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    jueves 18 de julio de 2024

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    Haciendo boca

    Mientras el gobierno uruguayo intenta llevar adelante las negociaciones de un TLC imaginario del Mercosur (un acuerdo regional imaginario) con la Unión Europea (básicamente, el Estado alemán sosteniendo una unión económica imaginaria que encima responsabiliza a Alemania de todos sus males), el mapa occidental está a punto de desintegrarse porque Nicolardo Fortduro (la mezcla de Nicolás Maduro y Ricardo Fort conocida como Donald Trump) amenaza con llevarse a Estados Unidos del mundo para encerrarse en su caudillismo nacionalista que añora un pasado mejor. Es el precio a pagar por la llegada a la Presidencia del país más importante de Occidente de un Tarzán de reality show: un individuo que desarrolló su sistema cognitivo-afectivo-moral pensando en términos de la televisión —que ya no existe como tal—, por eso en su discurso inaugural aseguró que EEUU iba a “ganar de nuevo en todo”, como si hablara de ratings.

    En ese contexto arribó Tabaré Vázquez a Alemania, y por eso Merkel, que está un poco desesperada, no para de alimentar nuestra fantasía de representantes sensatos y confiables del Mercosur; algo que podríamos creernos si no supiéramos que Laaargentina y Brasil son los responsables de todas las decisiones. La prueba más evidente de eso es que metieron a Venezuela por la ventana y la sacaron por el garaje, quebrando la reticencia inicial de Uruguay en ambas oportunidades. Ojalá que nuestros vecinos no tomen a mal esta postura representativa del Mercosur y la enésima puesta en marcha aparente —por no decir imaginaria— del TLC imaginario entre el Mercosur y la Unión Europea; no sea cosa que se enojen y nos arruinen el TLC imaginario con China que tan eficientemente viene manejando Nin adentro de su cabeza (el hombre va a poner un carro de chorizos en Marte antes de que Uruguay firme un TLC con China).

    Este repaso superficial de la gira europea de Tabaré, que se completa con la visita a Finlandia para ver si en una de esas abrochamos la tercera planta de celulosa, es con el objetivo de confirmar lo planteado en las últimas dos columnas: en Almaceneroland no dependemos de nosotros mismos. Y esa es la buena noticia, la mala es que dependemos mayormente de Brasil y Laaargentina, en un contexto en el que un mono tomó el sillón principal del capitalismo y el mundo es un caos.

    De Laaargentina no se puede esperar mucho más de lo que ya nos dio: turistas para desplumar por toda la costa uruguaya. La economía no arranca. Más allá de la absurda histeria argentina traducida en la acusación infantil: “Macri, creaste un millón de pobres”, propia de gente que piensa de forma lineal las estadísticas, o “estás haciendo un ajuste brutal, Macri, y encima no parás de endeudarte, esta película ya la vimos”, propia de gente que no entiende un carajo de economía: o está ajustando brutalmente o se está endeudando brutalmente para no ajustar (está haciendo esto último, no le queda otra: tiene legislativas este año, y al peronismo dormido y desintegrado enfrente, donde vean debilidad se despiertan y se juntan). ¿Cuándo se vuelve insostenible la narrativa del peronista argentino que dice “Macri es el diablo y vino a destruir el país tan ordenadito que teníamos y en plena prosperidad antes de que llegaran estos oligarcas”? Cuando uno se acuerda de que su candidato era Scioli. Esta gente habla como si no supiéramos que su alternativa a Macri era el Gustavo Trelles de ellos. Ese era su proyecto para continuar el modelo exitoso que no crecía desde hacía tres años y no generaba empleos desde hacía cinco.

    Pero igual la economía no arranca. Un poco lo agarran de gil a nivel internacional a Macri, lo afilan más que a los nuestros, le ponen “invertiré” en el Facebook, él se entusiasma, vuelve contentísimo, y después no le largan un dólar porque dicen que tienen miedo de que vuelva el peronismo. Además Macri ha demostrado, en este año y algo, ser un “destiempista”: siempre actúa a destiempo. El ejemplo más claro es que habló de la crisis energética seis meses después de que debió haberlo hecho. ¿Por qué? No quería dar malas noticias. ¡Si no quiere dar malas noticias, no puede ser presidente, señor! Es como que por momentos es un hombre y al otro día se despierta siendo un niño de nueve años tratando de que todos lo quieran y estén contentos con él. Cuando asumió les tendría que haber explicado que después de 10 años de subsidios enfermizos al consumo y cero inversión en energía —al punto de que antes exportaban y en el final de Cris importaban más de 10.000 millones de dólares en gas e hidrocarburos—, no les quedaba energía ni para cargar los celulares de todos los argentinos al mismo tiempo; pero le pareció que no era el momento porque estaba todo tan lindo, tan luminoso y esperanzador, que mejor darle con la bobada de la ilusión y los globos amarillos y bailar Gilda en el balcón porque la gente no quería escuchar noticias mala onda. Decidió postergar el tratamiento público del déficit de energía para el momento más frío del invierno más frío de los últimos 40 años, y lo hizo pidiendo un cambio cultural en el consumo a la gente. “Che, no prendan mucho la calefacción, cagarse de frío un poquito es de gente adulta y consciente”. Este hombre sobrevalora la capacidad persuasiva de sus ojos azules. NADIE va a apagar la calefacción en invierno porque un presidente salga a pedir que sean austeros y responsables en el consumo de energía.

    Entre el destiempista y el oportunista (Temer, el clavo que nos dejó la mártir Dilma por no renunciar y llamar a elecciones anticipadas, al final hasta Collor era más estadista que la cabezona), no se puede esperar mucho. Nuestra señal económica más alentadora, además del repunte del agro —que depende menos de nosotros mismos que de las vicisitudes meteorológicas y los precios internacionales—, sigue siendo una tercera planta de celulosa; lo más parecido a una política económica país que tenemos. Con suerte y viento a favor esa planta arrancaría dentro de un año y pico. Les repito lo que vengo diciendo desde comienzo del 2016: hay que llegar a mediados del 2018, como sea. Si llegamos al 2018 estamos del otro lado: mundial de fúbol, venta de televisores 50 pulgadas a roletes, planta de UPM, Suárez, alegría, salidas antes del trabajo para ver a la celeste, dignidad, Cavani, consumo masivo, avisos publicitarios en todos los medios; lo más parecido a la prosperidad en Almaceneroland. Aguanten la respiración, allá vamos.

    Contratapa
    2017-02-09T00:00:00