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    miércoles 12 de junio de 2024

    Hacer girar la rueda del conocimiento

    Nº 2197 - 27 de Octubre al 2 de Noviembre de 2022

    Son múltiples los diagnósticos que señalan el estado de agonía del sistema educativo actual. Los jóvenes uruguayos no le encuentran propósito a lo que hoy se les enseña, se sienten desmotivados por estándares rígidos y uniformes que no son compatibles con sus realidades, y sienten desconexión entre las formas y contenidos que el sistema les ofrece y las herramientas que creen precisar para el mundo en el que viven. La forma que tienen estos jóvenes de manifestarse es “votando con los pies”. En los últimos 10 años, la matrícula de educación media en CETP-UTU aumentó en 25.000 estudiantes, al tiempo que bajó en 9.000 estudiantes en educación secundaria. Esta migración masiva confirma que muchos de nuestros jóvenes están en la búsqueda de opciones de formación asequibles y con mayor aplicabilidad directa. Otros muchos, sin embargo, consideran que no hay buenas alternativas, lo que redunda en que seis de cada 10 abandone el sistema antes de terminar la educación formal obligatoria. No solo tenemos una de las tasas de abandono más altas de América Latina, sino que, entre los que permanecen en el sistema, la mitad no alcanza los niveles mínimos de conocimientos en lengua o matemática, y somos el país de América Latina con mayor desigualdad socioeconómica en los rendimientos académicos.

    Todo esto sucede en un contexto global en el que la palabra que define el progreso es conocimiento. En una era de innovación permanente, de avance tecnológico acelerado, y disrupciones a las lógicas productivas. En un tiempo en que la inteligencia artificial, la ciencia de datos, el aprendizaje automático, la biotecnología, la genómica y la robótica se cuelan en todas las dimensiones de nuestra vida, no solo en lo productivo, sino desafiando identidades, libertades, salud, relaciones y órdenes sociales y políticos.

    Sería deseable que todos los uruguayos tuviéramos estos datos bien a mano al levantarnos cada día, no solo para recordarnos que el status quo no puede ser una alternativa, sino para decir: ¿qué puedo hacer hoy para contribuir a mejorar las oportunidades educativas en este país? ¿Cómo ayudo a empujar el carro hacia adelante? Seguramente haya varios caminos hacia donde conducirlo, pero no debería haber un solo uruguayo que dude de que ese carro no puede quedarse quieto. Y de que tiene que avanzar rápido. La realidad no da tregua, no admite más demoras. ¿Cuántas generaciones más vamos a sacrificar por nuestra reticencia a cambiar?

    La reforma educativa de ANEP propone una hoja de ruta que marca una dirección, sin forjar a fuego ni encorsetar soluciones. Los principales ejes que plantea recogen diagnósticos y propuestas basados en evidencia nacional e internacional y que han sido discutidos y consensuados por un importante número de técnicos de todo el espectro político nacional. Por razones de espacio, me limito a describir los titulares, aunque en otra nota me detendré a comentar sobre investigaciones que sustentan algunos de estos lineamientos.

    En primer lugar, se transforma el marco curricular (el marco conceptual que define qué es lo que se espera que el alumno aprenda y con qué estrategias), pasando de un enfoque basado en contenidos y disciplinas a otro basado en competencias. Las competencias son habilidades y actitudes que permiten que el conocimiento se aplique eficazmente a la resolución de problemas reales. El nuevo marco curricular identifica las principales competencias que se espera que los estudiantes tengan al egresar de la educación formal (perfiles de egreso), incluyendo competencias del pensamiento (creativo, crítico, científico y computacional); competencias comunicacionales; la capacidad de relacionarse con otros y consigo mismo; la orientación a la acción y la capacidad de ser un buen ciudadano. Este nuevo marco requiere trabajar con pedagogías más activas, que den a los estudiantes más oportunidades para conectar lo que aprenden con la realidad. Los saberes a trabajar se organizan en torno a alfabetizaciones fundamentales (matemática y lengua), la promoción de ciencia y tecnología, la educación para la salud y el bienestar, el ejercicio de la ciudadanía, el desarrollo ambiental sostenible y la inclusión. A diferencia de los marcos curriculares anteriores, que planteaban objetivos y programas específicos a cada subsistema educativo (educación inicial y primaria, educación media básica y superior, educación técnica y formación en educación), el nuevo marco plantea objetivos y estrategias integrales a todos los subsistemas de la educación formal, pero permitiendo, por otro lado, una suficiente flexibilidad como para que las estrategias pedagógicas sean adaptadas a las condiciones y ciclos específicos de los estudiantes.

