• Cotizaciones
    viernes 26 de junio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Goethe como una mujer

    No daba entrevistas. Cuando las daba, Patricia Highsmith era seca, cortante y siempre punzante. Y cuando se hartaba del entrevistador, se retiraba sin más.

    Lo que sigue es el extracto de una rara entrevista que la escritora concedió al diario catalán La Vanguardia:

    —¿Cuál es la pregunta que todavía no le han hecho a Patricia Highsmith?

    —No sé. Algo relacionado con mis pies, supongo. Nadie me ha preguntado nunca por mis pies. ¿Sabe qué número calzo? Un 41. No está mal para una mujer.

    —¿Existen animales literarios puros?

    —Yo no, desde luego.

    —¿Contribuyeron sus padres al nacimiento de su carrera literaria?

    —Contribuyeron con la sangre, en la medida de la sangre. Pero nada más. En este sentido, nadie guio mis primeros pasos, nadie.

    De niña, usted tenía una pesadilla terrible…

    —¿Una pesadilla?

    Sí, algo relacionado con el insomnio…

    —Pero no era una pesadilla porque me sucedía estando despierta. Era miedo a quedarme dormida. Pensaba que si me vencía el sueño, dejaría de respirar. Fue a los diez años.

    —¿Está de parte del ladrón?

    —De ninguna manera. Nunca estuve de parte del ladrón.

    Detrás de las mejores novelas, ¿hay en el fondo un gran libro de suspenso?

    —Ante todo debo decirle que el concepto “suspenso” es un término comercial, algo vinculado a las editoriales o notas de divulgación. No puedo imaginarlo como un estilo, pero sí como una actitud, o mejor aún, como cierta tensión interna, cierto juego que otorga a cada libro un sabor específico.

    —¿Piensa que después del primer crimen, el asesino pierde su último reflejo moral?

    —Yo no sería tan categórica. Lo que está claro es que algo se rompe, algo cambia irremediablemente.

    Si Ripley fuera una mujer… ¿Acabarían sus relaciones en una homosexualidad activa?

    —Extraña pregunta. La verdad es que no lo he pensado nunca. Será cuestión de empezar a imaginarme a Ripley como mujer. Sí, será divertido; pero a condición de que usted se imagine a Goethe también como una mujer.