• Cotizaciones
    jueves 05 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Escándalos para tontos

    Hace un tiempo, el mundo se sorprendió por una noticia inesperada. Un joven australiano había denunciado el escándalo conocido como wikileaks. Mareas humanas de tontos del montón no salían de su asombro: EEUU archivaba documentación secreta de políticos de todo el mundo. ¡Inadmisible!

    Assange, supuesto defensor acérrimo de la libertad de expresión, no encontró mejor salida que refugiarse en la Embajada londinense de Ecuador: uno de los países en donde esa libertad es prácticamente inexistente. (A Suecia, paraíso de las libertades de expresión si los hay, Assange no quiere ir ni loco, pues allí lo espera un juicio por abusos sexuales…).

    Pasó un tiempo y el mundo, como siempre desde que es mundo, olvidó a wikileaks y a su creador, quien a estas alturas debe estar hablando perfectamente el castellano con dialecto ecuatoriano. Pero llegó su alumno: Snowden. Nuevamente, las masas de tontos sueltos pudieron cultivar su ira contra el gigante del norte. ¡Indecentes! ¡Imperialistas!

    También Snowden buscó el refugio generoso de uno de los peores países desde el punto de vista de la libertad de opinión: Rusia. Pero a las masas embargadas de ira por el asunto del espionaje estadounidense, estas “casualidades” no les quitan el apetito ni les merman la rabia.

    Ya los griegos espiaban a los persas y los persas a los indios y los indios a los chinos milenios antes de que Marco Polo, en un acto de espionaje culinario, llevara la receta de los spaghetti a Italia. ¿Y qué decir de la Inquisición?

    Uno de los casos más vistosos de espionaje que yo conozca tuvo lugar en Roma, durante la delicada crisis mediterránea de 1935, que llevó a la formación del eje Roma-Berlín. Mussolini ultimaba su invasión a Etiopía e Inglaterra se oponía, pues la presencia italiana en el llamado Cuerno de África amenazaba la columna vertebral del Imperio británico.

    Para presionar a Mussolini, Londres envió una flota adicional al Mediterráneo. Así, más de 200 naves de guerra británicas formaron una insalvable barricada entre Italia y África, con los cañones dirigidos a las principales ciudades italianas del sur.

    Pero el servicio secreto italiano entraba regularmente a la Embajada británica en Roma para sacarles, fotos a los documentos de su caja fuerte. Sir Samuel Hoare, amigo personal de Mussolini y ministro de RREE británico, conocía el hecho pero no hacía nada para impedirlo.

    Fue así que Il Duce se enteró de que la enorme flota británica en el Mediterráneo solo tenía capacidad de fuego para media hora. Italia atravesó la barrera naval inglesa e invadió Etiopía, Mussolini fue aclamado por su “coraje y valentía” y Hoare aplaudido por su intento de impedir el atropello. Nada era lo que parecía ser, pero las masas de tontos sueltos de la época solo veían lo que se les quería hacer ver.

    Menos finos eran los soviéticos, cuyos métodos para lograr la “colaboración” de los diplomáticos extranjeros durante las décadas de la Guerra Fría se basaban en dos armas elementales: la botella de vodka y la carne fresca. Innumerables fueron los representantes occidentales que al regresar a sus habitaciones en Moscú se encontraron que en sus camas había una doncella y una botella. Cuando todo estaba a punto caramelo, en el cuarto irrumpían varios fotógrafos e inmortalizaban a los señores en posturas muy poco diplomáticas. En caso de necesidad y gusto, la doncella era sustituida por un doncello.

    El espionaje que “descubrió” Snowden levantó terremotos de críticas por parte de los Estados damnificados. Todos ellos amenazaron con romper los buenos lazos existentes. Hasta que se empezó a saber que los servicios secretos occidentales llevaban décadas colaborando con los estadounidenses, entregándoles cientos de millones de datos.

    Uno de los mandatarios que más sal echó en la olla del honor herido fue Dilma Rousseff, que suspendió un viaje a EEUU, habló de relaciones rotas y anunció la creación de un sistema propio de correo electrónico (“o máis diverchido do mundo”). No tardamos en saber que, por supuesto, los servicios brasileños llevaban años espiando a los diplomáticos estadounidenses en Brasil.

    De todas las grandes naciones del planeta, hay una sola cuyo servicio secreto no espía a los diplomáticos extranjeros. Ese país se llama Argentina.

    ¿A qué se debe esta conducta tan especial y tan ejemplar de la hermana república? ¿A su honestidad? ¿A la pureza de sus sentimientos? No, no y no. Los servicios secretos argentinos, cuyo jefe máximo, junto con el secretario presidencial máximo y el hijo Máximo fueron los únicos tres personajes que tuvieron acceso a Cristina mientras esta estuvo recluida en Olivos, son especialmente numerosos, especialmente activos y especialmente oscuros.

    La explicación es, pues, otra: el único objetivo del espionaje argentino es vigilar a los argentinos. ¿Para salvaguardar la seguridad interna? No: para ver si se puede descubrir un escándalo con réditos electorales.

    Pero bueno, es Argentina: la constante excepción que confirma todas las reglas.

    // Leer el objeto desde localStorage