En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Primero fueron los relatos familiares cargados de leyendas gauchescas, guerras civiles y tradiciones religiosas. Después esos cuentos se fueron mezclando con dichos populares y refranes rioplatenses, hasta que llegó el Carnaval con sus fiestas callejeras, sus cabezudos y carros alegóricos. De aquellos relatos y de esas vivencias surgió la peculiar obra de Luis A. Solari (1918-1993), que transita entre lo onírico, lo real y lo surreal, entre el humor y la ironía.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Solari dejó una obra fácilmente identificable por sus seres con cabeza de animal y sus extraños y coloridos carnavales camperos o ciudadanos. En conjunto, sus cuadros y grabados son la ilustración de una gran fábula que reformula en clave de realismo mágico la tradición y el bagaje cultural autóctono. Por estas características es muy difícil ubicarlo en una corriente o escuela estética, aunque es evidente su cercanía al surrealismo europeo.
El Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) exhibe Centenario Luis A. Solari, una selección de 40 obras producidas por el artista entre 1948 y 1990, algunas pertenecientes al museo y otras de la familia Solari. Enrique Aguerre, director del MNAV, fue el encargado de la selección de trabajos que se pueden visitar hasta el 21 de octubre. El Museo Solari de Fray Bentos y la Colección García Uriburu de Maldonado ya albergaron esta exposición que luego continuará hacia San José y Florida como modo de festejo y homenaje a los cien años del artista.
Solari nació en Fray Bentos en 1918, pero a partir de 1925 su familia se trasladó a Montevideo, al barrio Buceo. Estudió dibujo con el artista Guillermo Laborde y a los 20 años ingresó al Círculo de Bellas Artes. Regresó en 1937 a su ciudad natal, donde diseñó escenografías para el teatro y también disfraces, carrozas y cabezudos para el Carnaval. Por esa época fue también vendedor de productos veterinarios, actividad que lo llevó a recorrer el campo y a estar en contacto con sus dichos y creencias. Los colores del medio rural, los de la tierra, fueron también los colores de sus cuadros.
Comenzó pintando paisajes y naturalezas muertas, pero muy pronto aparecieron las fiestas camperas como tema de sus trabajos, que se nutren de lobizones, almas en pena y gualichos. El punto de inflexión en su obra y en su lenguaje plástico llegó a fines de los años 40, cuando el Carnaval pasó a integrar su mundo creativo.
Perro conversador se llama un óleo sobre tela que integra la muestra del MNAV. Alrededor de una mesa aparecen cuatro seres antropomorfos, mezcla de hombres con cabeza de toro, caballo o pájaro. Todos escuchan al personaje central: un perro que en el centro de la mesa parece dar cátedra. Hay picardía en los trabajos de Solari y un humor que surge del absurdo. Sin embargo, él mismo se encargó de aclararle en 1972 al crítico Mauricio Muller, estudioso de su obra, que el tono de sus trabajos se lo había dado el entorno: “No hay en mi obra más humor ni más poesía ni misterio que el que encierra todo lo dicho y escrito por los pueblos rioplatenses”. También le puntualizó: “Si no es molestia, no me hagan un folclorista, un pintoresco”.
En su trayectoria recurrió a diversos medios técnicos y expresivos, pero con el grabado alcanzó sus mayores logros. En el Taller de Grabado de París se inició en la técnica del aguafuerte a comienzos de los 50. Luego regresó a Europa en 1961 y se concentró en el collage y en la experimentación con distintos materiales. Años después, en Estados Unidos, investigó con el grabado en metal. Participó en varias muestras y en 1972 representó a Uruguay en la Bienal de Venecia.
Otra obra con humor: Cantores y su tonada. En este collage sobre madera de 1956 aparecen tres personajes de su zoológico humanizado. Están cantando y hay cierto extraño realismo en sus expresiones, tanto, que el sonido parece realmente salir del cuadro. También tiene humor otro collage sobre papel: Los novios. Ella es una mujer; él, un pájaro. Ambos tiene sombreros, están contentos y sonríen en una tonalidad ocre. Hay otros novios en un collage sobre acrílico. Esta vez la pareja explota en colores. Ambos sonríen con sus cabezas cuadradas.
Un obra que representa sus aguafuertes: Carroza para un carnaval, de 1975. La figura central es una especie de chancho-jabalí pero sin patas, porque por debajo de su cuerpo salen varios pares de piernas humanas que son su sostén. Por las ventanitas de los costados hay brazos que saludan. Las caras se intuyen porque quedan tapadas por el cuerpo del animal.
“Alguien anotó que Durero empieza a trabajar con el sentimiento de algo que desconoce y que le gustaría descubrir; el punto de partida de Correggio en cambio es aquello que ya ha conocido y quisiera recrear ahora. Si no me equivoco, el artista uruguayo Luis Solari pertenece a la primera de esas categorías: la de los descubridores felices”, escribió Muller sobre los grabados de Solari.
Su obra fue varias veces premiada. El primer reconocimiento fue en 1941 en el Salón Municipal de Artes Plásticas, y en 1942 obtuvo el Premio Adquisición en el mismo Salón. Después vendría una lista de otros reconocimientos a través de becas que le permitieron estudiar en el exterior. En 1992 fue Premio Nacional de Artes Plásticas.
En la muestra hay un grabado que representa El arca de Noé, con toda la galería de animales y sus detalles hechos con la técnica punta seca sobre papel. Hay un impactante tríptico que combina técnicas mixtas y que se llama Los bien parados, y hay un espectacular collage sobre tela con el título Ronda y lobizón: la ronda es de niñas; el monstruoso lobizón, el que las acecha.
Tal vez un buen resumen de su estética se encuentre en Extraña máscara (ver foto). Allí está la figura humana y su doble, el perfil luminoso y el más oscuro, la fiesta y la desbordante imaginación de Luis Solari.