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El despacho del diputado Gonzalo Mujica es atípico dentro de la bancada del Frente Amplio. A la izquierda de su silla está la biografía del caudillo blanco Aparicio Saravia y a la derecha la colección completa de las intervenciones de Wilson Ferreira en el Parlamento. En una pared cuelgan dos retratos: uno de Leandro Gómez y otra vez Aparicio.
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Su posición crítica con la situación de Venezuela generó “insultos de todo tipo” de sus correligionarios frenteamplistas, pero “por lo bajo”, dice, hubo quienes aplaudieron.
Integró el Movimiento de Participación Popular (MPP), que encabeza el ex presidente José Mujica, y lo abandonó. Hoy se define “independiente”, aunque coordina con el Frente Líber Seregni (FLS) que lidera el ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori. Desde ese lugar es que cuestiona a quienes proponen cambios en la política económica del gobierno, con propuestas que incluyen aumentar la carga impositiva. “Si el problema central es la caída de actividad, desincentivar al capital con más impuestos lo que genera es más caída aún”, sostiene.
En su opinión, el MPP, la lista 711 del vicepresidente Raúl Sendic, el Partido Comunista y un sector del Partido Socialista tienen un “error de diagnóstico” y quieren imponer un proyecto pensado para “un mundo que no existe”.
—En el Frente Amplio hay sectores que plantean cambios en la política económica para generar más ingresos y sostener las políticas sociales. ¿En qué lado del debate se ubica usted?
—Del lado del equipo económico. El foco debe ser preservar la actividad. Otros ponen el eje del análisis en la consecuencia desocupación o del déficit fiscal, pero erran el diagnóstico. En el Parlamento se dice que el problema es que no tenemos plata para financiar la política pública, y el problema real es que la actividad económica cae y las demás cosas son consecuencia de eso.
—El llamado grupo de los ocho, integrado entre otros por el MPP, Partido Comunista y la Lista 711, plantean que debe habermás impuestos al capital.
—En un momento de caída de la actividad económica, es un error plantear un incremento de impuestos a las utilidades del capital, porque si el problema central es la caída de actividad, desincentivar al capital con más impuestos genera más caída aún.
Todo indica que la situación internacional se agrava, no mejora, por lo tanto el año que viene las causas profundas de la caída en la actividad económica o se mantienen igual o se acentúan. Por lo tanto, los efectos de un incremento tributario sobre las utilidades del capital van a ser iguales o peores.
—Si el análisis parece tan evidente, ¿por qué esos sectores insisten con este planteo?
—Porque hay un error en el diagnóstico. Se identifica como la dificultad a vencer el financiamiento de políticas públicas cuando la falta de recursos es una consecuencia, el problema es la caída de actividad. Las decisiones correctas van por el camino de sostener o aumentar la actividad económica y eso implica atraer recursos del exterior, fomentar la reinversión productiva de las utilidades de las empresa y poner un énfasis en la infraestructura, que es lo que sostiene la actividad económica.
—También se cuestiona los beneficios que da la Ley de Inversiones a las empresas extranjeras.
—Es que se calcula lo que se deja de cobrar por exoneraciones y se dice todo lo que se podría hacer con ese dinero. Pero ese razonamiento no es correcto porque hay una parte importante de esa actividad que se logra justamente por las exoneraciones, si no, no la tendríamos. Hay que calcular el total del valor que crea una inversión. A UPM no se le puede sacar las cuentas solo por UPM; es todo lo que produce más lo que producen los que trabajan para UPM, que esos sí pagan impuestos, contra lo que UPM deja de pagar. Habría que preguntarse de qué lado del río se hubiera puesto UPM si no tenía todas las concesiones que le dimos.
—¿Y tiene espalda el equipo económico para resistir este debate dentro del Frente Amplio?
—Las espaldas se construyen en el debate, porque si no, no habría debate. Hay condiciones de razonabilidad como para sostener una política económica adecuada al momento que estamos viviendo. Lo otro nos introduciría en un túnel a una situación económica mucho peor que la que tenemos.
La pregunta que yo me he hecho es con respecto a la adecuación del país que planificamos en nuestro programa con la realidad en la que hay que construir. El programa del Frente Amplio es una mezcla de las políticas de sustitución de importaciones de Luis Batlle, mezclado con las ideas de la Cepal, con las intenciones socializantes de los partidos marxistas de izquierda y mezclado con incrustaciones socialdemócratas de experiencias que los estados de bienestar habían creado en Europa y le habían salido bien. Esa mezcla la armamos a la uruguaya y le llamamos proyecto progresista. Y la izquierda debe resolver los desajustes que existen entre su proyecto político y la realidad del mundo en la que toca aplicarlo.
—¿Es aplicable el proyecto político del Frente Amplio?
—Esta discusión ya es una señal. Un modelo progresista que se despeñe por la aplicación de más presión tributaria al capital en un momento de caída de actividad, que revise a la baja la ley de inversiones y que cuestione las zonas francas, conduce al país a un mundo que no existe.
—La senadora Daniela Payssé (FLS) dijo en una entrevista con el programa “Primera Vuelta” de TV Ciudad, que falta interacción entre el presidente Tabaré Vázquez y las bancadas oficialistas. ¿Está de acuerdo?
–Puede ser. Hay un interlocutor natural que es el vicepresidente de la República. Raúl (Sendic) tiene el rol de ser el interlocutor de Vázquez en el Parlamento. En qué medida o no lo está haciendo lo dirá él, yo no me doy cuenta, pero está la persona para hacer jugar ese rol. También hay una realidad, los dirigentes de cada sector tienen que jugar para ese rol, porque si hay dirigentes que dicen: “A mí que me llame el presidente, contigo no hablo” tampoco ayuda. No digo que se lo hayan dicho, pero sí la actitud. Además, Tabaré es un presidente sin bancada propia, Mujica tenía interlocutores por todos lados.
—Vázquez tampoco la tenía en su primer gobierno y no se lo cuestionaba tanto desde el Frente Amplio.
—Era un gobierno distinto y habían otras condiciones. El hecho es que cuando el presidente no tiene bancada propia que actúe como interlocutora, a lo que hay que acudir es a los mecanismos institucionales, que es el vicepresidente. Sendic debería ser el interlocutor con el Poder Ejecutivo.