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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Dr. Carlos Suzacq permanece detenido en espera de juicio, por eventos acaecidos en el Batallón 6, donde se desempeñaba como practicante de medicina durante la dictadura militar, en 1974. Fue extraditado desde España hace varios meses, adonde había emigrado poco después de recibirse en 1976, para huir. Pero no para huir de supuestas o eventuales persecuciones judiciales o venganzas personales, sino para escapar del oscuro panorama que se cernía sobre muchos de nosotros, jóvenes con ideales de paz y progreso, que intuíamos se verían sepultados por las decadentes cenizas de un largo y sangriento enfrentamiento entre compatriotas, una lucha sin sentido alimentada por ideas profundamente equivocadas, a diestra y siniestra.
Conozco muy bien a Carlos desde la adolescencia y sé que nunca estuvo afiliado a partido o agrupación política de especie alguna. Los debates ideológicos no eran foco principal de su interés; era un estudiante concentrado, dedicado y responsable, que disfrutaba de cumplir con sus obligaciones académicas y de las triviales diversiones de fin de semana. Si hubiera sido realmente afín al gobierno de facto y su metodología, bien podría haberse beneficiado de sus favores y privilegios durante un proceso que recién comenzaba; por el contrario, decidió tomar distancia y abrazar un destino incierto, que logró moldear exitosamente con esfuerzo, acompañado por su esposa. Las acusaciones en su contra son, por decir lo menos, indignantes. No existe ningún testimonio real o creíble que lo indique como participante en sesiones de tortura ni mucho menos de juzgar hasta qué punto la víctima estaba o no en condiciones de seguir soportando. Ni siquiera era el médico responsable de la unidad, como parece desprenderse del dictamen judicial; de hecho, ni era aún médico en dicha oportunidad. Curiosamente, vaya a saber por qué, el verdadero médico encargado –superior directo de Suzacq– nunca ha sido investigado. No me cabe la menor duda de que, cuando el juicio finalmente tenga lugar, será absuelto. Pero mientras tanto, fue literalmente extirpado de su medio, separado de sus hijos y nietos, obligado a abandonar el trabajo que aún conservaba y privado de su libertad durante meses –quizás puedan ser años– procesado con prisión, como si se tratara de un peligroso delincuente. Parecería que a algunos les cabe muy bien la frase (atribuida a Platón): “La obra maestra de la injusticia es parecer justo, sin serlo”.
Dr. Fernando Mut
CI 1.028.839-3