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    Es la hora de nuestra responsabilidad…

    Sr. Director:

    Si leemos y comprendemos la historia de la humanidad, nos daremos cuenta del porqué de las cosas que nos pasan y lo que nos pasará seguramente en el futuro cercano.

    “…Nada nuevo bajo el sol…”. Simple y breve, ese es el concepto que tenemos para interpretar la vida que ha tenido que llevar el ser humano desde su existencia hasta nuestros días.

    Primero ha tenido que luchar contra animales salvajes para poder sobrevivir y luego tratar de encontrarle una explicación a fenómenos naturales a los cuales no llegaba a comprender, llámense rayos, tormentas, lluvias, sequías, etc etc, pero más allá de su dependencia de estos fenómenos naturales, el hombre (género humano) siempre ha buscado satisfacer sus necesidades básicas como por ejemplo su libertad.

    A medida que ha avanzado nuestra civilización el hombre ha tenido que luchar contra causas inmorales, invasiones territoriales, intereses mezquinos, ambiciones y egocentrismos a ultranza. El resultado de todo eso ha sido una larga lista de calamidades que ha sufrido la especie humana, teniendo que soportar también el sufrimiento y muerte de seres dignos, pero hoy no estamos muy lejos de aquellos tiempos, la tiranía se produce más sutílmente, los abusos son a cara descubierta, en definitiva el poder puede más que la idea.

    Por lo tanto, esa libertad por la que luchará siempre el ser humano es la que trasciende lo meramente material, libertad de pensar, de sentir, de saberse protegido, de saberse digno de acceder a una educación con valores, y poder actuar entonces de acuerdo a un pensamiento NO anárquico , sino basado en principios vitales para una convivencia armónica, pacífica, tolerante y por sobre todas las cosas de respeto, comprensión, y amor entre sus semejantes.

    Mucha sangre ha sido derramada a lo largo de la historia tratando de lograr estos objetivos, siendo muchos hombres y mujeres los que han podido llevar adelante esta cruzada y se han convertido en referentes naturales de la humanidad en lo que a la imposición de valores morales se refiere.

    Nosotros debemos tomar su bandera y ser los responsables de diseminar por nuestra sociedad y en todo ámbito por donde nos movilizamos dichos valores, que no son ni más ni menos que los que predicaron aquellos que tuvieron el coraje de levantar la voz de su conciencia, más todos aquellos que dejaron su vida por defender valores universales con los cuales crecimos. Queremos y debemos entonces seguir fomentando y reafirmando cada día con más fuerza dichos valores.

    La lucha es despareja, ya que el fanatismo, el fundamentalismo, la perturbadora ambición del hombre de someter a sus semejantes, el dogmatismo de ideas políticas o religiosas, la hipocresía que tanto daño nos ha hecho, la falsedad de nuestras actitudes, en fin, hay un sinnúmero de obstáculos a los que no podemos dejar pasar más haciéndonos los distraídos, por flaqueza de nuestra energía, simplemente por comodidad, o tal vez por compromisos, vaya a saber de qué tipo.

    No debemos olvidar entonces la sangre derramada por nuestros compatriotas que defendieron a ultranza a aquellas divisas que forjaron nuestra patria. Nos preguntamos entonces, ¿es y será necesaria la ferviente defensa de partidos políticos que nos dan por un lado la garantía de una vida republicana democrática y por otro la pérdida de independencia y de acción si no estamos de acuerdo con sus líneas de conducción?

    Estos deberían ser, sin ninguna duda, el solar del hombre libre y no la celda de los esclavos.

    ¿Será posible que la sociedades vivan dentro de grupos de pertenencia que no escuchen la voz de sus seguidores y de aquellos que no lo son?

    Dijera el Presidente George Washington al pueblo de los EEUU:

    Os he prevenido ya contra los peligros de los partidos cuando sus discusiones tomen un carácter geográfico; dejadme ahora preveniros contra los perniciosos efectos del espíritu de partido en una acepción más general. Ese espíritu es inseparable de nuestra naturaleza, se une a las más fuertes pasiones del corazón humano, existe bajo diferentes formas en todos los gobiernos, pero es sobre todo en los gobiernos populares donde ejerce mayores estragos.

    La dominación alternativa de las facciones aviva esa sed de venganza que caracteriza las disensiones civiles. Es ella misma un despotismo horrible y acaba por traer otra más durable. Los desórdenes que de ella resulta , preparan a los hombres para buscar la seguridad y el reposo en el poder de uno solo: y más tarde o más temprano, más hábil que sus rivales, el jefe de alguna facción aprovecha esa disposición para elevarse sobre las ruinas de la libertad pública

    …Sin prever para nosotros tal extremidad, las funestas consecuencias que arrastra el espíritu de partido deben inducirnos a desanimarlo y contenerlo; ese espíritu en todas partes donde reina, no deja nunca de agitar los consejos nacionales y de debilitar la acción pública; enciende los odios, fomenta y produce insurrecciones, da la influencia a los extranjeros e introduce la corrupción en todos los ramos del gobierno, y es así como la política y la voluntad de una nación están sometidas a la política y a la voluntad de otra nación…”.

    Dijera nuestro Prócer José Artigas, entre otras cosas al Congreso de Abril de 1813, con su constante y permanente prédica de libertad y respeto por sus semejantes, ya sean sus aliados o sus contrincantes de turno.

    “…Yo ofendería altamente vuestro carácter y el mío, vulnerando enormemente vuestros derechos sagrados, si pasase a decidir por mí, una materia reservada solo a vosotros… ”.

    Dijera Carlos María Ramírez en sus publicaciones sobre “Los Partidos Políticos” lo siguiente:

    “…mientras tanto los partidos de un país republicano apuran los refinamientos de la intolerancia y de la fuerza para negarse entre sí la más pequeña co-participación en todos los cargos y en todos los honores de la organización política y civil… gran satisfacción y gran victoria si cada partido consigue haber cerrado al otro las puertas del Poder Ejecutivo, de la Magistratura Judicial, de la municipalidad, de la carrera Militar y hasta de las Universidades…”. Cada Partido tan inexorable para los errores de los partidos contrarios como ciego para los suyos propios, cree purificar por ese medio a la sociedad escandalizada y ultrajada…”.

    “los pueblos perdonan el error, mas no la abyección.”

    De lo expuesto precedentemente, estamos y defendemos al natural Estado de derecho que nos debe regir, pero de ninguna manera entendemos que el gobernar se convierta en la destrucción de las esperanzas de un pueblo que se merece mayor y mejor fortuna.

    Recurramos a solicitarle mayor profesionalismo, dedicación y entrega a nuestros gobernantes en su totalidad, sean del partido que sean, ya que en definitiva se deben a sus gobernados, necesitamos que de ellos salga lo mejor, y no se amparen en las 9erborrágicas argumentaciones sin sentido que tenemos que escuchar a diario.

    De lo contrario no tendremos una sociedad justa, pacífica, tolerante y por sobre todas las cosas sana y libre.

    Como decíamos anteriormente, nosotros como ciudadanos asumimos nuestra cuota parte de responsabilidad, pero nuestro granito de arena debe ser complementado con toda la fuerza que nos imaginemos por los hombres y mujeres que ocupan cargos de gobierno, ya que de lo contrario estaríamos faltando a nuestra misión de combatir a esos males, que siendo viejos conocidos nuestros, sabemos a la perfección el daño que causaron, causan y causarán.

    De no ser así la propia historia y nuestros conciudadanos en particular, nos juzgarán duramente por ser omisos a la hora de llevar adelante tal tarea.

    Carlos Tucci

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