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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Rulo, un compañero de trabajo de Fortunato, le había dicho que la reunión del Consejo de Ministros de Playa Pascual había sido un circo, lleno de abucheos a Bonomi, silbidos a Rossi, entredichos e insultos entre los autoconvocados y los barrabravas del Sunca, preguntas impertinentes a Tabaré de nenitos programados por los padres, y toda suerte de improperios cruzados entre vecinos a favor y vecinos en contra del gobierno.
Fortunato no había visto nada en la tele, pero sabía que el informativo de cierre iba a pasar un resumen, por lo que, concluida la cena, se apoltronó en su sillón, listo a presenciar aquel aquelarre que le había descripto su amigo en la oficina. Agreguemos que el pobre Fortu venía con poca resistencia, porque había tenido una jornada agotadora, ya antes de que empezaran las informaciones venía parpadeando de sueño y fatiga.
—Amigos telespectadores —arrancó en informativista—: la reunión del Consejo de Ministros en Playa Pascual ha tenido una serie de aristas muy originales, y ha permitido apreciar perfiles muy originales en las posturas de diferentes grupos, tantos y tan variados han sido los colectivos asistentes a este encuentro…
—Eso no quiere decir nada —barruntó para sus adentros Fortunato, que en su interior clamaba para que le mostraran de una vez lo que había pasado, porque ya no aguantaba más de sueño, bostezando con los ojos entrecerrados.
—Le doy la palabra entonces al ministro Bonomi —dijo el presidente Vázquez en la grabación que se estaba exhibiendo, mientras las cámaras enfocaban al controvertido ministro del Interior— para que presente su informe.
Fortunato parpadeaba, pero le pareció escuchar una atronadora salva de aplausos mientras Bonomi farfullaba sus palabras iniciales.
—Silencio, por favor —dijo Tabaré—, dejemos hablar al ministro, los aplausos para el final.
Y Bonomi empezó a dar una cantidad de cifras que indicaban que las rapiñas habían descendido un 30% en el primer trimestre del año, y que los recientes homicidios estaban confinados a dos conceptos: ajustes de cuentas entre narcotraficantes, y ajustes de cuentas entre cónyuges, siendo pues que los únicos dos homicidios fuera de estas categorías permitían inferir que la tasa de muertes violentas estaba en clara disminución, esperándose que llegara a cero antes de fin de año. Nuevamente batieron las palmas de los asistentes, con gritos de ¡bravo!, ¡arriba el PADO!, ¡grande, Bicho!, que le hacían sospechar a Fortunato que ya debería estar dormido, porque eso no coincidía para nada con lo que le había contado el Rulo en la oficina.
A continuación, los autoconvocados empezaron a cantar el Himno, siendo rodeados por cientos de afiliados al Sunca, quienes se abrazaron con los representantes del nuevo movimiento y juntos entonaron a coro las estrofas del himno patrio, culminando con aplausos conjuntos y comentarios elogiosos de unos para otros.
—¡Los autoconvocados agradecemos al Sunca esta actitud de solidaridad y compañerismo! —gritó uno de los canarios de boina ladeada, bombachas y botas, cinto con hebilla de oro y facón caronero atravesado en la espalda.
—¡Y nosotros les agradecemos a ustedes que nos ayuden a despertar la conciencia ciudadana apoyando al gobierno en su gestión en favor del pueblo oriental, hermanos de la campaña! —vociferó Oscar Andrade desde su camisa roja abierta hasta en tercer botón.
Culminado este intercambio, autoconvocados y sindicalistas corearon el eslogan de la unidad:
—¡El pueblo, unido, y el país productivo! —vociferaron entre todos, repitiéndolo varias veces, mientras el gabinete entero, y el propio Tabaré Vázquez, se ponían de pie y aplaudían este gesto tan patriótico como inesperado.
Recuperada la calma, la imagen de la tele hizo un paneo de la concurrencia bajo la carpa, pudiéndose comprobar que todos sonreían y comentaban por lo bajo la satisfacción de estar participando en un acto de estas características. Fue entonces cuando un niño de unos diez años pidió el micrófono y se dirigió al Dr. Vázquez.
—Señor presidente —dijo el niño. Me llamo Braulio y quiero decirle que todas las noches rezo por usted antes de acostarme, y le pido a Dios que lo ilumine para siempre, ¡para que pueda seguir derramando bendiciones sobre nuestra tierra oriental, que tanto le agradece su gestión y su corazón comprometido con el destino de los más humildes, que, como decía Artigas, deben ser los más favorecidos…!
—Yo te agradezco, pequeño, desde el fondo de mi corazón —replicó el primer mandatario— ¡y encarno en ti el símbolo de la niñez generosa y bien intencionada que surge de las aulas de las escuelas públicas, fruto de la siembra desinteresada y sacrificada de las humildes maestras que logran que las palomitas de las túnicas blancas y las moñas azules vuelen por los cielos de la patria augurando un futuro mejor para todos!
Acto seguido, el presidente le dio instrucciones al secretario de la Presidencia para que publique en la página oficial el currículum de Braulio, que ha pasado con sobresaliente todos los años escolares que lleva, pero que además colabora en el merendero del colegio, sirviéndoles la comida a dos compañeritos discapacitados, y ayudando a la limpiadora de la escuela rural a la que asiste a lavar los platos y las tazas después de la merienda.
La ceremonia había concluido, y la delegación oficial, con el presidente al frente, abandonaba la carpa entre vítores y aplausos del pueblo circundante.
Fortunato abrió un ojo y le gritó a su esposa que el Rulo le había mentido, y que el acto de Playa Pascual había sido un reconfortante encuentro entre orientales.
Su esposa le dijo que estaba soñando y que se había quedado dormido desde el principio, y aprovechó para informarle que había llamado a la esposa del Rulo para decirle que no irían el sábado al cumple de 15 de su hija.
—No quiero que copen el salón los encapuchados y me afanen el reloj que me regalaron mis padres cuando cumplí mis quince —concluyó.