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Mientras ustedes solo piensan en ustedes mismos y sus vacaciones de Carnaval, mientras Tabaré piensa en su avión, mientras el Pato Celeste piensa cómo defender a su amigo Saravia que resiste encerrado en la mutual como Maduro en Venezuela, yo sigo pensando en el futuro del mundo, y más específicamente: cómo voltear a Trump.
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¿Por sus ideas? No. ¿Porque es un sexista, racista, xenófobo, etc.? Tampoco. ¿Por su condición de imbécil? Correcto. Acá hay mucha guita en juego, no pueden dejar más de dos años en ese sillón a un mono que llegó al liceo gracias a un pase social por su condición de extraedad.
El problema de Trump no es la ridiculez del muro infinito con los mexicanos, como si a los mexicanos los pudieran parar con un muro, además; no se le puede prohibir a un mexicano que entre o que salga de un lugar, lo consiguen igual. El mexicano traspasa la materia. Así de duro es. Es un bicho muy pero muy duro el mexicano, no destaca por su capacidad intelectual o atlética, o por su condición estética; el mexicano destaca por su dureza. Miren el Chapo Guzmán: no hay nada que detenga al mexicano. A la larga se va a quedar con todo por su condición de fuerza resistente, depredadora e invasiva. Lo único que se puede hacer es retrasar ese momento. El problema no es la bobada de no dejar entrar gente de turbante, ni mucho menos haber sacado la versión en español de la página web de la Casa Blanca; no lo culpo por eso. Conociendo a la CNN en español, me alcanza para imaginar lo que debería ser la versión en español de la página de la Casa Blanca y apoyar la medida de sacarla a la mierda. El problema de Trump es que es un idiota, punto. Por eso hay que voltearlo antes de que se mande cagadas irreversibles.
¿Quién lo voltea?
Los artistas no, son incapaces. Gente con problemas mentales, los artistas. Tenemos que admitirlo de una buena vez como sociedad en lugar de andar preguntándoles su opinión sobre cosas que no entienden. Los peores son los actores, gente a la que les escriben lo que tienen que decir, que se someten a los berretines sádicos de un director como si fuera el líder de una secta. Y me quieren decir a mí lo que tengo que votar. Lo primero que hay que hacer es cortar con las reacciones infantiles y penosas en el bando perdedor. Desde la fiesta de autocompasión montada por los sensibles artistas de Hollywood, encerrados en su propio globo de oro y aplaudiéndose entre ellos los valientes discursos que anuncian una lucha intensa en el horizonte, vestidos de smoking, entre copa y copa de champán y con una limusina esperándolos en la puerta —es muy difícil pensar que tienen una lucha por delante si lo que hacen es tuitear desde su mansión de Beverly Hills—, hasta la desorientación de los sabelotodo progres de la Cienciología Social Estadounidense (conocida como Ciencias Sociales), expertos que siguen buscando desesperadamente excusas para explicarse a sí mismos cómo perdieron con un monigote sin aparato ninguno. Primero fue culpa de Facebook y las noticias falsas, después fue Putin; faltaron los ovnis, nomás. Hay que admitir que fue, en cierto modo, entre conmovedor y divertido ver al ejército de grado cinco de las Carreras de Opinión (conocidas como Ciencias Sociales) del lugar en donde se construyen todos esos discursos para el resto del planeta, incluido este rinconcito repleto de antiimperialistas que repiten palabras de traducción literal como “empoderar” o “gentrificación”, tratando de justificar su inoperancia con narraciones alternativas. Toda esa gente —a la que podríamos juntar en un grupo llamado ProgreDemócratas— es la que lo hizo GANAR LAS ELECCIONES, por lo tanto está comprobado que lo único que genera es el efecto contrario: lo amuran al sillón. Si siguen las campañas del “New Yorker”, Meryl Streep y Madonna, les gana la reelección con mayoría absoluta.
Los mexicanos tampoco lo voltean. Los mexicanos te ganan la batalla en el largo plazo, con la determinación y la resistencia. Los cubanos de Miami todavía están festejando que murió Fidel, y esperando que muera Raúl. ¿Los liberales? Mmm, no parece, se van a quedar sentados esperando a que el mercado lo regule. ¡A Trump!, ja, ni el mercado de la T4 lo puede regular. La única esperanza son los propios republicanos. Y eso es una pésima noticia, porque a ellos fue que se les escapó este orangután con jopo color pollito.
¿Con qué se lo voltea? Con un impeachment. ¿Por qué motivo?
En mi altruista opinión de individuo que piensa por el bien del mundo, la causa más plausible de un impeachment exitoso y rápido para voltear a Donald Trump es Rusia. La desconfianza en los rusos es una tradición estadounidense, como el superbowl, los cuetes del 4 de Julio o regalar presos de Guantánamo a diferentes países que le caigan bien. Es un prejuicio que lleva cerca de un siglo de existencia, de esos prejuicios que están bastante bien fundados, además; y que tiene su espejo en Rusia, lugar en donde desconfían de Estados Unidos, como corresponde y con prejuicios muy bien fundados también, a menos que haya un “quedi” en el sillón presidencial que el propio zar ruso actual, Vladimir Putin, esponsoreó para que llegara al lugar que llegó (Rusia nunca dejó de ser zarista, no coman con la bobada de la Revolución bolchevique y la Perestroika y todos esos inventos de los historiadores, le cambian el nombre al modelo pero siempre es zarista Rusia). Es por ahí, por el lado de los rusos que van a poder voltear al muñeco este antes de que destruya todo.
Yo ya hice la parte más difícil. Ahora el trabajo fácil que lo haga otro.