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Cuando un líder pierde don de mando, cuando no genera ese miedo al que algunos prefieren llamarle respeto (el respeto sin el miedo atrás no funciona, es como el periodista deportivo sin los rulemanes: carece de sustento, no subsiste por sí solo), cualquier cara de loco se le planta y lo desautoriza. ¿Qué aconseja el Manual del Poder para retomar ese respeto-miedo que necesita un líder desautorizado? Actuar bajo aquel viejo, simple, pero recordado eslogan del Roberto Giordano del Estado Islámico: “¡Cortando las cabezas! ¡nos vamos cortando las cabezas!”. Hay que cortar alguna cabeza, y dentro de lo posible incrustarla a modo de adorno encima de la chimenea o ponerla como centro de mesa en el despacho de uno para que el resto la vea al entrar.
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Las dos cabezas rodantes del MEC que salieron del escritorio de María Julia Muñoz esta semana sirven como ejemplo de la crisis de la educación a la que no se le puede decir crisis. El director de Educación, Juan Pedro Mir, fue obligado a renunciar por profanar una metáfora del presidente que nadie sabe exactamente lo que quiere decir, al expresar en un congreso que no iba a ser posible “cambiar el ADN de la educación” y con suerte se iba a conseguir una “transfusión”.
Es excelente, no la metáfora, ni la de Vázquez ni la de Mir, lo resaltable es que uno de los dos puntales para llevar adelante la Reforma Educativa prometida a la que no se le puede llamar reforma porque es una palabra prohibida dentro de los gremios docentes al igual que “Rama” y “chilena” (no digan ninguna de esas palabras ante un grupo de docentes, a menos que su sueño sea arder en una pira), es despedido de su cargo a ocho meses de asumir por una deslealtad metafórica. Es de los despidos más literarios que ha tenido el mundo en lo que va del siglo XXI. Si eso no es una mejora en la educación, no sé qué esperan ustedes, Umberto Eco estaría fascinado con el incidente. Por si fuera poco, esa cabeza rodante —permítanme la metáfora— generada por la violación de la metáfora presidencial favorita (no era cualquier metáfora, aclaremos, era una de las preferidas del presidente, no es sensato meterse en la metáfora preferida al presidente y manosearla delante de otros, es casi como usarle las pantuflas, aprendan esto chiquilines: la metáfora de uno termina donde empiezan las metáforas de las demás), arrastró al otro encargado de llevar adelante la parte que se supone es concreta y real, esa a la que hubo que mencionarla con la metáfora del ADN para no decirle reforma. A ese otro caído el propio Tabaré Vázquez nos lo había presentado como la estrella de su equipo educativo durante la campaña: Fernando Filgueiras (la “s” sobrante en el apellido pertenece a la presentación del presidente). Para protegerlos a ellos dos del espeso ambiente de la educación y las fuerzas oscuras del Codicen que te chupan el alma estaba María Julia Muñoz; fue ella misma quien terminó echándolos, y declaró a modo de corolario: “Vinieron juntos y se fueron juntos”, refiriéndose a los dos eyectados como si fueran adolescentes en edad liceal. Esa imagen, sin llegar a ser una metáfora, explica muchas cosas.
Mientras, Wilson Netto, presidente de la ANEP, que ha trancado toda propuesta que no venga de su corral, y permaneció invisible cuando el Ejecutivo se incendiaba en el conflicto de los docentes, y dijo alegremente que no era necesario desocupar las oficinas del Codicen porque igual podía trabajar desde su casa, y cerró su gesta mandando al Legislativo el pedido de un presupuesto para la educación tres veces mayor al fijado por el Ejecutivo, como para manijear un poco más a los docentes en contra del MEF; sigue intacto y es el ganador real de esta batalla metafórica. Dos metáforas celebratorias: 1- el pez grande se come al pez chico; 2- el hilo siempre se corta por el lado del más gil.