• Cotizaciones
    viernes 13 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    En el contexto de crisis actual, gobernar exige “mucha empatía” y “muchos principios” para no caer en una “ruta populista”

    “Uno de los grandes desafíos de la política” es “cómo tener una narrativa más basada en los principios de la Ilustración, pero accesible para toda la ciudadanía actual”, dice el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado

    Hay momentos en los que Carlos Alvarado Quesada quisiera ser periodista. Con formación en comunicación y experiencia como asesor de prensa, opina que profesiones como el periodismo “cobran muchísimo más sentido” hoy, en épocas de descontento social y cuando las nuevas vías de comunicación privilegian “el posicionamiento de visiones extremas, de uno y otro lado”.

    Pero Alvarado no es periodista. Con 38 años ganó las elecciones presidenciales de Costa Rica en abril de 2018, una victoria que resultó trabajosa: salió segundo en la primera vuelta con 21,74% de los votos, pero luego se impuso con más del 60% de los votos sobre Fabricio Alvarado, un predicador evangélico. Y ahora dirige un país emplazado en una región en crisis.

    “Creo que se siente un distanciamiento de las decisiones políticas y qué de todo eso le llega a la persona en su vida directa, concreta, de todos los días”, evalúa en diálogo con Búsqueda.

    El mandatario costarricense lleva menos de dos años en el cargo, pero ya ganó cierto prestigio internacional por su política contra el calentamiento global. En febrero presentó un plan para reducir a cero las emisiones de carbono de su país para el año 2050. No se trata de un “delirio esnob”, asegura el mandatario, sino de una estrategia política y ética.

    —¿Qué expectativa tiene de la relación bilateral con Uruguay?

    —La expectativa es acercar las relaciones bilaterales entre Costa Rica y Uruguay, en lo político y en los planos técnicos. En lo político, porque Costa Rica y Uruguay tenemos una fuerte tradición democrática y hay una identidad compartida por el respeto a las instituciones, de mucha fortaleza democrática, de mucha apuesta a las personas, al desarrollo humano, a la educación, a la salud; todo eso nos hace países muy afines. Tiene que ver con la escala, con la cultura, con muchas cosas. Más allá de eso, en el contexto que vive la región, es bueno que países afines estemos cerca. En un contexto regional complejo, por lo menos desde Costa Rica vimos con mucha satisfacción el propio proceso democrático uruguayo recién acabado.

    En lo técnico, hay cosas que podemos trabajar juntos. Nos interesa conocer partes de la reforma educativa que se hizo acá en Uruguay, tenemos retos similares. Nos interesa ver cosas como el Plan Ceibal. También nos interesa el expertise en el tema trazabilidad de la carne. Y desde Uruguay ha surgido el interés de trabajar con nosotros en temas de cambio climático y ambientales, en los que Costa Rica tiene expertise.   

    —Usted habla de un contexto regional complicado. ¿Qué pasó en estos meses en la región para que se generara ese desequilibrio?

    —Está pasando algo en el contexto global y se está reflejando también en la región. Más allá de una insatisfacción con partidos o gobiernos de un signo u otro signo, tiene que ver con una insatisfacción generalizada de la ciudadanía de no ver mejorada su experiencia de vida, sus condiciones de vida de manera más inmediata. Hay frustración acumulada que no se está reflejando, tal vez, en movimientos orgánicos, organizados, sino en un malestar generalizado. Creo que se siente un distanciamiento de las decisiones políticas y qué de todo eso le llega a la persona en su vida directa, concreta, de todos los días. Ahí hay un gran reto de las democracias.

    —Hay quienes plantean que los problemas son globales y por eso los Estados nación no pueden solucionarlos. ¿Cuál es la salida?

    —Son ámbitos que se traslapan. Lo veo con mucha frecuencia en temas, por ejemplo, como la crisis climática. Cuando se suele hablar de eso, que es un problema global, hay un sector importante de la población que dice: “Bueno, pero qué tiene que ver eso conmigo. Aquí tengo mi problema de desempleo, aquí tengo mi problema de que mi ingreso no me alcanza y usted gobernante me está hablando de una cosa lejana, distante a mí”. Pero tenemos que ver que el tema del cambio climático va a afectar las formas de consumo de la gente, que va a pedir que los productos tengan certificaciones ambientales; va a afectar los niveles de los mares, entonces va a afectar a la gente que vive en las costas; va a afectar a los más pobres. Cómo lograr hacer esos clics de los problemas globales, pero con la vida inmediata de las personas es uno de los retos más importantes de los gobiernos locales, nacionales y la gobernanza regional.

