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    Hay sectores del Frente Amplio que no ven la realidad y que pretenderán “hacer locuras” en la próxima Rendición de Cuentas

    El vicepresidente de la coalición de izquierda José Carlos Mahía dice que fue un error hacer el congreso y advierte que hay votantes “desilusionados” con el gobierno por episodios como los de Pluna y Ancap

    Décadas después de empezar su militancia, José Carlos Mahía alcanzó la vicepresidencia del Frente Amplio (FA) y en marzo presidirá la Cámara de Diputados, un escenario que en teoría no podría ser mejor para el legislador. Pero la realidad pauta otra cosa y Mahía lo sabe. El 2017 será uno de los años más complicados para ocupar esos lugares desde que la coalición de izquierda alcanzó el gobierno nacional en el 2005.

    En marzo, el FA deberá retomar un congreso que por primera vez en la historia la coalición no pudo terminar. Ese mes, Mahía asumirá la presidencia de Diputados sabiendo que el oficialismo, también por primera vez, no tiene mayorías en esa Cámara, por lo que deberá negociar cada proyecto con alguno de los partidos opositores para alcanzar el voto 50. Para complicar todo un poco más, la ley de Rendición de Cuentas que se votará este año será la instancia para habilitar partidas de recursos para el tramo final del gobierno y en el FA hay diversas visiones sobre esa distribución.

    El acuerdo entre José Mujica y Danilo Astori permitió alinear a los dos sectores de mayor peso, pero los grupos menores ya dan indicios de que será una negociación difícil. El socialista Gonzalo Civila dijo a Búsqueda en diciembre que su partido debe tener “coraje” para aplicar cambios tributarios. Desde el Partido Comunista, el Partido por la Victoria del Pueblo y la Liga Federal ya manifestaron que retomarán su batalla por que se aumente el Impuesto a la Renta de las Actividades Empresariales y el Impuesto al Patrimonio, informó “El Observador” el lunes 9.

    Mahía es consciente del panorama complejo y sabe que “será un proceso largo”, primero discutir con sus compañeros y después salir a buscar acuerdos con la oposición.

    —¿Cómo se afronta la pérdida de la mayoría en Diputados de cara a la Rendición de Cuentas?

    —Hay que asumirla como un desafío más que un problema, pero hay que decirle a la gente que los proyectos que saquemos de acá en adelante no van a poder ser solo con el programa del Frente sino con acuerdos afuera. Espero que para la Rendición no se hagan locuras o aventuras que nos comprometan.

    —¿Qué sería una locura? Porque se retoman planteos de aumentar el gasto social...

    —Hay de todo. Los límites están en los márgenes del país. La conducción económica del gobierno de Tabaré y el equipo económico demostró solidez y genera confianza en la opinión pública, si no, era impensado el resultado de este año. Confiar en el gobierno va a ser clave este año también y evitar tentaciones de marcar posturas políticas para la barra de cada quien.

    —El diputado Gonzalo Mujica, que abandonó el FA, planteó recortar gasto social y votará según su conciencia. ¿Es solo un desafío su salida?

    —Hay que trabajar líneas macro generales hacia el futuro y después ir proyecto a proyecto. No hay otra. Y eso genera condicionamientos, es obvio, y hay que decirlo con todas las letras. Confío en la capacidad de negociar que podamos tener y en algunos casos tendremos que apelar al trabajo con la sociedad para respaldar iniciativas.

    En agosto del 2016, Javier Miranda dio el batacazo y fue electo presidente del Frente Amplio. Días más tarde llamó a Mahía para ofrecerle una de las cuatro vicepresidencias con el objetivo de ser el nexo con el Parlamento. Mahía aceptó encantado, pero unos meses después, el 27 de noviembre, se topó con el primer gran escollo: el IV Congreso Ordinario del Frente Amplio.

