No daba entrevistas. Cuando las daba, Patricia Highsmith era seca, cortante y siempre punzante. Y cuando se hartaba del entrevistador, se retiraba sin más.
No daba entrevistas. Cuando las daba, Patricia Highsmith era seca, cortante y siempre punzante. Y cuando se hartaba del entrevistador, se retiraba sin más.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLo que sigue es el extracto de una rara entrevista que la escritora concedió al diario catalán La Vanguardia:
—¿Cuál es la pregunta que todavía no le han hecho a Patricia Highsmith?
—No sé. Algo relacionado con mis pies, supongo. Nadie me ha preguntado nunca por mis pies. ¿Sabe qué número calzo? Un 41. No está mal para una mujer.
—¿Existen animales literarios puros?
—Yo no, desde luego.
—¿Contribuyeron sus padres al nacimiento de su carrera literaria?
—Contribuyeron con la sangre, en la medida de la sangre. Pero nada más. En este sentido, nadie guio mis primeros pasos, nadie.
—De niña, usted tenía una pesadilla terrible…
—¿Una pesadilla?
—Sí, algo relacionado con el insomnio…
—Pero no era una pesadilla porque me sucedía estando despierta. Era miedo a quedarme dormida. Pensaba que si me vencía el sueño, dejaría de respirar. Fue a los diez años.
—¿Está de parte del ladrón?
—De ninguna manera. Nunca estuve de parte del ladrón.
—Detrás de las mejores novelas, ¿hay en el fondo un gran libro de suspenso?
—Ante todo debo decirle que el concepto “suspenso” es un término comercial, algo vinculado a las editoriales o notas de divulgación. No puedo imaginarlo como un estilo, pero sí como una actitud, o mejor aún, como cierta tensión interna, cierto juego que otorga a cada libro un sabor específico.
—¿Piensa que después del primer crimen, el asesino pierde su último reflejo moral?
—Yo no sería tan categórica. Lo que está claro es que algo se rompe, algo cambia irremediablemente.
—Si Ripley fuera una mujer… ¿Acabarían sus relaciones en una homosexualidad activa?
—Extraña pregunta. La verdad es que no lo he pensado nunca. Será cuestión de empezar a imaginarme a Ripley como mujer. Sí, será divertido; pero a condición de que usted se imagine a Goethe también como una mujer.