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¿Qué es lo que hace que yo sea yo? ¿Y si existiera la posibilidad que permitiera borrar aquellos recuerdos que producen tristeza? O: ¿cómo viviría en una realidad donde existiera una tecnología capaz de implantar buenos recuerdos, recuerdos felices, falsos, pero que al fin y al cabo generen instantes de bienestar? ¿Qué tan real es la realidad? ¿De qué lado de la realidad estoy? Estas son algunas de las preguntas que movilizaron a Philip K. Dick a lo largo de su vida. Y atraviesan su obra. Su pluma no es sofisticada, a veces resulta descuidada, pero sus ideas son de una riqueza filosófica estimulante, de alto vuelo y espiritualmente desafiantes. Ingresar a los mundos de Dick en novelas como Ubik, Tiempo de Marte; El hombre en el castillo; o Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, implica adentrarse en realidades disfrazadas de ciencia ficción que, una vez que el lector se sumergió, provocan profundas resonancias en su interior.
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Hay androides que quieren vivir más; un hombre puede ver el futuro por unos pocos minutos aunque no recordar el pasado; un policía de una brigada antidrogas que se investiga a sí mismo; un grupo de mutantes capaces de predecir el futuro que ayudan a combatir el crimen, y que al detener a un futuro criminal en realidad condenan a una persona inocente; o una funeraria donde se puede hablar con los muertos por un rato —no mucho, porque hay todo un tema ahí.
Directa o indirectamente, Dick perdura. Títulos como Dark City, The Truman Show, The Matrix, Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, Ghost in the shell y Abre los ojos son frutos de su influencia.
Nació prematuramente, y la muerte de su hermana melliza, Jane, a las cinco semanas de vida, lo marcó hasta el final, algo que puede verse en algunas de sus historias, donde los personajes viven dentro de otros y los complementan. Comenzó a escribir a los 14 y casi no se detuvo: empezaba después del mediodía y seguía hasta las dos de la madrugada.
En vida solo llegó a ver la primera adaptación de uno de sus trabajos, Out of This World, teleserie basada en la novela corta Impostor, que posteriormente fue llevada al cine con Gary Sinise y Vincent D’Onofrio. Luego llegó Blade Runner. Treinta años después sus inquietudes han generado producciones como Screamers, Sentencia previa, El pago y Vengador del futuro. Se postergó la adaptación de su obra maestra, Ubik, que quiso dirigir Michel Gondry. Quizá una de las razones por las que Dick es perdurable radica en que las preguntas que él se hacía son las mismas que impulsan a muchos a acercarse, como Dick, al arte o a la espiritualidad. Especialmente una: qué es lo que hace humanos a los humanos.