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Un disco de tango de un bandoneonista uruguayo con doce composiciones nuevas no aparece todos los días. Y si el autor se llama Néstor Vaz el asunto es doblemente interesante. Y si la obra está inspirada en las tres ciudades más importantes de su vida, situadas a miles de kilómetros entre sí, el misterio está a la altura del atractivo.
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Este músico nacido en Florida hace 67 años, debutó a los 15 en el Quinteto Imperial, pasó por formaciones históricas como Tango por dos, Tango 4, Trío Castro-Vaz-León, formó septetos, octetos y nonetos, hasta que se afincó en su actual quinteto, junto a músicos referentes como Álvaro Hagopián (piano), Matías Craciun (violín), Jorge Nocetti (guitarra eléctrica) y Cono Castro (contrabajo), una formación que remite al Piazzolla clásico. Ha transitado la escena uruguaya, por lo general como intérprete, y se ha ganado un lugar como uno de los mejores exponentes de la obra y el estilo de Piazzolla.
Ahora presenta tres suites de cuatro movimientos cada una, inspiradas en Montreal, Amsterdam y Montevideo, las tres ciudades más significativas de su vida, “que me cobijaron en momentos difíciles”, como dice en las notas de este CD de notable sonido, que revela la calidez de los estudios Sondor, donde fue grabado.
En la Suite montrealaise predomina la calma, la melancolía serena de una ciudad que vive bajo nieve casi la mitad del año, donde el otoño regala una inmensa paleta de tonos en las hojas que caen, a las que les dedica una pieza. Las extensas frases de bandoneón, violín y guitarra evocan la soledad de una ciudad perfecta para perderse entre el río, el monte, la historia y la modernidad.
Serie Ámsterdam, la más piazzollesca de las tres suites, sube el pulso y contagia otro tipo de entusiasmo. El clima más picadito de Café Hans en Grietje evoca una ciudad donde cada rincón es una postal, con sus canales, sus fachadas ideales para buenos observadores y sus entrañas cargadas de acuarelas y óleos de Van Gogh, Rembrandt y Vermeer. Frente a Vicent ofrece el descanso después de tanto ajetreo. Si se quiere, esta es también la más porteña de las tres estaciones en que se detiene la obra.
Montevideo aparece al final, en la Serie Ramblas, con un tango de graves machacados —Bacana— y el cruce con sus otros tres estilos ciudadanos por excelencia: el candombe en Parlesur, en torno a un leitmotiv potente que recuerda a la guardia nueva de Manolo Guardia; la milonga, en Prostibularia, primero en su faceta rural sosegada y luego en el modo urbano, que invita al baile; y la murga, en Proleta, que comienza con la arquetípica frase de piano de Piazzolla para mutar en una retirada murguera a tiempo de marcha camión, antes de la penúltima copa y volver a casa.