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    Evaluación del paro general

    Sr. Director:

    ¿Cuánto me salió el paro general del jueves 15?

    El PIT-CNT —quizá mejor dicho su comité directriz— convocó a los trabajadores uruguayos a realizar  un paro de 24 h en sus tareas el jueves pasado.

    La plataforma de vindicaciones se denominó “Contra el modelo de la desigualdad” (¿¿¿???) —esa vaguedad ya debe advertirnos sobre la endeblez de la convocatoria— e invitó a pronunciarse contra “la rebaja salarial, la carestía y la reforma previsional”, esta última aún en proyecto.

    El presidente del PIT-CNT, Marcelo Abdala (algún día sería buenos saber con base en qué elección o selección o designación por méritos ocupa esa alta dignidad, así como los demás miembros del comité directriz), aseveró que la comunicación de la convocatoria al paro y la plataforma de reivindicaciones “fue muy exitosa y alcanzó a más de medio millón de personas exteriores al movimiento sindical”, lo cual, sin duda, da la pauta de la fuerte inversión en publicidad en medios masivos, en propaganda, en difusión en las redes, en vía pública, en promociones directas, etc., que realizó la corporación para promover la medida.

    Me apresuro a aclarar que no soy economista ni nada que se parezca, de modo que los números que manejo son los de un profano que solo intenta vislumbrar cuánto le costó el paro a su modesta economía personal y hogareña.

    Veamos.

    El PIB es la suma del valor monetario de todos los bienes y servicios de demanda final que produce una colectividad en una unidad de tiempo.

    El PIB anual del Uruguay ronda los 55.000 millones de dólares.

    Creo que es legítimo pensar que dividiendo ese número entre 365 obtenemos el PIB diario, que arroja la bonita suma de US$ 150.685.000.

    Pero, desde luego, el país no se detiene completamente por un “paro”. Casi todos los sistemas productivos tienen una inercia que hace que sea imposible detenerlos súbita y completamente. Eso sin contar que, pese al triunfalismo tonitruante de Abdala y su séquito, un alto porcentaje de la gente no adhiere al paro y sigue trabajando.

    Sea como sea, y apoyándonos en la euforia del PIT-CNT respecto de la alta adhesión al paro, podemos asumir, sin rigor técnico, insisto, que el paro “general” afectó el 40% del PIB del día 15 de setiembre, o sea, unos US$ 60.274.000. Si dividimos ese número entre 3.485.000, bien podemos decir que el paro nos costó a cada uruguayo, unos US$ 17.

    Veamos si cierra por otro lado.

    El PIB anual per cápita del Uruguay alcanza los US$ 15.800, o sea, unos U$S 43 por día.

    El ya mencionado presidente Abdala del PIT-CNT celebró con alborozo que cerca de 1 millón de trabajadores adhirieron a la plataforma “Contra el modelo de la desigualdad” y no trabajaron el 15, con lo cual el país decreció su PIB en US$ 43.000.000. Si dividimos ese monto entre todos los uruguayos, nos da una cifra un poco más modesta: el paro nos habría salido unos US$ 12 per cápita.

    Aceptemos ambos números (o cualquier otro que nos ofrezca gente más experta) y demos por bueno el promedio entre ambos. El paro del jueves 15 nos costó, a cada uruguayo, unos 14 o 15 dólares.

    Si tenemos en cuenta que en Uruguay hay un millón de hogares, con algo menos de 3,5 integrantes por hogar, el paro le salió a cada hogar unos US$ 47, o $ 1.880, digamos un módico surtidito familiar de supermercado.

    En síntesis, el paro privó a nuestro hogar de un surtido módico de almacén.

    Pero, a partir del paro, ¿qué pasó con el “modelo de la desigualdad”? ¿Cayó? ¿Perdió vigencia? ¿Fue sustituido por algún fabuloso modelo de la igualdad? ¿Qué pasó con la rebaja salarial? ¿Logró el paro que aumentaran mágicamente los salarios sin aumentar la productividad? ¿Qué pasó con la carestía? ¿Desapareció? ¿Bajaron los precios por arte de birlibirloque o por el potente hechizo de algún mago de las finanzas o por la generosidad de algún filántropo? ¿Se “encajonó” el proyecto de reforma previsional y quedará lamentablemente sin efecto?

    No, no, no…, nada de eso. Todo siguió exactamente igual el día 16, excepto la alacena del hogar de los trabajadores que, este mes, tendrá un surtido menos.

    Es muy raro todo. El paro, antes, cuando los sindicatos eran responsables, era una medida de última instancia, cuando habían fracasado todas las negociaciones. La amenaza de paro ya hacía reflexionar a todas las partes y la solución negociada —siempre es mejor un mal acuerdo que un buen conflicto— solía surgir en beneficio de todos. Ahora se hace paro antes de hablar. Ahora se hace paro contra un proyecto que no ha sido todavía, ni lejanamente, aprobado y promulgado.

    Es cierto, los salarios son bajos y la inflación es un azote. Pero más nos dolerá ese azote y menos bienes comprará nuestro salario si hacemos paros inopinados, inconducentes e infundamentados.

    El PIT-CNT se atribuye una representatividad que no tiene, adquirió una fuerza que no merece y, lo peor, la ejerce irresponsablemente. El puñado de personas que dirige, a través de la corporación sindical, a la masa de los trabajadores, debiera reflexionar.

    Porque más temprano que tarde los trabajadores habrán de pedirles cuentas, habrán de preguntarles cómo y por qué llegaron a la conducción de esa importante organización y, sobre todo, deberán responder en qué medida defienden el bien común, el bienestar de los trabajadores y sus familias, el porvenir del trabajo y no los privilegios que les otorga el cargo que ocupan sin poder explicar quién y por qué los eligió o seleccionó para eso. El “modelo de la igualdad” debiera empezar por casa, por nuestra corporación sindical. ¿No te parece, presidente Abdala?

    Alvaro Secondo Escandell

    CI 1.174.509-9

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