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    Extranjerización de la tierra: un “desarrollo fenomenal”

    El presidenciable del Partido Nacional (PN), Luis Lacalle Pou, “no tiene etiquetas”, y ese es su principal atractivo, dijo el coordinador de su equipo de gobierno en materia agropecuaria, Ignacio Buffa.

    Es por eso, contó, que decidió acompañarlo  en su precandidatura. La “heterogeneidad” de los colegas con quien iba a trabajar, en tanto, fue otro de los factores que lo impulsaron a participar en la campaña del dirigente blanco, agregó Buffa, que además es el coordinador agrícola y ganadero de la Federación Uruguaya de los grupos CREA.

    Si bien el programa de gobierno del PN todavía no está definido —su contenido será elaborado en conjunto con el sector que lidera el senador Jorge Larrañaga, quien el jueves 19 aceptó completar el binomio de la fórmula blanca—, dijo que desde Todos —el sector que nuclea todos los grupos que apoyaron a Lacalle Pou— entienden que no hay que “resistirse” al avance de los negocios extranjeros en el sector agropecuario porque estos favorecieron al país. A la vez, reclamó la necesidad de un shock en infraestructura y elogió los avances en materia laboral que tuvieron lugar en el campo en la última década.

    “Estas ideas son el reflejo del trabajo de todo el grupo”, insistió en diálogo con Campo. A continuación, un resumen de la entrevista.

    —¿Qué lectura hace su sector del conflicto que existe entre productores e industriales en torno al precio de la carne?

    —En el tema hay que tener dos miradas. Una mirada de largo plazo y otra de corto plazo. En el largo plazo, claramente, el precio de exportación se refleja en el precio pagado a los productores. La industria es transparente, traslada todo lo que sucede en los mercados externos al mercado interno.  Pero, sin lugar a dudas, existen coyunturas en que esta relación se descalza, como lo que estamos viendo ahora, y eso no es menor. Cuando sucede esto se generan algunos problemas, sobre todo en esta época, porque en otoño se toman muchísimas decisiones en la ganadería. Y en este contexto, lo que está pasando es que la industria decidió aumentar su captura de valor del novillo tipo y está trasladando menos al sector productor. Eso se ve en los precios. Hoy la invernada captura un 44% y hace un año capturaba 50%. La cría está capturando un 23% y hace un año 30%. 

    —¿Y cuáles son sus propuestas para resolver este problema?

    —Las propuestas son bien concretas. Una, para el negocio de la carne en general, es tratar de tener señales claras. Si uno mira a lo largo de estos últimos cinco años de gobierno, en algún momento hubo impulsos de poner más impuestos, y eso, en el negocio de la carne, en donde las inversiones tienen tiempos de maduración muy largos, afecta la expectativa de la gente e influye en las decisiones. El segundo aspecto es propiciar más el mercado. ¿Cómo se hace eso? Primero, en las relaciones exteriores, en donde hay una gran oportunidad para Uruguay de bajar los aranceles. Para vender a Estados Unidos se paga 22% o 23% de aranceles, mientras que Australia y Nueva Zelanda no pagan nada. Eso constituye una traba. Otro elemento es el tema de la exportación en pie. En esta coyuntura, en algún momento se cortó la exportación en pie de hecho, porque nunca estuvo cortada oficialmente. Y yo me pregunto: ¿Por qué no se puede tener un instituto especializado para la exportación en pie? Eso sumaría a la exportación de carne tradicional del Uruguay. Entonces, el tener aceitados mecanismos que desarrollen este punto y dar certezas a la gente, son dos de las herramientas que desde la agenda de gobierno (de Lacalle Pou) se están poniendo arriba de la mesa. 

    —¿Proponen realizar un monitoreo en la cadena industrial de la carne para garantizar que haya transparencia en la formación de precios?

    —Inac tiene la potestad de asignar cuotas a proyectos innovadores para matar a fasón en los frigoríficos, y quienes lleven a cabo esos proyectos creemos que pueden servir enormemente como entes testigos. Si bien posiblemente el porcentaje de faena que va a ir detrás de esos proyectos sea mínimo, podría servir para chequear si existe un descalce dentro de la industria, que se vería reflejado en ese tipo de negocios. No es monitoreo, pero de esa forma se van a conocer los números. Si esos negocios pagan más que la industria, o tienen mercados de nichos hiperparticulares, quiere decir que los frigoríficos están dejando de pagar al productor. 

    —¿Les preocupa la extranjerización de los frigoríficos y de la tierra? ¿Por qué eso no está incluido en la agenda de gobierno de Lacalle Pou?