    El congreso, bautizado Rodney Arismendi, no salió como se esperaba. Fue la primera vez que una instancia de ese tipo no termina y se retomará en marzo cuando se levante el cuarto intermedio. Los dos temas centrales eran discutir una reforma constitucional y elaborar un nuevo documento de “principios y valores”. El resultado fue un lineamiento de la reforma sin saber cuál será el mecanismo para impulsarla y una declaración negociada sin entrar en discusiones de fondo.

    —¿Fue un error hacer el congreso?

    —Yo no lo hubiese hecho, de pique. La militancia y la fuerza política podían seguir funcionando con otras prioridades. La estructura tiene que procesar una enorme cantidad de cambios y los congresos son síntesis. Acá nos falta discutir mucho y no hay que apurar al caballo.

    —¿Y cómo se puede cerrar ahora?

    —Depende de los sectores y aspiro a que lleguemos con acuerdos más discutidos, que cerremos con lo que podamos cerrar, acuerdos básicos generales que canalicen los debates. Si no, queda la frustración de pegar tres gritos y que después no pasa nada. La reforma va hacia un plenario y el otro debate se puede derivar a la comisión de programa.

    —Suena a poco.

    —Sí, yo creo que a la larga en el Frente nos debemos un debate programático e ideológico más de fondo. Siento que nos vendría bien confrontar las consignas con la realidad.

    —¿Hay quienes no ven la realidad?

    —Sí, nos falta. Hay que evitar el conservadurismo de decir que no podés hacer más porque cierta realidad te lo indica, pero tampoco irte de palo a palo y terminar yendo tras una utopía que realizarla o no puede frustrar a toda tu militancia.

    A los debates internos el oficialismo suma el desafío de posicionarse de cara a 2019 con posibilidades de obtener un cuarto gobierno nacional consecutivo. Por primera vez, como analizó el politólogo Adolfo Garcé, “reina la incertidumbre”. Las encuestas muestran que la imagen del Frente Amplio empeoró comparado con años atrás. En octubre de 2011 el 41% de los uruguayos tenían “simpatía” por la fuerza de gobierno, sin embargo, cinco años después es 33%, según Equipos Mori.

    El “descontento” con el oficialismo se instaló y dirigentes lo plantean como un problema prioritario. El diputado Óscar de los Santos propuso crear “un nuevo pacto político” basado en lo que fue el Encuentro Progresista para captar a los desencantados. Su colega Mujica, alejado ideológicamente del Frente Amplio, ve con buenos ojos esta propuesta. Mahía no sabe cuál es la mejor alternativa, pero sí que hay frenteamplistas enojados.

    —¿Reconoce un descontento?

    —Es obvio que hay un sector disconforme con las decisiones del gobierno y la fuerza política. No podemos mirar para el costado. Es prioritario para la agenda de izquierda, después se verá la metodología, pero es un dato de la realidad y hay que recoger esas desilusiones e interpretarlas. Es un llamado de atención aunque no se vayan a la oposición porque no le ofrece nada atractivo.

    —¿Con qué se desi­lusionaron?

    —Las investigadoras y nuestra votación es uno. La situación de Ancap es otra; antes lo que pasó con Pluna y algunas decisiones como el derecho de autor o los episodios en la educación.

    —La relación con el Ejecutivo también ha tenido sus roces.

    —Sí, y sin dudas ahí es otro foco en el que tenemos que trabajar para mejorar la relación. Dicho en términos docentes: puede y debe rendir más.

    Aunque los augurios sean de un futuro complicado, Mahía dice que no lo intimida. Su formación como profesor de Historia lo hace pensar en largo, dice, y recuerda que en 1989 el Frente Amplio vivió una gran crisis al irse el grupo liderado por Hugo Batalla y la coalición de izquierdas continuó y ganó la Intendencia de Montevideo. “Esta será de otras características, pero hay que asumirlas, preocuparnos, pero no perder la perspectiva”.

    Información Nacional
    2017-02-12T00:00:00