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Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina) El brasileño Roberto Azevêdo difícilmente imaginó que aquel llamado que recibió mientras pasaba unas vacaciones con su familia en la Florida estadounidense a fin de año sería el inicio de una peripecia histórica. El diplomático estaba siendo citado a presentarse en Brasilia para informarle que su país lo había seleccionado como candidato a la jefatura de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Tras una ardua campaña en la que se entrevistó literalmente con representantes de todo el mundo, Azevêdo se impuso a otros siete aspirantes al cargo y fue nominado esta semana como el próximo director general de la entidad con base en Ginebra, Suiza; el primero proveniente de América Latina. Está previsto que el cargo lo asuma en setiembre, pero aún es demasiado pronto para saber si esta historia tendrá exactamente el final que él desea.
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La elección de Azevêdo llega en un momento especial para la OMC, donde cumplía funciones desde 2008 como embajador de Brasil. La organización de 159 países miembros corre riesgo de perder relevancia como órgano rector del comercio global, debido a la falta de avances de la ronda Doha de negociaciones multilaterales lanzada hace 11 años. Ese riesgo ha sido reconocido por el propio Azevêdo, que esta semana logró vencer en la votación final al candidato mexicano Herminio Blanco para ganar un mandato de cuatro años, renovable una vez. “O cambian las bases o el mundo va a avanzar y la OMC se quedará atrás”, declaró al diario brasileño “Folha de São Paulo” el miércoles, luego de su victoria.
Con 55 años de edad y una carrera diplomática de casi tres décadas que incluyó un pasaje por la embajada brasileña en Montevideo de 1992 a 1994, Azevêdo enfrentará el desafío de completar las negociaciones de la ronda Doha (para lo cual habrá una reunión ministerial clave en diciembre en Bali) y asegurar que el sistema de resolución de controversias de la organización funcione con eficacia en medio de un avance constante de los acuerdos de comercio bilaterales y regionales, sostuvo William J. Davey, profesor emérito de derecho comercial internacional en la Universidad de Illinois y ex director de la división de asuntos legales de la OMC.
“Si la mayoría de los asuntos comerciales se tratan en otros lugares, la OMC ya no va a importar tanto. Si la Unión Europea y Estados Unidos alcanzan su propio acuerdo de libre comercio y lo manejan por las suyas, y si Estados Unidos y los países asiáticos tienen un acuerdo alrededor del Pacífico y lo manejan cada uno en el contexto de ese acuerdo, de pronto la OMC ya no va a tener demasiada relevancia para muchos países”, explicó Davey a Búsqueda.
Desde dentro.
Para sustituir al francés Pascal Lamy al frente de la OMC, Azevêdo cuenta con fama de articulador de consensos y una dilatada experiencia en el área de comercio multilateral. Antes de encabezar la embajada brasileña en la sede de Ginebra, trabajó para la Cancillería de su país en temas de economía y contenciosos, conduciendo con cierto éxito disputas con Estados Unidos por los subsidios al algodón y con la Unión Europea por el azúcar.
Aunque se desconoce exactamente qué países apoyaron a Azevêdo para llegar a la dirección de la OMC (los miembros no tienen obligación de revelar sus votos) se cree que la fuerza principal de su candidatura provino de naciones en desarrollo y emergentes. De hecho, la Unión Europea acordó en la última ronda que sus 27 países miembros votaran por Blanco, la misma opción que se cree que defendió Estados Unidos, aunque sin reparos contra el brasileño. Diversos observadores entendieron que México tenía más credenciales que Brasil para exhibir en materia de apertura comercial, aunque su candidato tuviera menos experiencia en negociaciones multilaterales.
Esto es importante, ya que uno de los grandes obstáculos para el avance de la ronda Doha ha sido las divergencias entre países ricos y en desarrollo sobre temas como acceso a mercados, subsidios agrícolas y aranceles a productos industriales. Azevêdo se presentó en su campaña como alguien capaz de tender puentes en la mesa de discusiones. “Quizá sus antecedentes le permitirán hacerlo mejor porque puede tener más confianza de los países en desarrollo”, evaluó Davey.
¿Qué puede hacer?
Sin embargo, Davey y otros especialistas advierten que la capacidad del director general de la OMC para sacar al sistema de su parálisis es limitada, en primer lugar porque su función será más de un facilitador de acuerdos que de un tomador de decisiones.
El propio Azevêdo reconoció en enero en declaraciones a la revista brasileña “Istoé Dinhero” que “será muy difícil” concluir la ronda Doha en su totalidad. “Las divergencias son muy fuertes, pero podemos concluir algunos temas”, dijo, y mencionó que en la conferencia de Bali se intentarán acuerdos para simplificar procedimientos aduaneros y permitir usar la totalidad de las cuotas agrícolas superando obstáculos burocráticos.
Pero algunos recuerdan que él mismo proviene de un país que ha echado mano a medidas proteccionistas para proteger su industria doméstica, o que como embajador brasileño ante la OMC defendió la posición brasileña a favor de vigilar la devaluación artificial de las monedas de algunas naciones que buscan con ello abaratar sus exportaciones y ganar mercados externos (una crítica dirigida sobre todo a China).
El diario británico “Financial Times” señaló en su edición digital de ayer miércoles, que Brasil tiene varias disputas comerciales en curso con Argentina, su principal socio del Mercosur que enfrenta denuncias pendientes en la OMC. Las acciones de Azevêdo sobre esas quejas “podrían infectar las relaciones bilaterales Brasil-Argentina”, agregó el artículo de John Paul Rathbone.
En sus primeras declaraciones a la prensa internacional tras asegurar su nominación, Azevêdo dijo ayer miércoles que el cambio en la OMC es un reflejo de la mayor influencia de América Latina en las negociaciones globales, e hizo un llamado a moverse “hacia adelante”.
Sin embargo, Rubens Barbosa, un ex embajador brasileño que conoce a Azevêdo desde hace tiempo y actualmente asesora a la federación industrial de São Paulo, advirtió que el futuro de la OMC dependerá de la actitud que asuman sus miembros y no sólo de lo que haga Azevêdo. “Él dice que tiene algunas ideas para avanzar con las negociaciones multilaterales relacionadas con la negociación de Doha”, indicó. “Pero los países van a tener que decidir”.