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Todo comenzó en un encuentro organizado por la Intendencia de Montevideo en diciembre de 2018. Allí asistieron varias mujeres que tocan el instrumento y que estaban entre el público. En ese momento se les ocurrió formar un grupo. Entonces empezaron a ensayar unas, después otras, hasta que se formó el cuarteto Bandoneonas.
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El sábado 22 al mediodía ofrecieron un pequeño concierto en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). Fue el cierre para una conferencia que brindó Ramón González sobre la historia y las incógnitas de este instrumento que nació en Alemania y llegó al Río de la Plata en las manos de inmigrantes europeos. Con acierto, González tituló su conferencia El bandoneón y sus misterios.
Bandoneonas es un grupo heterogéneo en cuanto a edades, formación y experiencias. Abril Farolini es de Florida. Ahora tiene 18 años, pero empezó a estudiar el bandoneón a los 11 en un curso introductorio en sus pagos. Después ganó una beca para estudiar en la Orquesta Escuela Destaoriya, de la Fundación Cienarte, en Montevideo. Ahora pasó a integrar la orquesta Bien de Abajo, que dirige Néstor Vaz, y también estudia con el bandoneonista Sergio Astengo. Además toca con un amigo guitarrista en un club de abuelos de 25 de Mayo, en el interior de Florida. “El dúo guitarra-bandoneón siempre queda bien, y el público se emociona”, le cuenta a Búsqueda.
Para Sandra González, que también tiene 18 años, su relación con el bandoneón comenzó con una apuesta que tocó su orgullo. En Tacuarembó fue primero cantante de tango junto a su padre bandoneonista. “A los 14 años me empezó a gustar el bandoneón, pero mi padre quería que el hijo varón siguiera sus pasos, y muchas personas me decían que no podía tocarlo. Un día mi hermano se iba a presentar a un espectáculo y le dije que lo acompañaba. Me aprendí una polca en un solo día. El espectáculo fue espantoso, todos nos equivocamos y pasé mucha vergüenza. Para salvar la situación canté un tango a capela”, recuerda.
A partir de esa experiencia, quiso aprender a tocarlo a pesar de que quienes la rodeaban le decían que nunca podría hacerlo. Pero pudo, y ahora toca con su padre, su único maestro, en los bailes de Tacuarembó. “No sé si decir que hacemos música ‘polqueada’ porque es tango, pero de ese bien marcado”. Su padre fue dejando atrás los prejuicios y ahora está feliz con su hija bandoneonista. “Mi hermano no tocó más, salió mecánico”, dice Sandra.
Una de las integrantes montevideanas es Verónica Rumbo. Tiene 29 años, es guitarrista y estudia el bandoneón desde hace siete años. En el encuentro del MNAV, fue la encargada de enseñar el complicado mecanismo de este instrumento que tiene 71 botones distribuidos a los costados. Las botoneras para cada mano tienen una distribución “desordenada” porque no siguen la escala tradicional de notas que tienen otros instrumentos. Cuando se abre el fuelle, cada botón que se oprime genera un tono, y cuando se cierra genera otro, lo que implica aprenderse cuatro teclados y todo un arte de la coordinación.
Después de estudiar en talleres de la Fundación Cienarte, Verónica ingresó a la Escuela de Música Vicente Ascone de la Intendencia de Montevideo, que recién en 2015, cuando ganó un concurso Martín Pugin, comenzó a tener una cátedra de bandoneón asociada al tango. “La escuela tenía una lógica de conservatorio, pero eso fue cambiando y ahora hay un público diverso, se sacó el límite de edad y entraron quienes ya saben de música y otros que recién están aprendiendo. Ahora hay cerca de 40 estudiantes que pueden tener 80 años o ser adolescentes”, explica.
La más nueva con el bandoneón es Alejandra Genta, aunque es música desde los siete años. Primero estudió piano y después saxofón, el instrumento con el que tiene mayor trayectoria y del que vive profesionalmente. Ahora tiene 44 años, integra la Banda Sinfónica y la Banda de UTU. “Vengo de un hogar muy tanguero y el amor al tango me llevó al bandoneón. Me compré uno hace como diez años, pero recién hace dos años y medio que lo estoy aprendiendo con Néstor Vaz”.
Para Alejandra, que toca tangos de Astor Piazzolla también con el saxofón, empezar después de los 40 años a estudiar el bandoneón es una dificultad extra. “Para mí es difícil y complejo, pero abordable. Es una exigencia que tengo y me encanta”.
Sus compañeras entienden que es un instrumento desafiante, sobre todo para tocar bien el tango, aunque aclaran que todos los instrumentos tienen su dificultad. En el bandoneón, además de la complejidad de las botoneras, hay que adoptar una postura corporal que implica desde el movimiento de la pierna, hasta no apoyar el talón.
Las integrantes más jóvenes de Bandoneonas se sorprendieron al descubrir tantas mujeres que tocan el instrumento. Abril lo sintió con mayor fuerza porque en Florida es la única bandoneonista. “No conozco a nadie que esté viviendo allá y toque el bandoneón, ni joven ni mayor”, dice. Por su lado, Sandra nunca pensó que hubiera otras mujeres vinculadas al bandoneón. “Cuando estaba estudiando y tocaba en los bailes de Tacuarembó, la gente me decía ‘sos la única en Uruguay’, y para mí era obvio. Cuando me enteré de que había más y me contaron de este proyecto, no lo podía creer”.
Alejandra ha rastreado a varias mujeres bandoneonistas. Una de ellas es Teresita Godoy, que vive en Paysandú. “Debe de tener unos 50 años. La convocamos para que se integrara con nosotras, pero le salió una gira por Colombia y se fue. Sé que hay otra señora en Maldonado. Si hiciéramos un trabajo de investigación nos podríamos llegar a sorprender”.
Piazzolla es el nombre clave para casi todas las integrantes de Bandoneonas, la puerta de entrada para el tango. “Cuando era chica mi abuela escuchaba siempre Radio Clarín y a mí no me gustaba. Pero cuando aprendía guitarra clásica, mi profesor me empezó a pasar arreglos de Agustín Carlevaro y de Piazzolla, y ahí empecé a tocar tango en la guitarra y a escuchar a otros músicos y orquestas. Entonces descubrí a Pugliese”, dice Verónica. Para Alejandra, el proceso comenzó con Troilo porque su padre es de los tangueros “anti-Piazzolla”, pero ella quedó deslumbrada cuando lo descubrió y ahora es parte de sus “amores” musicales.
Bandoneonas tiene por ahora un repertorio limitado porque es difícil conseguir arreglos para cuartetos. Han trabajado con arreglos de Edison Bordón. En este momento están por estudiar uno de Luis Di Matteo, que compuso un tema original para ellas, quienes lo recibieron como un honor. “Hubo una muy buena bandoneonista argentina, Paquita Bernardo, que nació en 1900 y murió en 1925 de tuberculosis y llegó a tocar en Uruguay. No dejó una sola grabación, pero compuso temas que estamos tratando de conseguir. El más conocido es Soñando, que cantó Gardel, pero sabemos que hay otros”, cuenta Alejandra.
Ellas tocan con bandoneones AA, Ela o Alfa, las marcas originales, costosas y difíciles de conseguir. Pertenecieron a otros bandoneonistas que posiblemente nunca pensaron que un día serían manos de mujer las que harían llorar el tango.