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Sobre el fin de semana pasado, en medio de la tormenta desatada con Argentina por la autorización del gobierno a que la pastera UPM aumente su producción, un ministro telefoneó a la Torre Ejecutiva desde Buenos Aires. Estaba como invitado en un evento organizado por el Grupo de Acción Financiera de Sudamérica (Gafisud), donde se aguardaba la presencia de la presidenta argentina Cristina Fernández, y necesitaba instrucciones sobre los pasos a seguir en momentos de alta tensión bilateral. ¿Qué hacía, por ejemplo, si los juntaban en una foto? ¿Se negaba o accedía a posar sonriente con la mandataria? Las preguntas del jerarca, confiadas a Búsqueda por fuentes del gobierno, revelan el tono de lo que se vivía hasta hace unos días entre los gobiernos de Uruguay y de Argentina.
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Un ambiente tenso que con el paso de las horas se ha ido atemperando en sintonía con la estrategia que busca el gobierno: bajar las revoluciones, hablar poco y nada del tema, “encapsular” el conflicto bilateral por la pastera y “no generar mayores rispideces”. “Si yo pudiera encapsular el tema de UPM lo haría, de modo que esto no perjudique los otros temas que están en la agenda”, declaró el vicepresidente Danilo Astori el domingo 6 a la salida del congreso del Nuevo Espacio. Tan solo unas horas antes había existido fuego cruzado entre ambas orillas del Río de la Plata. El miércoles 3 el presidente José Mujica había anunciado en su despacho de la Torre Ejecutiva que el gobierno había resuelto autorizar el aumento de la producción de UPM, que pasaría a producir 100.000 toneladas más de pasta de celulosa, la mitad de lo que la empresa había solicitado. En Argentina hubo reacciones a todo nivel. Y todas tendían a reeditar viejos escenarios de conflicto entre los dos países. Desde el canciller argentino, Héctor Timerman, acusando al gobierno uruguayo de violar tratados internacionales y anunciando que volverían a recurrir a la Corte Internacional de La Haya, hasta los ambientalistas de la provincia de Gualeguaychú que amenazaban con desempolvar estrategias de lucha para manifestarse en contra de la pastera. En el medio, mensajes irónicos de un lado a otro. Mujica dijo que “el tajamar” de su chacra “genera más fósforo que la planta de UPM”. “Que se preocupe más por su chacra”, respondió Timerman horas después.
Sin embargo, y pese a que el domingo se concretó incluso una ruidosa marcha en la cabecera del puente General San Martín, la semana comenzó con los decibeles mucho más bajos.
El lunes 7, durante la reunión del Consejo de Ministros, nadie hizo alusión al tema. El ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, afirmó tras el encuentro que el asunto no estuvo en la agenda del Gabinete. Según publicó “El Observador”, el presidente José Mujica ordenó que haya “silencio” en torno a UPM, el mismo silencio que el gobierno mantuvo anoche cuando el canciller Timerman envió un nuevo mensaje y reclamó que se deje sin efecto la decisión de aumentar la producción de la pastera. Del lado uruguayo la estrategia es clara, y la intención de transitar con bajo perfil este momento contó con el inesperado aporte del quebranto de salud de la presidenta argentina. La repentina internación de Fernández de Kirchner en la noche del lunes para operarla de un hematoma craneal, inevitablemente desvió la atención. Mientras la mandataria era intervenida —y tanto los medios locales como los de la vecina orilla relataban casi el minuto a minuto de la cirugía y su recuperación— la crisis entre Argentina y Uruguay quedaba en un beneficioso segundo plano para los intereses del gobierno de Mujica.
Anoche,Argentina volvió a enviar señales sobre el conflicto, pero se advirtió un ánimo más afín al diálogo, menos crispado que el que exhibió Timerman la semana pasada. Mientras el presidente uruguayo estaba sentado en primera fila para ver el concierto de la banda de rock Aerosmith en el Estadio Centenario, el canciller argentino anunciaba en conferencia de prensa que va a “esperar un par de días” antes de llevar el reclamo a La Haya e instaba a seguir negociando. “El gobierno argentino solicita formalmente al gobierno uruguayo que retrotraiga la decisión y que continuemos en la mesa de diálogo”, dijo Timerman, según publicó el portal Casa Rosada. “Le enviamos a Uruguay dos mensajes, este es el tercero”, dijo Timerman, que acompañado del gobernador de Entre Ríos, Sergio Uribarri, presentó además el informe final sobre el monitoreo conjunto de UPM elaborado por científicos argentinos. Allí abundó sobre los datos ya presentados la semana pasada y enfatizó que la empresa UPM vuelca al río Uruguay diversas sustancias tóxicas —cromo, níquel, fósforo y fenoles, entre otros— por encima de los niveles permitidos. También denunció que se detectaron altos índices de endosulfán (un agroquímico) en los efluentes. El canciller insistió en la decisión “unilateral” del gobierno uruguayo de aumentar la producción de la planta.
Elecciones.
Antes de que el curso del conflicto ingresara en este plano, el vicepresidente había advertido que la inminencia de las elecciones legislativas en Argentina podría magnificar el escenario de conflictividad en torno al aumento de producción de la planta: “A veces la proximidad de un evento electoral perjudica. Todo esto tiene que ver con la política. Lo que ocurre es que a veces la realización de una experiencia electoral —y Argentina está a pocos días de una decisión absolutamente fundamental para el gobierno y la oposición como son las elecciones legislativas— puede exacerbar los ánimos de una manera inconveniente”. Según admitieron fuentes de la Torre Ejecutiva a Búsqueda, desde la Casa Rosada hubo reproches al gobierno uruguayo por no haber esperado hasta después de los comicios para autorizar a UPM. Mujica había argumentado su resolución, justamente, haciendo alusión a las elecciones argentinas y a la imposibilidad de seguir negociando con ese telón de fondo porque es cuando “se pierde la racionalidad”. El gobernador Uribarri, quien tuvo algunas salidas poco diplomáticas en este conflicto —declaró que la pastera es una “amenaza real” y que el gobierno uruguayo “se pasa por tu sabes dónde” los reclamos argentinos— se perfila como posible candidato kirchnerista para las elecciones de 2015.
Dos versiones.
Entre el miércoles 2 y el jueves 3, la diplomacia argentina y uruguaya se enviaron mensajes duros y contradictorios sobre el aumento de la producción de UPM y el monitoreo ambiental. Mientras el canciller Timerman dijo que se trató de una decisión “unilateral” de Uruguay, que “afecta la soberanía ambiental de la Argentina, viola los tratados entre ambas naciones y la propia sentencia del Tribunal de La Haya”, su colega uruguayo respondió en conferencia de prensa que el gobierno “recurrió al Estatuto del Río Uruguay” para tratar la ampliación de producción de la planta y que la resolución se inscribe “dentro de los límites del digesto de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU)”. “La solicitud de incremento de producción fue presentada en tiempo y forma a la CARU, en marzo del año pasado”, agregó. Timerman también detalló, sobre la base de informes argentinos, que los niveles de fósforo y la temperatura de los efluentes arrojados al río Uruguay, estaban por encima de los permitidos y también advirtió por la presencia de pesticidas. El mismo día que habló Almagro también lo hicieron el ministro de Ganadería, Tabaré Aguerre, y la ministra interina de Vivienda, Raquel Lejtreger. Ambos refutaron los datos divulgados por el canciller argentino apelando a informes de la CARU. Lejtreger aseguró que la empresa “hoy no contamina” y habló sobre “diferencias de interpretación” entre los estándares del vertido y los estándares de la calidad del agua.