    Otro de los grandes desafíos es que esto se mezcla con la comunicación del siglo XXI muy volcada a las redes sociales, que está permitiendo que la información fluya y eso es bueno. Pero también está permitiendo que fluyan voces a veces llenas de rabia, de molestia, o a veces incluso información tergiversada o malintencionada, con intencionalidades políticas ocultas. Eso es parte del reto que se mezcla en esto. La comunicación como se vivía hace 10 años no es la que estamos experimentando en la política y en el mundo de hoy. La comunicación de las últimas campañas, incluso del 2016 a la fecha, ha cambiado muchísimo. Cada campaña es una campaña distinta. Hace 10 años eran cosas como blogs, hace cuatro años era Facebook o Twitter y ahora hablamos de comunicaciones en redes como WhatsApp, que no están en una plataforma expuesta, sino que son de distribución. Eso ha cambiado mucho cómo impacta la política. Entonces, las democracias y la política tienen que estar adaptándose constantemente a esos instrumentos, pero el gran reto es adaptarse a eso sin perder los principios.

    —¿Eso no está llevando a que haya una sociedad más binaria?      

    —El tipo de comunicación, en efecto, privilegia el posicionamiento de visiones extremas, de uno y otro lado. Las posiciones extremas suelen ser las que se sintetizan de una forma más fácil y requieren menor desarrollo. Incluso, alienan las posiciones más balanceadas, que son las que se construyen en los grises. Por eso actualmente es muy fácil polarizar entre la izquierda y la derecha, entre los derechos de las personas o posiciones muy conservadoras, pero no logramos tener las discusiones más enriquecedoras. Esas posiciones que son más complejas, al tomar más tiempo para plantearse quedan muchas veces soslayadas en ese debate.

    —¿Cómo se gobierna en ese contexto?

    —Con mucha empatía, con muchos principios. No puede ser esa tendencia a polarizar la que lleve la dirección de un gobierno, porque estaríamos dejándolo a merced de una ruta populista, que es la que mueve a la población nada más. Hay que tener una gran base en principios, eso no ha cambiado, eso es lo que se mantiene sólido en este contexto. Pero esos principios hay que entender cómo llevarlos a realidad en este contexto. Creo que es uno de los momentos de la historia donde la comunicación como tal —y profesiones como el periodismo— cobran muchísimo más sentido. El de poder construir esa realidad compleja y poder ofrecerla al ciudadano, que haga su ejercicio cívico de tomar decisiones de manera informada, o de actuar de manera informada, no simplemente porque le llegó un WhatsApp o un meme, o leyó una noticia que resultó falsa, pero que le impulsó sus emociones. Antes los medios de comunicación eran los canales de construcción de la verdad, de manera más privilegiada; hoy los medios de comunicación son una forma de validación de muchas verdades y de depuración de esas complejidades, o de develar lo que se quiere poner como extremos. No estoy ejerciéndolo, pero debe ser un momento muy importante para generar comunicación. Máxime porque cuando uno profundiza en los temas, generalmente las verdades no están en los extremos como se plantea comunicacionalmente, aunque sea más fácil hacerlo. Siempre se encuentran puntos mejores en el medio. Además, hay una gran ciudadanía que discursivamente no es tan polarizante, permanece en el centro, pero a un menor volumen. Hay que apelar mucho a ese centro de gravitación más fuerte, que puede llevar balance. El éxito de los extremos es cuando jala mucho hacia un lado y logra llevar todo el debate hacia esa posición. Creo que tenemos que apelar a posiciones más prudentes.

    —Una de las políticas por las que se lo conoce a usted a nivel nacional es por el objetivo de descarbonizar la economía de Costa Rica. Es una política de avanzada, pero que uno esperaría de un país que tiene resueltos muchos problemas básicos. ¿Costa Rica los resolvió? ¿O es una falsa contraposición?

    —Ahí está esa respuesta. Hay varios temas en relación con el cambio climático. Uno es que todos, como planeta, nos vamos a ver afectados por él. Los cambios que tenemos que hacer tienen una dimensión ética y una dimensión práctica. La ética es que si no actuamos y sigue la tendencia actual con el calentamiento que se estima, en efecto el planeta se va a ver muy comprometido y la próxima generación va a tener un mundo muy agreste en el cual vivir. Entonces, hay una consideración ética de nuestra generación y es que nuestros hijos y nuestros nietos tengan un lugar donde vivir. Es decir: hay que actuar. Pero también hay una cuestión práctica, porque muchos elementos de esta transformación en materia de descarbonización no es que van contra la economía o contra la gente, sino que, al contrario, favorecen la economía, favorecen la competitividad en los países, favorecen la generación de buenos empleos, favorecen generar un entorno más sano. Nuestro plan de descarbonización tiene 10 pilares, uno de ellos es en la agricultura. Nosotros desarrollamos en nuestros cultivos una política de desarrollar los NAMA (Nationally Appropriate Mitigation Actions), que es producción adaptada al cambio climático. El primer NAMA que se generó en la agricultura en el mundo fue el café de Costa Rica. Pero ese café no solo mitiga el efecto de las emisiones, sino que a la vez genera valor. Costa Rica solo produce el 2% del café del mundo, pero su café no se compra con los precios del mercado internacional, sino muy por encima de ellos, por calidad y por cómo se produce. Entonces, estas políticas no son un delirio esnob, sino que tienen impactos concretos: nos hacen más competitivos, mejoran nuestro entorno inmediato en salud, la generación de empleo y, a la vez, por un fin global y ético positivo. Pero, en efecto, si te habrás dado cuenta, eso explicarlo lleva una concatenación de argumentos, lo más fácil es generar una dicotomía entre la descarbonización y mis problemas inmediatos siendo un país pequeño.

