Para llegar a la puerta hay que franquear el gentío que desborda el hall central y descender la escalera de caracol. Frente a la barra de bebidas, más de cien personas esperan el fin de la función anterior y que el personal limpie los pisos y las mesas y rellene los tarros con pop salado. La secuencia se repite cuatro noches a la semana, entre el 20 de enero y el 30 de noviembre en Undermovie, una sala con códigos propios que ha generado un microclima aislado del resto de la plaza teatral montevideana.
Stand up, monólogos humorísticos unipersonales, dúos, improvisación, magia e ilusionismo, comediantes de carrera, figuras del carnaval y “mediáticos” conocidos de la televisión y radio comparten esa pequeña tarima con la premisa de mantener completa esa caja negra rectangular bajo el complejo de cines de Montevideo Shopping. A seis años de su apertura, Undermovie se ha consolidado en la escena montevideana como el principal polo del teatro comercial sin renunciar por ello a la calidad. El humor y el entretenimiento sustentan la grilla, aunque también hay espacio para títulos infantiles, propuestas teatrales tradicionales y shows musicales.
Las reglas son claras: la condición para mantener un título en cartel es que la sala esté llena, o al menos mantenga una ocupación superior a las tres cuartas partes de las 120 localidades.
De enero a noviembre, la sala alberga una decena de funciones por semana, lo que se traduce en un promedio de 2.500 espectadores por mes —con meses pico como julio donde se supera ampliamente esa cifra—, según los datos proporcionados a Búsqueda por la gerencia teatral de Movie, nueva denominación de la empresa, que hasta junio fue MovieCenter. Para ello emplean las necesarias herramientas de promoción y mercadeo al alcance de toda firma que opera en un centro comercial, de modo de convocar a un público muy diferente al espectador teatral uruguayo promedio, y mayoritariamente compuesto por parejas jóvenes y grupos de amigos. De hecho, es muy frecuente que quienes llegan para ver una película que agotó la función, terminen en una de stand up o de improvisación.
En junio de 2007 Undermovie abrió con “Playa desierta”, escrita y dirigida por Mariana Percovich e inspirada en Marguerite Duras. “La idea inicial fue posicionar la sala como un espacio para el teatro alternativo, experimental”, dijo a Búsqueda Soledad Ortiz, gerenta de teatro de Movie. Pero el público no acompañó como se esperaba aquella sugestiva historia contada sobre la arena.
Rápidamente, se convocó a Carlos Tanco para armar un espectáculo de stand up, género entonces masivo en Buenos Aires pero aquí aún marginal. “De pie” irrumpió en la primavera y se situó bien arriba. Cuatro tipos que ya eran bastante famosos en los medios y el carnaval —Rafa Cotelo, Gonzalo Cammarota, Ignacio Alcuri y Pablo Aguirrezábal—, solos frente al micrófono. El éxito fue instantáneo y contundente. La saga agotó entradas durante los siguientes dos años, con dos secuelas y llenó varias veces la Sala Teatro, de 640 butacas.
Para Ortiz, desde el vamos fue clave el poder convocante de figuras conocidas por su trabajo en televisión y radio, un criterio de programación que se mantiene hasta hoy y se traduce en el éxito rotundo de Algo habrán hecho (sábados, 20 y 21.45 h), un show de monólogos con Sergio Gorzy, Gerardo Sotelo y el ex político y ahora panelista profesional y todólogo Washington Abdala. Desde su estreno en noviembre de 2012 vendió más de 8.000 entradas en Movie y otras 2.000 en el interior. Con textos de Fernando Schmidt, cada uno en su rubro capitaliza su llegada a un público bastante más adulto. Los dos periodistas pisan la misma cuerda que en sus programas, Sotelo sobrio, modesto y humildón, y Gorzy soberbio, egocéntrico y pedante. Se muestran como son, con una correcta labor humorística. Pero de acuerdo a lo visto, es evidente que Abdala, más allá de su polémico crossover de la banca parlamentaria a la tarima de Undermovie, vía YouTube y “Esta boca es mía”, revela un histrionismo natural para la comedia y para el absurdo, que capitaliza en suculentos aplausos. Está claro que entre la audiencia hay más de un antiguo votante del Soldado del Foro pasado a retiro. Y está claro también que con una doble función agotada invariablemente, tienen tarima para rato.
