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    jueves 13 de junio de 2024

    Horror al trabajo y a la libertad

    Nº 2274 - 2 al 8 de Mayo de 2024

    La perspectiva innovadora del derecho de Rudolf von Iering se empecina en mantener su vigencia en los contextos tan cambiantes como traumáticos del último siglo y medio. Su influencia es notoria en el desarrollo de las ideas liberales desde el ámbito estricto del derecho y con justicia se lo reconoce como uno de los pensadores más destacados a la hora de tratar la superviviente presencia del derecho romano en las bases del derecho moderno. Entre su vasta producción he podido consultar solo Le combat pour le droit (Hachette-BNF, París, 2012), una pieza de 1872 que tiene fuertes raíces en la filosofía de Comte y sobre todo en el utilitarismo de Bentham y Mill.

    Precisamente esta última estirpe, que me pone directamente en proa hacia una de las fuentes relevantes del liberalismo, es la que me llevó a investigar más de cerca el tenor de su aporte. Según Iering, ahuecándose en Aristóteles, tenemos que en la naturaleza, en el mundo de la mera materia, existe una ley de causalidad expresada en la fórmula: no hay efecto sin causa. Una persona actúa con un interés, una meta en mente. “Una acción es impensable sin un objetivo”. Esta “ley de finalidad” establece: no hay acción sin finalidad. El fin de todos y de todo está garantizado por la ley: “El fin es el creador del derecho”. En él se expresan intereses comunes, se lleva a cabo la asociación de un individuo con la sociedad. “La naturaleza misma —dice— ha mostrado al hombre el camino por el cual puede inducir a otras personas a contribuir a sus objetivos; de esta manera, le sirve la combinación del objetivo propio con el interés ajeno”.

    La existencia del hombre se funda en esta preclara fórmula: Estado, sociedad, comercio y volumen de negocios industrial. En otras palabras, el derecho, como quería Bentham, es el ordenamiento jurídico vigente, el “interés tutelado”. Está determinado por objetivos e intereses sociales. Conforme a esta determinación, la fuente del desarrollo del derecho y el método de su protección es la lucha de los sujetos sociales por sus objetivos e intereses: “El objetivo del derecho es la paz, el medio para lograrlo es la lucha”.

    En la obra que estoy comentando, Iering argumenta que la ley no siempre expresa los intereses de la sociedad. Rechazó algunas opiniones ortodoxas sobre el origen “arbitrario” del derecho, así como de la lengua y la cultura. En su opinión, el derecho se desarrolló en la sangrienta lucha de estamentos, que buscaban consolidar sus intereses en el derecho a través de la legislación. En la sociedad moderna, con la encarnación en el derecho de la igualdad de todos ante la ley, los derechos de propiedad, entre otros y por tanto en el futuro, la existencia del derecho objetivo no excluye ni excluirá la lucha por el derecho subjetivo. En el prefacio de la obra, el autor define de manera clara su propósito: promover el “desarrollo de un sentido jurídico valiente y estable, lo que representa para el derecho la última fuente de su fuerza”.

    La lucha por el derecho, escribe Iering, es el deber del individuo que ejerce su poder, porque es el imperativo de la autoconservación moral. Este es también un deber hacia la sociedad, porque es la condición para la existencia del derecho. El derecho subjetivo no existe sin el derecho objetivo y viceversa. “En mi derecho —subraya Iering— el derecho en general es despreciado y negado, en él se defiende, afirma y restaura”. Y dice más: “Todos están llamados y obligados a reprimir la hidra de la arbitrariedad y de la anarquía, allí donde se atreva a levantar la cabeza; todo aquel que se beneficia de la ley debe, a su vez, apoyar el poder y la autoridad de la ley lo mejor que pueda; en una palabra, todo el mundo es un luchador nato por la ley en interés de la sociedad”.

    Consentir la violación maliciosa del propio derecho es una manifestación de cobardía, algo propio de una persona indigna. “Quien se convierte en un gusano —cita Iering Kant— no puede quejarse después de que lo pisoteen”. En su opinión, la lucha es la eterna obra del derecho. No hay derecho sin lucha, como no hay propiedad sin trabajo. A la disposición bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, Iering propone el lema “En la lucha adquirirás tu derecho”. Con ello indica que la libertad se construye, que no es una dádiva, que inexcusablemente nos necesita.

    Nada tan acusador para una sociedad tibia, apática y para nada heroica que esta resonante apelación.