    —Ese discurso antagónico aparece también en países como Estados Unidos, que abandonó el Acuerdo de París porque lo consideraba gravoso para su economía.

    —Esto genera una gran discusión a varios niveles. En Estados Unidos he visto gobiernos estatales y muchos grupos ciudadanos que están absolutamente casados con la lucha por el cambio climático. Y desde su realidad están haciendo transformaciones, sea a nivel estatal, a nivel regional o personal. Cuando las personas adoptan esa conciencia, cambian sus formas de consumir, se hacen más responsables de sus residuos, en qué vehículo se transportan. Ciertamente el nivel de los gobiernos es muy importante, pero creo que también el nivel regional y de las personas tiene que valer. ¿Por qué? Porque una persona, al tomar su conciencia de esto, cambia su forma de actuar. Y luego, al entender que no es suficiente, se organiza regionalmente. Y luego sigue a otro nivel cuando dice: “Bueno, tengo que votar, entonces voy a preguntarles a los candidatos qué piensan de este tema para ver quién representa mejor mi posición”. Entonces, no es un juego estático. Puede haber algún gobierno que no esté empujando, pero puede haber una ciudadanía incluso de ese país que esté empujando en la dirección del cambio climático.

    Carlos Alvarado Quesada

    —¿Usted está logrando convencer a los ciudadanos de Costa Rica?

    —Es un debate que está presente, no sé si se está logrando, pero por lo menos se está planteando. Antes fui ministro de Desarrollo Social y, una vez, teniendo una conversación con un ministro de Vivienda, él me dice: “Vos y yo vemos la realidad. Pero cuando vos ves pobreza, yo veo casas. Y el ministro de Salud ve salud y el ministro de Educación ve educación. Porque cada uno tiene sus gafas puestas, pero la realidad es una. Si lo vemos desde la realidad de la familia, no es pobreza, no es vivienda, es su realidad”. Y pasa muy parecido desde el punto de vista del cambio climático. Nosotros, que organizamos la pre-COP25 en octubre, buscamos hacer un enfoque de analizar los temas no solo desde el cambio climático, sino de cambio climático, inclusión, género, derechos humanos, juventud. ¿Por qué? Porque la realidad es compleja y si solo se ve desde la óptica de la narrativa del cambio climático es lo que genera que haya esas reacciones. “Esto es muy distante a mí, yo tengo el problema de que no he terminado mi educación y no me da para pagar las cuentas. ¿Por qué hablan de eso?”. Pero cuando se logra generar una visión de inclusión, de que tenemos que ampliar la educación para todas las personas, tener derecho a un ambiente sano, de reducir las inequidades entre hombres y mujeres. Cuando se amplía esa visión ya no atomizamos el debate en esa bipolaridad, sino que entendemos una mayor complejidad, que no hay una única acción o dos que sean transformadoras. Uno de los desafíos más grandes del cambio climático, y en general de una política multilateral e inclusiva, es cómo construir narrativas que no solo sean éticas —es decir, que no engañen—, sino también que sean accesibles a los imaginarios de las personas. Porque son problemas complejos y las narrativas complejas no tienen… Digo, a los expertos les gusta mucho el Ulises de Joyce, pero eso no lo lee nadie. Bueno, es muy parecido. ¿Cómo las realidades complejas se pueden sintetizar en narrativas que abran la mente y el corazón de las personas hacia la acción? Ese es uno de los grandes desafíos de la política actual frente a la polarización o al populismo: cómo tener una narrativa más basada en los principios de la Ilustración, pero accesible para toda la ciudadanía actual.

    —Usted ganó la elección en una segunda vuelta en la que compitió con un predicador evangélico. En la izquierda uruguaya hay preocupación por el crecimiento de la participación en política de las Iglesias evangélicas en la región. ¿A usted le preocupa el tema?

    —Hay que darle un seguimiento responsable a ese fenómeno. Me ha llevado a estudiar más el propio fenómeno y, como tantas otras cosas, usar la categoría “evangélicos” no permite retratar bien el fenómeno. Entre eso que llamamos “evangélicos” hay muchísimas cosas, por lo menos en Costa Rica. Están Iglesias históricas que van desde luteranos, metodistas, bautistas, calvinistas; hay movimientos de mucha vocación de respeto al Estado laico, otras que tienen una gran vocación social sin involucrarse en política. Están otros, que son los integristas, que asocian que la moral de la Biblia debería ser la ley, pero tampoco son todos. Entonces, hay que entender ese fenómeno en esa complejidad porque esa generalización entra en un proceso de discriminación. Ese fenómeno está a través de América Latina y por eso creo que hay que estudiarlo, darle seguimiento, entender sus manifestaciones democráticas. Pero, como hemos hablado, la realidad es más compleja como para polarizarla en “allá van a estar los evangélicos y aquí los que no tienen credo”.

    Recuadro de la nota

    El “declive institucional” de Nicaragua y Venezuela

    // Leer el objeto desde localStorage