    En segundo lugar, la reforma busca proteger las trayectorias académicas, es decir, contribuir a que los estudiantes progresen adecuadamente (no repitan) y a que culminen los ciclos educativos a través del acompañamiento diferencial. Una de las iniciativas en este sentido es el plan de educación básica que integra educación inicial y los seis grados de primaria con los tres primeros grados de ciclo básico (que pasan a llamarse 7º, 8º y 9º grado). La educación básica pasa a organizarse en ciclos de dos grados, de forma tal que si un estudiante tiene dificultades en un grado, tiene ese grado y el siguiente para poder ponerse al día sin repetir. El lineamiento de protección de las trayectorias tiene, además, un foco especial en los estudiantes más vulnerables. La iniciativa más emblemática en este sentido es la de los liceos María Espínola, de tiempo completo y enfocados en estudiantes de los dos quintiles más bajos de ingresos. Además de una extensión del tiempo que los estudiantes están en el centro educativo, estos liceos incluyen figuras de apoyo en la coordinación y personalización de los distintos procesos de enseñanza. Se busca darle una mayor participación al estudiante en sus decisiones educativas a través de elecciones de asignaturas optativas y se plantea un vínculo más estrecho de coordinación con la familia y la comunidad. Los directores de estos centros han sido capacitados en el manejo de herramientas de gestión y se apuesta a la permanencia de los equipos docentes en el centro.

    El tercer lineamiento tiene que ver con el fortalecimiento de la gestión y una mayor autonomía de los centros educativos en el marco de comunidades integradas y de aprendizaje. La alta desconexión que sufren los jóvenes hoy con los programas educativos se debe en buena parte a la enorme rigidez y centralidad del sistema y a las dificultades que tienen los centros y los docentes para innovar, ser unidades de cambio y adaptarse a las necesidades de los estudiantes. Si bien hay muchas iniciativas loables de docentes en nuestras escuelas y liceos, cuando se trata de introducir cambios, la mayoría trabajan con poco apoyo y a contracorriente. Para avanzar en este sentido, se propone dar más autonomía a los centros para que trabajen en proyectos propios y, al mismo tiempo, fortalecer a los equipos directivos en herramientas de liderazgo y gestión.

    Por último, nada de lo anterior es posible sin una reestructuración profunda de la formación docente, la formación en servicio (luego de que el docente está recibido y mientras está ejerciendo) y la carrera profesional docente. Los nuevos lineamientos del marco curricular exigen capacitación. Entre otras cosas, se va a precisar reencauzar la formación docente a un enfoque por competencias, con una visión integral e inclusiva del estudiante. Es clave darles más herramientas a los docentes para que investiguen e innoven (desde un enfoque de formación universitaria), y para que incursionen en el uso de pedagogías más activas y de dispositivos personalizados a las características de los estudiantes.

    A través de los lineamientos anteriores, ANEP plantea un marco coherente para empezar a hacer girar las ruedas del sistema educativo. Un marco que, además, pretende que las iniciativas y procesos de innovación y cambio surjan paulatinamente de los propios docentes, los estudiantes y los centros educativos. La clave del éxito va a estar en la implementación, que exige liderazgo y voluntad política, recursos y algunas modificaciones institucionales adicionales. El sistema político debe ser cuidadoso con los palos en la rueda. Muchas de las iniciativas planteadas van a requerir recursos adicionales, como, por ejemplo, las de un mayor apoyo diferencial a estudiantes vulnerables o la implementación de horas de coordinación docente. Otras, como la mayor autonomía de centros y los proyectos de centro, exigirán revisar aspectos institucionales como el sistema de elección de horas o la evaluación y promoción docente. Y algunos, como la transición de 6° a 7° grado en busca de una mayor fluidez de las trayectorias educativas, empezarán a medias, y se irán ajustando sobre la marcha.