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    Haciendo boca

    Se les murió el Papa a los bolches-progre-marxistas latinoamericanos; mi respeto y condolencias para ellos. Fue lo suficientemente longevo como para ver fracasar ridículamente cada una de sus apuestas, y aun así su magnetismo sigue intacto por estas tierras; eso no hace más que reforzar el mito y comprobar su carisma a prueba de balas, porotos envenenados, y bombas brasileras disfrazadas de habanos que le puso la CIA. Un hijo célebre del siglo XX, mesiánico, temerario, y pretencioso como eran los líderes de su tiempo. Si vamos a hablar de Fidel ahorremos las categorías con juicio de valor moral barato (déjenlas para las redes morales), del estilo bueno, malo, solidario, revolucionario, hipócrita, etc. Fidel era un líder del siglo XX, con la fuerza de voluntad, la teatralidad, y la grandilocuencia hijas de esa época repleta de hombres fuertes a los que les gustaba agarrar la historia por las guampas y llevarla hacia donde les parecía mejor, en lugar de inventar una app o escribir una carta en el Facebook y hacerse viral.

    En el plano simbólico su victoria es indiscutible. Nadie miraría Cuba si no hubiera existido Fidel, sería una isla caribeña más, con las bondades y las desgracias típicamente caribeñas. Pero Fidel la transformó en un ícono, una metáfora, una narración épica de la sociedad más justa que todas las demás sociedades indignas y desiguales que nunca lo tuvieron a Él, que repartió las libretas y dividió los pescados, y si te toca un pollo en la libreta es porque ganaste la lotería de animales del mes que organiza el mesías, y deslumbró al continente con esa vida paradisíaca en la isla de la igualdad que es mucho mejor que la nuestra, según sus fieles, pero que yo igual te la voy regalando y prefiero esta vida menos rica en valores, pero con una pantalla LCD 42 pulgadas, wi-fi y NBA; lo admito: soy de esos hijos de puta que prefieren una sociedad un poco menos digna y con más acceso al confort, e incluyo en el confort la posibilidad de pensar las estupideces que uno quiera pensar en lugar de tener que plegarse al pensamiento único robotizado que te instala la revolución como un software desde chiquito, pero gustos son gustos.

    La Cuba de Fidel no era un país, la Cuba de Fidel no era un sistema económico; la Cuba de Fidel era una religión, más tirando a secta, les diría, con gente que cree muchísimo y se deja someter con el mayor de los gustos (y el sometimiento consentido casi no es sometimiento) por su líder y es feliz así y está buenísimo, sobre todo si se tiene la suerte de creer, si no te toca esa suerte, la vas a pasar mal; a la que se suma gente que cree desde afuera, tanto o más que la de adentro, y tiene todas las respuestas aprendidas y las suelta en catarata ante cualquier cuestionamiento de su dogma de fe. Un dogma que, como todo sistema religioso, no se puede explicar sin la presencia del maligno acechando, que justifica las acciones opresivas de la secta para defenderse de ese enemigo omnipresente, omnipotente y eterno responsable de las miserias, de todas las injusticias que persisten en la secta, y de todas las cosas que salen mal y responden a que el enemigo no permitió que salieran bien y nunca a la mera inoperancia o estupidez de quienes están al frente de la secta. La prueba más contundente de esto es que los creyentes de la Cuba de Fidel, internos o externos, no tienen dudas. Del otro lado está la gente que no cree en el dogma, y huye despavorida, con la valentía del que está muerto de miedo, al punto de que es capaz de tirarse al agua con tres maderas pegadas y olvidarse del detalle de los tiburones y los peligros del mar Caribe. ¿Y qué hacen estos prófugos de la secta cuando llegan a destino? Arman otra secta contraria a la secta que los tenía atrapados. Hemos llegado nadando a otra clave del encanto de la Cuba de Fidel: los cubanos de Miami; el rechazo que generan sus rivales acérrimos es propaganda indirecta y gratuita.

    Cuba no se explica sin el vecino prepotente y gigantesco, Estados Unidos, suelen argumentar los creyentes del dogma. De acuerdo. Pero hablar de Cuba y Estados Unidos sin hablar de la Unión Soviética es como hablar del enfrentamiento de los repatriados y Cubilla sin hablar de Paco Casal. Los repatriados se enfrentaron a Cubilla, que era un déspota pachequista y a nadie le ha caído bien el pachequismo en este país durante los últimos 20-30 años, desafiaron el poder hegemónico de la AUF, al Pájaro Canzani, al chauvinismo y a los grandes medios de periodismo deportivo —valga la redundancia—, siendo unos pobres jóvenes inexpertos Francescolis, Fonsecas y Patitos Aguileras carentes de capacidad logística o fuerza alguna, que apenas podían expresar sus ideas individualmente (aunque Cubilla tampoco era Umberto Eco, convengamos). Pero atrás de ellos estaba Paco. Esto es lo mismo: la parábola de David contra Goliat es conmovedora y agiganta a Fidel y dignifica más a Cuba, pero atrás de David peleando contra Goliat, fuera del cuadro, había otro Goliat que tenía en David a un taxi boy muy bien pago y lo usaba para meterle un palo en el culo al otro Goliat. Disculpen si la metáfora se puso entre pornográfica y ordinaria, es diciembre y en diciembre todo se desborda, y lo que no se desborda se pudre, o como en el caso de los contenedores de basura: ambas a la vez. En la crisis de los misiles, ¿de quién se creen que eran los misiles?, ¿de Fidel, de la pequeña, inofensiva y soñadora Cuba? No, Fidel solo quería dispararlos. Por eso se juntaron Kennedy y Khrushchev a negociar, sin Fidel, que no es que estuviera lavando los platos porque jugaron un truco gallo y el que perdía fregaba mientras los otros dos se quedaban negociando el problemita nuclear. No lo dejaron ir. Como líder carismático Fidel fue mítico. Como estratega militar-diplomático no cagó a nadie. Digamos la verdad. Papá Moscú no lo dejaba participar de las pesadas.

    Pero no hay que medir a Fidel como actor geopolítico, hay que evaluarlo como gurú, como figura mística que encanta a las masas, como guía. Y en ese terreno es insuperable. ¿De quién es el poder, hoy, en Cuba? De Fidel. Muerto, sigue siendo el hombre más poderoso de Cuba y lo seguirá siendo un tiempo más. Ni Napoleón en Francia, ni Alejandro Magno en Macedonia, ni Magurno en la Española consiguieron algo parecido. Lo que sí puede decirse que lograron ambos (Magurno y Fidel) en sus respectivos feudos, y no hace más que explicitar su condición de líderes únicos e irrepetibles, fue la sugestión desde la indumentaria: Fidel con uniforme militar y Magurno con túnica blanca, cuando ni Fidel era milico ni Magurno médico, y nadie se los cuestionó nunca en Cuba ni en la Española. A favor de Fidel y el efecto de la fascinación de su figura, le decían Comandante; al Oscar nunca le dijeron “dotor”. A favor del Oscar: nunca lo vimos de jogging.