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    Heidegger y el espacio de Nietzsche

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2097 - 11 al 17 de Noviembre de 2020

    En sus Cuadernos negros Heidegger tiene como modelo los propios escritos de Nietzsche para usar este estilo tan característico de abordar un tema intempestivamente, cerrar una reflexión y después pasar a otro tema. Toda vez que tratamos con estas páginas debemos tener presente que no quieren ser sistemáticas en ningún sentido, que no tienen a la vista a ningún lector posible, que no están concebidas para ser entendidas en relación con ciertos libros o momentos en particular; son papeles que le sirven al filósofo para situar focos de interés. No de otro procedió Nietzsche con Más allá del bien y del mal, Humano, demasiado humano, y así están esbozados los escritos póstumos de La voluntad de poder. Con una diferencia: Nietzsche sí pensó en los lectores inmediatos, pero sobre todo pensó en los lectores futuros; por lo demás, el estilo es el mismo y ambos filósofos, siendo justos, deberían agradecerle a Schopenhauer que introdujo el modo breve, a veces aforístico y siempre misceláneo de la observación filosófica en sus memorables Parerga y Paralipomena.

    La guerra está en el horizonte inmediato, Polonia ya recibió su advertencia; los tanques, la aviación y la infantería alemana se acercan peligrosamente a sus fronteras; las radios pasan marchas militares, por las calles hay desfiles, estandartes, banderas, pañuelos agitados al viento, lágrimas, abrazos, saludos partidarios, entusiasmos, gritos. El parágrafo 6 de la primera parte de los Cuadernos 1939-1941 alude a la guerra y al estado general de Alemania; no con toda la claridad que tendría lo escrito por un partisano, pero sí con la consternación de un filósofo impactado por los deslizamientos fatales de la historia asumida como técnica de dominación y por la falta generalizada de libertad que se expresa groseramente como desprecio a la cultura. Heidegger tiene la ventaja de gastar un estilo intrincado, oscuro, desalentador para cualquier lector profano; abusa de eso con el propósito, imagino, de desconcertar o distraer la mirada de un posible censor; escribe fundado en premisas elípticas y muy propias que obligan a releer con atención para entender finalmente lo que rectamente está diciendo.

    ¿De qué habla en este fragmento? Aparentemente de Nietzsche, pero en verdad habla de las advertencias de Nietzsche, aunque para ser más precisos remite al indebido uso que se venía haciendo de Nietzsche en esa época, al que se pretendía designar como clave de las ruidosas empresas que se estaban afrontando, siendo que su pensamiento fue directamente en dirección contraria. Al salvar a Nietzsche de sus captores, no habla tanto de Nietzsche como sí del acto y de la abominación de esa captura. La idea de alborada, del nuevo tiempo, del sol naciente y la metáfora del gran mediodía en que se desploma una civilización decadente y que de ahí va a nacer un mundo nuevo, es algo que recoge con afán manipulador el régimen de manera muy cruel para con la memoria de Nietzsche; sus palabras se ven arrastradas hacia una literalidad infantil y peligrosa hasta convertirlas en frases de una vacua retórica funcional a la maquinación imperante.

    Interroga provocativamente Heidegger: “¿Cuál es el único sentido en el que Nietzsche es una transición, es decir, una preparación de un comienzo distinto de la historia de la diferencia del ser?”. A esa pregunta responderá con sucesivas negaciones, advirtiendo que no debe ligarse a Nietzsche con ninguna confusión que lo vincule con ignominiosa victoria de la técnica, con los presupuestos de la maquinación, con los ritos que terminan por celebrar la abstracción a expensas de la dignidad de la existencia. Nietzsche habló del desplome de un mundo y de la creación de otro; pero nunca insinuó que ese nuevo amanecer debía ser maquinal, esto es, nacer herido de las mismas causas que llevaron al anterior desastre. Heidegger no usa estas palabras; esta es mi interpretación de sus anotaciones, pero lo que sí escribe supera en vehemencia y acierto los términos de lo que intento traducir. Luego de situar cómo debe leerse a Nietzsche en la época actual, dice: “Todo otro modo de ‘ocuparse’ de Nietzsche que esté fundado de distinta manera, o que no esté fundamentado en absoluto, es un jugueteo historiográfico o una ratería con su pensamiento con vistas a engalanar alguna ‘cosmovisión’. Semejante forma de ocuparse de Nietzsche ni siquiera se puede llamar una debilitación de su pensar, puesto que no es capaz de pensar de ningún modo este pensamiento”.

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