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Ancap es un descontrol, eso más o menos lo sabemos todos; la comisión investigadora no va a encontrar nada, eso también lo sabemos todos; el Frente Amplio B va a tratar de ponerle Ancap de sombrero a Astori como hizo con Pluna, eso también lo sabemos todos. En resumen: no hay novedades, lo que llama la atención es el ruido, la telenovela, las cartas abiertas, ¡y que volvieron el Frente Amplio A (austero, avaro, astorisoretista) y el Frente Amplio B (bonachón, bienpensante, benefactor) para cerrar el año a todo colorrr haciendo las delicias de grandes y chicos!
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En el Frente Amplio B ya esgrimieron tres justificaciones diferentes en un año, pero todas conducen al mismo final: “La culpa es de Economía, que no permitió subir los precios hasta que cerraran las cuentas”. El primer intento fue con el dólar, y era más o menos así: “Ehh, el precio del dólar, fff, y Ancap todo en dólares, ¿qué queré también? Nos mató la paramétrica eso”. La segunda fue la burrada inolvidable dicha por Sendic —y alentada por Mujica— “si no fuera porque nos hicieron devolver las retenciones para el subsidio del boleto, Ancap estaba saneada”; querían arreglar las cuentas con plata que por definición no es de Ancap, saltearse la parte de “retenciones” digamos, una idea brillante. Y el martes, Sendic tiró la de los salarios, que de alguna manera lateral coincide con lo que declaró Astori en la comisión, pero con el final de siempre, el hit “el Ministerio de Economía no nos dejó cobrar a mil pesos el litro de nafta, así no se puede triunfar en el mundo industrial”. Ahí tienen razón. Si a mí me dejaran cobrar en negro y me pasaran por cadena nacional en todas las radios y toda la publicidad vendida fuera para mí, ya me habría comprado una casa en Miami y estaría pidiéndole a Julio Iglesias que no cante en la ducha porque lo escucho y me lo imagino desnudo sobándose la pelvis al grito de bamboleio bamboleia.
Ancap es un monopolio estatal y sus autoridades lo único que hacen es quejarse del Estado. ¿Se dan cuenta de lo profundo de esta paradoja? ¿Cómo justifican 800 millones de dólares de pérdidas en 4 años y casi 2.000 millones de deuda acumulada? Como haría cualquier empresario ineficiente que fracasa: culpando al Estado. Eso es lo que yo llamo tomar las cosas buenas de la gestión privada para la gestión pública. Fundirse y culpar al Estado es un clásico empresarial.
Si me preguntan a mí —agradezco la pregunta—, la culpa no es ni de Astori ni de Sendic, ni del FA A ni del FA B. La culpa es de Batlle Berres. Si bien no la creó él directamente —aunque ya estaba en el Parlamento y fue impulsor de la idea que venía de su tío—, Ancap es el simulador del Uruguay Industrial que él soñaba; un sueño imposible por el tamaño de nuestro mercado, por nuestra condición latina y nuestra alergia nacional a la eficiencia. Es un “Batlle-Berretín” que de alguna manera quedó instalado en la psique del colectivo y no hay cuchara de helado que lo saque de ahí. Entonces, sentados en ese simulador del sueño del Uruguay Industrial que tiene 11 empresas a su mando, se suben a jugar los cargos políticos de turno haciéndose los CEO de una superempresa, y se manejan como Batlle Berres hubiera querido: endeudándose hasta las pelotas y gastando por encima de sus posibilidades, además de mantener artificialmente el plantel más numeroso, caro e ineficiente de trabajadores del Estado. ¿En qué cabeza cabe que este país puede ser un país industrial? En la misma cabeza que creía en la sustitución de importaciones (una de las burradas más grandes de la historia de la economía), y en cambiar la Presidencia por el Colegiado. Hubiera sido mucho menos dañino un presidente que creyera en los Ovnis y el mal de ojo.