Luego de “De pie”, el siguiente paso de Undermovie repitió la fórmula, pero con cuatro mujeres. “Mucha cháchara” reunió a Manuela Da Silveira, Verónica Perrotta, Emilia Díaz y Angie Oña, dirigidas por Rafa Cotelo, y continuó la senda exitosa, con segunda parte incluida. La sala siguió albergando espectáculos de corte alternativo como “Cascanueces”, de Martín Inthamoussú, o ambiciosas propuestas teatrales como “Las presidentas”, de Marianella Morena, con Estela Medina, Gloria Demassi y Levón. Pero el entretenimiento y el humor se encarrilaban como eje central de la programación.
En 2010 desembarcó el grupo Impronta Teatro, formado por Danna Liberman, Florencia Infante, Piero Dáttole y Enrico Greco, con “Imprevisto”, propuesta de improvisación humorística que lleva cuatro años a sala llena con funciones casi siempre sobre la medianoche. A mil por hora, el cuarteto inventa efectivos gags sobre la marcha, en base a las palabras aportadas por la audiencia y las directivas del conductor. Imprevisto rock (sábados, 23.30), la cuarta versión, ahora con Christian Font como moderador, pasará a tener doble función en pocas semanas.
Ortiz enfatiza que si bien el perfil de Undermovie está consolidado en el entretenimiento con fuerte acento en el humor, ello no implica que la sala esté cerrada a proyectos de otra naturaleza. “Lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo”, asegura, y pone como ejemplo los ciclos musicales que siempre ha tenido la sala y el reciente estreno de “Hasta que la muerte nos separe”, pieza dramática de Gabriela Iribarren sobre violencia doméstica.
Desde la apertura, la gráfica de la boletería se mantiene al alza: en 2008 concurrieron 18.000 espectadores; en 2009 , 21.000; en 2010 se vendieron 23.000 entradas; en 2011, 24.000 y en 2012 fueron 25.000. La clave está en el pragmatismo que rige la programación: “Al ser una sala comercial, debe autofinanciarse, por lo que es importante tener un flujo de público importante en cada función. Cuando decidimos bajar una obra que de repente tiene 60 espectadores promedio en sala, primero lo hablamos con los artistas”, asegura. “Pero antes de estrenar la obra, todos sabemos y tenemos la presión de que debe ser a sala llena”.
Otros números fijos de Undermovie son El Show del Tío Aldo (jueves, 21h.), interpretado por Pablo Fabregat, una de las figuras de la tarde en Océano FM, y Gente como uno, (jueves, 22.45 h.), el show de Alzira, bizarro personaje surgido hace unos años en televisión, a cargo del actor cómico Agösto, que sirve de plataforma a tres exponentes del stand up emergente. Desfachatado y sin censura, Fabregat sostiene su caracterización en “El cuasi acabose”, su tercer título consecutivo, en una impostación vocal muy característica y en el juego con el fallido fin del mundo y la vida privada del público, integrado por parejas menores de 30 años. Otra veta que el cómico explota con buena puntería es el factor bizarro de la televisión y la publicidad, segmento que ocupa la última media hora del show.
Este año se sumaron dos títulos muy diferentes que han colgado varias noches el cartel “Localidades agotadas”. El ilusionista Daniel Ketchedjian propone en Magia y Stand Up (viernes, 21.30) una notable demostración de magia, ilusionismo y mentalismo con una certera dosificación de humor, la participación del público y el apoyo constante del soporte multimedia, incluido un truco a través de Twitter. Lo más interesante está en el modo en que el mago muestra ciertos hilos, revela parte de la trama, e instala el misterio con arte, carisma y un sólido manejo de la manipulación y sugestión para acertar el número telefónico de una espectadora o inducir a otro a que, sin mirar, dirija su dedo al rostro de Marilyn Monroe.
El plato más extravagante, inclasificable y sabroso de la carta se llama Éxito de taquilla (viernes, 23.15), una pieza de “humor obsesivo-compulsivo”, de título profético, pues con las reglas de la casa arriba mencionadas, se mantiene en cartel desde enero. Pablo Aguirrezábal, el tipo más gracioso de esta generación de humoristas, despliega su mezcla de absurdo, surrealismo, ingenuidad y ternura casi infantil para desternillar de risa junto a Moncho Licio, un voluminoso antihéroe que, en la misma línea de su compañero, completa un dúo cómico como los de antes.