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En Uruguay la cantidad de habitantes aumenta muy lento desde hace varios años —una tendencia de bajo crecimiento poblacional que confirmo el último censo—, al mismo tiempo que se eleva la participación de las personas de más edad en el total. Si bien algunos vieron estos datos como malas noticias, en realidad la estructura de la población ha tenido desde principios de los años noventa un efecto positivo sobre los ingresos de los uruguayos.
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A partir de esa década y hasta 2025, aproximadamente, los ingresos de la población se verán favorecidos por la dinámica poblacional. El llamado “bono demográfico” es lo que explica este fenómeno, que se da porque la cantidad de personas en etapas de producir crece más que aquellas que no se encuentran en edades de trabajar.
Las investigadoras Cecilia González y Marisa Bucheli, del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, arriban a esa conclusión en el estudio “Bono demográfico y envejecimiento en Uruguay” fechado este mes.
Este punto de vista deja de lado la idea de si es mejor que el país tenga más o menos población, y lo relevante es cómo se compone y las posibilidades de sustentarse a sí misma con su fuerza de trabajo.
Si bien en los últimos años varios expertos estudiaron los efectos de las tendencias demográficas en la economía uruguaya, esta nueva investigación es la primera que identifica los años entre los cuales hubo —y habrá— un impacto benéfico del “bono”, así como los que operará en un sentido contrario. A su vez, se cuantifica el porcentaje de ingresos que representa ese bono o dividendo.
En los años de mayor “rendimiento”, el bono demográfico llegó a significar un aumento de 0,26% del ingreso total efectivo por consumidor. Hacia 2055 esa ganancia se transformará en una pérdida de 0,3% del ingreso.
Transición y crecimiento
Todos los países, con mayor o menor grado de avance, atraviesan una transición demográfica que se da por los progresos que permiten, primero, una baja de las tasas de mortalidad y más tarde las de natalidad. Con esto, las poblaciones crecen cada vez menos y se vuelven progresivamente más envejecidas.
Esa transición en Uruguay está avanzada, y la distribución por edades de la población es similar a la de países europeos. En la región la mayoría hicieron más tarde ese proceso, aunque en las últimas décadas fue más acelerado que en Uruguay.
Los resultados de los Censos 2011 fueron tomados en general como desafíos para la economía, principalmente porque la tendencia al envejecimiento de la población se acentuó y ello implica que la cantidad de personas pasivas (niños y ancianos) respecto a las activas comenzó a crecer.
Por el momento la dinámica poblacional está favoreciendo el crecimiento, y el efecto del bono demográfico es positivo sobre los niveles de ingreso de los consumidores. Esa contribución comenzó al inicio de la década de 1990 y, según las proyecciones realizadas por González y Bucheli, se extenderá hasta una fecha cercana al 2025. Eso ocurre, explican, porque a medida que la población envejece hay un período en que la proporción de personas en edad productiva supera a la de personas que solamente consumen. Cuando la cantidad de pobladores “productores” aumenta más que la de consumidores, el bono es positivo; la dinámica de la población contribuye al ingreso.
El bono demográfico se puede calcular pero es necesario tener en cuenta la capacidad del país de utilizarlo, por ejemplo con empleos de calidad y un sistema financiero desarrollado que permita canalizar la mayor capacidad de ahorro de las personas. “Algunas de las poblaciones que podrían verse más beneficiadas por la transición demográfica son las que al mismo tiempo tienen mayores probabilidades de no poder sacar provecho de dicho proceso”, señalan.
Las investigadoras estimaron que el bono demográfico en Uruguay llegó a su máxima contribución entre 2000 y 2005, “generando un incremento en el ingreso por consumidor efectivo de alrededor de 0,26% por año”. Luego ese porcentaje empezó a descender y “a partir de 2025 se espera un impacto negativo de la demografía, debido a que los productores efectivos crecerán más lentamente que los consumidores efectivos”; así, se estima que para 2055 el ingreso por consumidor caiga 0,3% anual.
Esos resultados son vistos por González y Bucheli como “relativamente bajos” si se los compara con estimaciones realizadas con la misma metodología para otros países latinoamericanos o no desarrollados. En Costa Rica el bono demográfico alcanzó a 1,3% anual en su momento de máxima contribución en las décadas finales del siglo pasado, y en Brasil se estimó en 0,6% en promedio entre 1975 y 2025; dicha diferencia se puede explicar por las distintas velocidades a las que se da la transición demográfica.
Las autoras destacan que los resultados de Uruguay presentan una mayor similitud con los encontrados en países de Europa.
En algunos países africanos se estima un bono que llegue a 0,75% hacia 2025. En el sudeste asiático el bono tendió a aumentar el ingreso entre 0,5% y 0,8% en las últimas dos décadas del siglo XX.
Según la investigación, es posible que exista un “segundo bono demográfico” que surge de la capacidad de la sociedad de prever los cambios en la población y generar un ahorro o acumulación de capital que, desde la finalización del primer bono, logre dinamizar el crecimiento de largo plazo. Este segundo dividendo depende principalmente de las instituciones y políticas que se lleven adelante y tiene un efecto permanente, a diferencia del primero.
Bono fiscal
Con un razonamiento similar al del bono demográfico es posible calcular el impacto que tiene la estructura de la población sobre las cuentas públicas. Esto porque la cantidad de contribuyentes va cambiando, lo mismo que el número de beneficiarios.
González y Bucheli estimaron que ese “bono fiscal” fue negativo para Uruguay prácticamente todos los años desde mediados del siglo pasado y lo será hasta 2100, salvo en el período de 2000 a 2015. “Esto significa que el sector público ha enfrentado casi de manera continua desde la década de 1950 una situación en la que sus egresos han aumentado más rápidamente que sus ingresos debido a causas demográficas”, explican.
Señalan que los valores anuales son bajos en comparación con otros países: en su punto máximo alcanza el 0,1% anual en 2010, mientras que el menor guarismo será de –0,5% anual en 2060. También citan otras investigaciones que calcularon un bono fiscal negativo de 0,28% anual entre 2026 y 2050 para Uruguay.