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Últimas dos noticias de Almaceneroland durante su pico de rendimiento turístico: abundan los robos en el Este (experiencia que viví en primera persona, no saben lo cuidado que se siente uno por la Policía de Maldonado), y el intendente Antía responde —ofendido con las víctimas que osan expresar su molestia en forma pública— que en Buenos Aires roban mucho más que en Punta del Este. Nunca pensé que iba a decir esto, pero sería prudente que dejáramos a Bonomi como interlocutor oficial de los turistas damnificados. Al mismo tiempo, no andan los cajeros automáticos. El turista, desesperado porque lo desplumemos de manera legal, no consigue hacerse del dinero para gastar en sus vacaciones. Esto seguramente se complemente con un montón de comercios que no aceptan tarjetas; Almaceneroland es la máquina perfecta de la ineficiencia, nunca falla en ese terreno.
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Vuelvo a aclarar que no tengo nada contra los almaceneros, solamente considero que un país entero con esa mentalidad no es el modelo más apto para sobrevivir en el mundo capitalista. Me siento autorizado a hablar despectivamente de Almaceneroland porque yo mismo soy flor de almacenero, de los que cierran para dormir la siesta. Siempre entrego tarde, mi producto no evoluciona, tiene la irregularidad típica de quien no sabe producir en serie, y mírenme acá defendiendo mi almacencito sin intentar nada nuevo, sin expandirme (¿sacar un suplemento, conquistar las nuevas plataformas de comunicación, competir? Nunca), sin abrir franquicias del negocio dándole trabajo a otra gente. No señor, atendido por sus propios dueños. Pero los más dañinos no somos los almaceneros que tenemos un almacén y trataremos de impedir que abran otros en el barrio y si hay que recurrir a la extorsión moral, económica, hasta delictiva, lo haríamos sin dudar. Los peores son los almaceneros que dirigen algo más grande. Esos perjudican mucho más a Almaceneroland que los almaceneros que nos restringimos a nuestro almacén porque sabemos que no nos da para más. Hecha la aclaración preventiva autojustificativa (un giro típico en Almaceneroland), podemos seguir.
En Almaceneroland prescindimos del encanto, nos parece superficial e innecesario. Más aún: en caso de que exista alguna posibilidad de seducción, la matamos con nuestras propias manos antes de que se concrete. Vayamos pues a la metáfora país más descriptiva en este sentido, la figura que permite entender de un tirón nuestra antigua cultura de Almaceneroland: la venta de marihuana en las farmacias. Un caso testigo único y ejemplar, una lección al mundo de cómo hacer las cosas de la forma menos atractiva posible.
Además de que registra nuestra primera reacción/reflejo: hacer pasar todo por el Estado, pues eso es lo que entendemos por innovar: agarrar cualquier cosa y estatizarla, ya sea una aerolínea, corned beef, caña de azúcar, o marihuana, lo que usted quiera darle a un uruguayo se lo hará pasar por el Estado. Sumado al hecho incontrastable de que todavía no hemos podido ponerla en marcha —cómo nos cuesta que las cosas entren en funcionamiento, oh dios de los almaceneros apiádate de nosotros—, después de unos cuatro años desde que se inició con gran promoción estatal y artículos a todo colorrrr en publicaciones internacionales, dejando ver otra gran característica de Almaceneroland: los productos que el cliente espera encontrar nunca llegan a tiempo a las góndolas, a pesar de que haya carteles anunciándolos con exagerada pompa. El peso de esta metáfora país descansa en el detalle de su lugar de comercialización: la sola idea de la venta de marihuana en farmacias es una genialidad de la sustracción del encanto.
Ese es el ejemplo que tenemos para darle a la humanidad: cómo quitarle cualquier viso de atractivo a una idea, emprendimiento, producto, lo que sea. La Farmalopa, por llamarle de alguna manera a esta experiencia maravillosa que entusiasmó al mundo, es la metáfora perfecta de Almaceneroland. No satisface a nadie. El farmacéutico no quiere venderla y el fumaporro difícilmente quiera comprarla. ¿De verdad pensamos que vender marihuana en San Roque es una buena idea con relación al producto que se está ofreciendo? El fumeta al último lugar que va a ir a comprar porro es a una farmacia, no hay nada menos tentador. Es mucho más atractivo ir a comprarlo a una boca de venta de drogas ilegal en donde lo puedan robar o matar incluso, que ir a ese santuario de viejas con luz mortecina y balanza a monedas —quizás la única fuente de seducción potencial para el drogón, pesarse en una balanza a monedas mientras compra su droga. ¿Al final lo que quiere el Estado es desestimular la compra? ¿A alguien se le ocurre un lugar menos estimulante para vender marihuana que la farmacia? Bueno, sí, en las Intendencias, esa es la única alternativa menos seductora.
Podríamos haberle dado la licencia a 4 o 5 fumones emprendedores para que pongan 30 grow-shops de esos a lo largo y ancho del país, unos locales en donde prácticamente le arman un parque de diversiones al fumeta, con toda la bobada que a él le gusta: utensilios, librillos con información botánica y química referida al cannabis, no con muchas páginas porque el fumeta tiene un déficit atencional galopante, atendido por gente con rastas, etc., y lo transformen en algo divertido, llamativo e interesante para el consumidor. Pero nosotros en Almaceneroland preferimos vender el porro en la farmacia, así espantamos tanto al consumidor potencial de marihuana como al habitante natural de esos lugares, que es la vieja. Por si todo esto no fuera suficiente, seguimos insistiendo en quitarle cualquier atractivo y ¡prohibimos la venta a turistas! Otro atajo a la decepción del visitante para un país que se ha promocionado en el plano internacional con ese ingenuo halo progresista liberal a través de su Pro-Hombre-Filósofo-Tatú-Mulita-Tira-Postas-Mundial llamado José Mujica. ¿Qué se creen, que se nos va a llenar de artesanos de todas parte del mundo? No señor, hay un turista joven con guita (de sus padres) que también fuma porro, por supuesto que no lo va a comprar en San Roque, olvídense, pero justamente de eso estamos hablando, hagamos algo que sea medianamente atractivo alguna vez en nuestras vidas, aunque sea vender marihuana.
A este plan perfecto de mutilación del encanto potencial se le suma un detalle único de Almaceneroland, que si bien todavía no es comprobable empíricamente ya podemos tener la certeza de que va a ser así, algo que sabemos todos sin que nadie haya dado aún ni una sola pitada del hijo de la idea peor llevada a cabo en el siglo XXI: el porro del Estado NO PEGA, es decir: no va a producir el efecto esperado por el consumidor. No necesito saber de cannabis para augurar esa falla, no necesito tener información al respecto de primera mano, sé de Almaceneroland, y les aseguro que algo va a salir mal con el porcentaje de THC o su composición química o cualquier eslabón de la cadena de la producción estatal, y el porro del Estado no va a pegar.