No digan que no se los dije: desde el primer momento insistí en que Mujica tenía pasta para ser un hit internacional. Estaba revisando mis columnas en sus primeros meses de gestión, y aparecen cosas como esta:
No digan que no se los dije: desde el primer momento insistí en que Mujica tenía pasta para ser un hit internacional. Estaba revisando mis columnas en sus primeros meses de gestión, y aparecen cosas como esta:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl éxito internacional de Mujica está asegurado, deberíamos utilizarlo como producto nacional de marketing para destacar de alguna otra manera que no sea el fútbol. Su aspecto de asceta semirrural, las pausas emotivas, la teatralidad, la intensidad del viejo tirapostas, un personaje conocido por todos, un ícono de la narración clásica. Es el Maestro Yoda con lentes de sol, es Sancho Panza entrado en años y después de la muerte de Don Quijote, es el hermano simpático del Viejo Vizcacha, es Virgilio vestido con un jogging que se embolsa en las rodillas y un buzo de lana estirado con pelotitas, mostrándole los diferentes círculos del boliche infernal a algún gil que cayó ahí; pero a su vez es la ardillita de la “Era del Hielo”, y es Droopy porque está en todos lados, sin dejar de ser al mismo tiempo un hombre tatú-mulita conectado con el mundo animal desde lo metafísico. No puede fallar. Deberíamos llevarlo por las cumbres (a las que llega en avión de línea y clase turista, acoto, ¡es perfecto!, en cualquier momento empieza a viajar en una combi, con las bolsas de arpillera y los perros siguiéndolo), mostrarlo como símbolo de nuestro progresismo galopante. Hay que dejar claro quién manda en la tabla mundial de los progre.
Hoy, casi al fin de su mandato, sostengo lo mismo: debimos haberlo usado como “Presidente internacional”, de viaje permanente hablando de todos los temas en todos los acontecimientos internacionales de relieve (llámese cumbre de la ONU, la OEA, el Río+20, el Rock in Río, el Festival de Viña del Mar, los Oscar, la Corrida de San Fermín, etc.). Y acá, gobernando para adentro y sin que el mundo lo sepa: Astori. Esa era la ecuación perfecta. Mujica para afuera concretó todo lo que no pudo concretar adentro. No se puede estar de acuerdo ni en desacuerdo con su gestión porque no hizo nada que pueda ser evaluado. Con Tabaré se podía discutir sobre la reforma tributaria, la reforma de la salud, etc., con Batlle se podía coincidir o no en cómo gestionó la crisis, con Mujica no hay gestión, ni reforma, no hay nada. Lo más parecido a algo fue la bobada de la marihuana que no es de él y en su momento se largó para tapar los otros proyectos normativos más bien represivos que venían adentro del paquete del Ministerio del Interior, y así disminuir la culpa que sentían los progre ante este tipo de medidas (¿se acuerdan de los megaoperativos policiales preventivos persuasivos que nada que ver con las razias?). Como el tema prendió internacionalmente siguió con eso, pero por supuesto ni siquiera esa pelotudez superficial está andando.
Porque ese es el gran problema de Mujica como gobernante: tiene devoción por los proyectos fallidos. El fusca hecho puré, el Mercosur, la revolución bolivariana, Ehrlich, el ferrocarril, el puerto de aguas profundas, el remate de los aviones de Pluna (suspendido), el plan juntos, la reforma del Estado, la chacra que no es chacra, el remate de Pluna (que resultó ser un fraude y se cayó a las 24hs), la perra de tres patas, los presos de Guantánamo, Piriápolis (hace poco declaró que era su balneario predilecto), las familias sirias, Huidobro, el impuesto al agro inconstitucional, alas-uruguay, todo lo que pueda ser un proyecto que haya quedado por la mitad o no funcione con todas sus capacidades, a Mujica le encanta.
El mundo ama a Mujica, y en Uruguay —proyecto fallido por excelencia, un país fallido hijo de la derrota del héroe libertador más fallido de la historia—, las mayorías no lo respaldan ni lo aprueban, las mayorías lo aman. Lo adoran como al uruguayo que hace goles en el exterior y nos confirma nuestra existencia.