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Era una operación de conversión de moneda por US$ 250.000 solicitada por un cliente considerado de alto riesgo. Se analizó un “montón de documentación”, con “horas” de trabajo del oficial de cumplimiento para una transacción que dejaba una ganancia de US$ 200. “No es rentable. La propia vara normativa deja de hacerlo rentable”. Con ese ejemplo, el consultor en prevención de lavado de activos Ricardo Sabella se refirió a las crecientes exigencias establecidas para las casas de cambio que, dijo, las obliga a “sacarle punta al lápiz para ver qué estrategia” toman “en términos del negocio”.
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Sabella, socio de BST Global Consulting y director del Certificado en Prevención de Lavado de Dinero de la Universidad Católica del Uruguay, dio una charla el viernes 23 organizada por la Asociación Uruguaya de Casas de Cambio Autorizadas (Audecca), de la que es asesor. Su análisis incluyó referencias a recientes casos de narcotráfico con ruta por Uruguay y la evaluación a que está siendo sometido el país por parte del Grupo de Acción Financiera de Latinoamérica-GAFI.
El especialista dijo que el contrabando es “uno de los delitos que con mayor frecuencia generan dinero ilegal en Uruguay”, y que ello es “un problema” para el negocio de los cambios, sobre todo en las zonas de frontera. Describió que para lavar plata se recurre al fraccionamiento de montos y “hay productos muy sensibles. Hay colectivos que se utilizan para casamientos o fiestas de 15…”.
Para la corrupción o el pago de sobornos, “no es tan frecuente” que se usen transacciones a través de casas de cambio, acotó.
“Últimamente” la mayoría de casos de lavado de activos “grandes” en el país son “todos originados en estafas” —por casi US$ 100 millones entre los más conocidos—, un delito que por sus volúmenes elevados no se canaliza a través de casas de cambio.
“Una cesárea”
Ante unas 30 personas, Sabella repasó modificaciones normativas referidas a la prevención y combate al lavado de activos que involucran a las casas de cambio. Mencionó, por ejemplo, que la Circular 2.322 del Banco Central, de enero pasado, estableció “algo que no estaba taxativamente incorporado: no se puede tener relaciones comerciales, o se suspenderán, cuando no se puede realizar la debida diligencia (del cliente). Si tengo operaciones con clientes ocasionales, por debajo de US$ 15.000, y no soy correspondido con la información que solicito, chau, chau, para su casa. O no lo pudo explicar” y debe considerar elaborar un reporte de operación sospechosa de lavado.
Indicó que a las empresas cambiarias les “pusieron verbos también. Verbos, verbos y verbos para hacer la debida diligencia”. Antes se les pedía obtener la información del cliente, pero “ahora obtener significa hacerle una cesárea al tipo, para sacarle información. Verificar: revisarlo hasta la última consecuencia. Registrar: o sea dejar documentado lo que me entrega. (…) Cada vez agregaron más verbitos para que nadie pueda salirse del entorno de control”.
En ciertos casos la regulación exige el contacto personal con el cliente para poder realizar la transacción. “Y eso también complica, sobre todo con las empresas. ¿Con quién hacer contacto?, ¿con el representante de la entidad? (…) Imaginen si yo tengo que tener contacto personal (…) con Coca-Cola?, ¿a dónde tengo que ir a hacer el contacto personal?”, puso como ejemplo.
Según otra modificación regulatoria reciente, los clientes ocasionales son aquellos que efectúan hasta 10 operaciones en el año y por un monto acumulado menor a US$ 15.000, en lugar de los US$ 30.000 que regían antes como tope para ser cliente habitual. “Ante estos temas, necesariamente me obligaría a analizar —porque los bancos lo hacen— cuál es el costo de trabajar con determinado tipo de cliente. Porque si hay clientes que sobrepasan determinados límites, son pocos y es administrable con los recursos que tengo, está todo perfecto. Pero si son más, y no son pocos, y no alcanza con los recursos que tengo, y soy sujeto a sensibles omisiones que pueden derivar en una sanción, tendría que ver con qué me quedo. Hoy el buen negocio pasa por todos los clientes por debajo de US$ 15.000, que son ocasionales y más allegados al retail (…) y quedarse con pocos clientes que operen bastante. Es lo mismo que hacen los bancos: riesgo y rentabilidad”, explicó. “Para nosotros un cliente habitual es un costo”.
“Por los márgenes” chicos que obtienen, los cambios hoy son más que nada corresponsales financieros, una figura creada hace pocos años por la cual prestan servicios de forma tercerizada a bancos u otras instituciones financieras. “Transferencias de fondos ya no tenemos… no es negocio. Las exigencias son tan altas para poder recabar el origen de fondos, que termina no siendo rentable”, dijo. En su opinión, dadas estas cosas “hay que repensar el negocio de otra manera”.