    —Si la extranjerización de la industria frigorífica no conspira contra las alternativas comerciales que existen en Uruguay, no habría ningún problema. En eso caso no habría que resistirse. Pero, por ejemplo, si sucede que la industria frigorífica queda en manos de determinado país, y se restringen las posibilidades genuinas de exportación de ganado en pie a ese país, sí me parece que es un tema que habría que poner sobre la mesa, pero eso ahora no está pasando. La industria era de uruguayos hasta hace poco. ¿Qué vieron ellos (los extranjeros) que no vimos nosotros?¿No había los mismos problemas? A veces hay demasiados cucos. En cuanto a la tierra, está claro que es un recurso que tiene particularidades, es decir, que nadie se la va a llevar. Entonces, cuando se ve lo que ha sucedido en Uruguay en los últimos años, el fenómeno de extranjerización ha venido de la mano de un desarrollo productivo agrícola fenomenal, que genera riqueza y empleos e hizo dar un salto cualitativo que es bestial. Cambió el país en diez años. ¿Qué es lo más importante? Ser productivos.

    —Desde su sector se ha planteado realizar exoneraciones impositivas al agro, pero desde el gobierno se argumenta que esa carga tributaria es fundamental para redistribuir la riqueza. ¿Sobre qué base impulsan esa propuesta?

    —Es que el sector agropecuario, al encontrarse en la base de la producción de riqueza del país, cualquier exoneración que ocurra a ese nivel y que lo estimule  genera que la sociedad recoja mucho más que aplicando impuestos. El sector agropecuario, por cada $ 1 adicional derrama $ 6,22 al resto de la economía, lo que implica un aporte superior al de cualquier otro sector. Después me parece que hay impuestos que son justos, como el IRAE (Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas), que grava la actividad económica y estimula ciertos rubros. Pero después están los impuestos ciegos al activo tierra, que en el mundo no funcionan. Esos se eliminarían. Otra cosa que es importante es la deducción del IVA para el gasoil, que en definitiva es lo que mueve al sector productor.

    —¿Cuáles son las propuestas en torno a infraestructura?

    —Desde el equipo de agro vemos superlativo hacer un shock de infraestructura, en el cual las rutas transversales serían de vital importancia. El gobierno necesitaría gastar U$S 1.000 millones para avanzar en esta dirección.

    —¿Qué opina respecto a la capacitación de mano de obra y la situación de los trabajadores rurales?

    —Es excelente, las mejores relaciones laborales que se han logrado para las personas que trabajan en el campo. Eso se continuaría. Pero cada vez más se necesitará gente especializada, algo fundamental para dar  saltos de productividad. ¿Por qué mirar al empleado rural como el típico peón de campo que vive en la estancia? Nos parece que hay que ser más agresivos en la generación de nueva mano de obra. En el caso del ovino es claro. En este rubro, por ejemplo, se necesitará alguien que se transporte en camioneta o en moto y que vaya atendiendo majadas en distintos establecimientos. 

    —¿De qué forma se piensa generar esa nueva mano de obra?

    —A nosotros nos parece que Inefop va a ser una herramienta que va a ir en la primera línea en la generación de esas nuevas capacidades. Se debería integrar esa institución de forma definitiva, y no solo con un cargo alterno, que es el que tiene ahora. También los bachilleratos agrarios a distancia son otras de las propuestas, y potenciar las escuelas de alternancia en conjunto con las nuevas tecnologías de la información. Hoy existen solo 5 o 6 en todo el país y ese es un instrumento que habilitaría a crear mano de obra directamente vinculada a la demanda laboral.  

    —¿Es posible industrializar la soja en Uruguay?

    —Hay una mirada de que si nosotros utilizamos la soja, el país se va a salvar, y en realidad, cuando la soja está industrializada, sigue generando commodities,  aceite y productos para la nutrición animal. La capacidad de agregar valor en ese proceso es muy chica.

    —¿Qué piensa de la ley de responsabilidad empresarial aplicada en el sector rural?

    —Puede ser muy atendible en ciertos rubros, pero en el sector agropecuario, al penalizar situaciones de peligro, es casi inaplicable, por más que se garanticen todas las condiciones de seguridad. Eso no quiere decir no cuidar el recurso más importante que tiene una empresa agropecuaria, que es la gente, y hacer todo lo que se pueda para mejorar las condiciones. Tampoco hay que bajar ninguna de las conquistas logradas para los trabajadores en el sector. Pero sí hacer leyes atendiendo mucho más lo que es la relación entre los productores y los empleados.