jerarca viajó a Corea y recibió expresiones de interés de empresarios de ese país en invertir en emprendimientos industriales vinculados al sector forestal en Uruguay. “Su propósito no es precisamente la celulosa”, dijo, y agregó que las empresas que se dedican a la producción de ese producto en Uruguay —Montes del Plata y UPM—“ya están bien atendidas”.
En agosto de este año el presidente José Mujica viajó a Finlandia para buscar interesados en construir otra fábrica de pasta de celulosa en Uruguay.
“Una tercera planta de celulosa requeriría plantar mayor área para garantizar el suministro interno de materia prima, o bien adquirirla en la region”, evaluaron Humberto Tommasino y Waldemar Annunziatto en un artículo publicado en el anuario de la Opypa de 2014.
Soust opinó que, aunque no se concrete ese proyecto, es posible que el sector siga creciendo.
En materia legislativa, estimó que durante el próximo gobierno habrá “algún retoque” que incentive la inversión en silvicultura. Habló de exoneraciones y de renuncias fiscales, pero dijo que el alcance de las medidas se deberá precisar en una discusión con el Ministerio de Economía, que estará a cargo de Danilo Astori.