Montevideo es una caótica ciudad sin trenes eléctricos, sin metro, sin tranvías, sin ciclovías. Las que hay son una broma pesada.
Montevideo es una caótica ciudad sin trenes eléctricos, sin metro, sin tranvías, sin ciclovías. Las que hay son una broma pesada.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSalir a la calle con poca plata implica esperar eternamente un bus de higiene precaria, funcionarios malhumorados y plantón de 40 minutos hasta que se llega a destino, acompañado por empujones, ahogos de mal olor, pisotones y hasta grescas entre ciudadanos.
Salir con buena plata y un buen coche implica la pesadilla de las calles atoradas, diseñadas para un mundo que ya no es, sin túneles ni autopistas, con carros de caballo.
Hoy, además, en las calles merodean inquietantes cuidacoches que cobran bajo amenaza, pero que se autodenominan trabajadores.
No tengo auto y creo que a esta altura nunca lo tendré, temo meterme en ese devenir de uruguayos agresivos aferrados al volante, ferozmente alertas a los errores de los otros y que en cambio disfrutan de los propios, con el placer del que viola las normas y no pasa nada.
Temo chocar, cobrarme la vida de un ser humano, o simplemente que me grite un conductor: “¡Mongólica! ¿Qué hacés?”, u otro: “¡Andá a lavar los platos!”
Pero no puedo renunciar a la bici, aunque pasen los años y los kilos avancen. No es una moda, como ahora se pretende. Toda la vida hombres y mujeres han ido a trabajar o a estudiar en bici, para ahorrarse el boleto, para no esperar en la odiosa parada, para ser libres.
Cuando me tomo un Copsa para ir a trabajar a la Costa de Oro veo decenas de ciclistas arriesgando su vida entre buses desaforados y autos imprevisibles. Al costado, un inútil cantero, ancho como un mar verde, se llena de mugre y nada, a lo largo de toda Avenida Italia.
Me han dicho que ese cantero, en años remotos, fue previsto para que un tren llegara de Punta del Este a la estación de AFE. ¡Oh, qué bello sueño nunca realizado! Luego apareció Arana con su multitud de promesas y nos llenó los oídos con el tren de la Costa.
Lo cierto es que el cantero de Avenida Italia, que sería un extraordinario espacio para una ciclovía segura, hoy es terreno baldío. Han crecido árboles, hay decenas de cacas de perro y personas que duermen en la cama mullida de los pastos la siesta de la pasta base.
¿Cuánto puede costar a una Intendencia que cobra soberanos impuestos hacer una ciclovía en ese cantero? ¿O en el de Bulevar Artigas? ¿O en el de Bulevar España? ¿O en las anchas veredas ciudadanas?
¿Cuántas bicis más saldrían a la calle?
¿Cuántas vidas perdidas se hubieran cuidado?
¿Estaríamos unos centímetros más cerca de Barcelona, de Berlín, de Tel Aviv, de San Pablo?
Los autos se multiplican como conejos y el espacio público debe hacerse amigable para las bicis. Pero en Uruguay se construyen ciclovías a regañadientes. En la Ciudad Vieja se cortan a las diez cuadras, como en un cuadro de Escher.
O se hacen de arenoso pedregullo, como en Rocha. ¿Será exclusivo de Uruguay tal disparate? Los jadeantes ciclistas pueden terminar en el suelo con una pierna rota.
Yo solo me gané un moretón en medio muslo.