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    viernes 14 de junio de 2024

    Hoy, todos “pelaos”

    Nº 2195 - 13 al 19 de Octubre de 2022

    Cuando Julio Sosa inició su ruta a la popularidad —ya en Buenos Aires, alejado de la estrecha calidez de su natal Las Piedras—, contratado por la orquesta de Francini-Pontier, pocos recuerdan que el impacto mayor lo logró con su versión de Padrino pelao, tango antes grabado por Gardel, Charlo y Corsini, entre otros, y que, para la mayoría, tiene una historia ignorada y que procuraré recrear.

    A inicios del siglo XX era costumbre en el Río de la Plata que el padrino de una boda, en la puerta de la iglesia o a la entrada de la casa donde se haría el festejo, arrojase a los chiquilines que se amontonaban allí monedas de escaso valor, fabricadas en cobre; si se trataba de una ceremonia de gente adinerada, los valores aumentaban, así como en el caso extremo contrario, que no aparecían, lo que desataba una sarta de infantiles insultos. Este hábito, en realidad, había sido copiado por los inmigrantes del sur de Italia de los árabes antiguos, que también lo practicaban durante los bautizos. Con el tiempo, y los vaivenes de la economía, las monedas quedaron atrás y se pasó a tirar arroz sobre los esposos, como un deseo de buenaventura y prosperidad.

    No son las únicas curiosidades en torno de Padrino pelao, que, obvio, alude a un tacaño:

    ¡Saraca, muchachos…! ¡Dequera, un casorio…! / ¡Uy, Dio… qué de minas, está todo alfombrao…! / Y aquellos pebetes, gorriones de barrio, / acuden gritando “!Padrino pelao…”¡ (…) ¡Saraca, muchachos… gritemos más fuerte! / ¡Uy, Dio… qué amarrete, ni un cobre ha tirao…!

    A pedido de Eduardo Morera, el creador de los videoclips de Gardel, en 1930 el músico Enrique Delfino y el poeta de escaso vuelo Julio Cantuarias compusieron este tango para el primer cortometraje del cine latinoamericano con sonido acústico y uno de los minifilmes iniciales de la historia del cine.

    Es el único, además, donde Gardel aparece solo en la pantalla, con su guitarra y una cortina negra detrás; se dice que fue idea del productor de Morera, Federico Valle —que había trabajado con los hermanos Lumière y tomado clases con Meliès, y emigró a Argentina en 1911—, “para fijar mejor al cantor, saludando al final como si estuviera en un teatro”, dejando a los acompañantes, Aguilar, Riverol y Barbieri, fuera de escena. El corto fue filmado el 3 de noviembre de 1930 junto con otros 14 similares, en los cuales el Mago aparece no solo con sus guitarristas, sino en brevísimos diálogos con letristas de los temas cantados. Estos videos fueron estrenados en 1931, en el Cine Astral, previo a la exhibición de Luces de la ciudad, película de Charles Chaplin.

    Otra peculiaridad de Padrino pelao, que tampoco son tantos quienes la han advertido, es que si bien está claro el motivo central del tango, se extiende su historia a la situación de la novia en cuestión e incluye a otro personaje femenino, con fidelidad a la época patriarcal en que nació:

    Y así por lo bajo, las viejas del barrio / comentan la cosa sin admiración: / ¿ha visto, señora? ¡Qué poca vergüenza! / Vestirse blanco, después que pecó… (…) Y aquella pebeta que está en la vereda / contempla con pena a la novia pasar; / se llena de angustia su alma marchita / pensando que nunca tendrá el blanco ajuar…

    Hay que recordar, además, que esta tradición de los padrinos quedó también en un poema de Héctor Gagliardi, El triste, titulado llamativamente Carlos Gardel, invocándolo como una metáfora:

    ¿Por qué mágica razón / el barrio volvió a la vida? / ¿Será esa voz ya perdida / que de un disco se escapó / y que el aire repartió / como un padrino pelao / en el atrio desolado / que llamamos corazón…?

    De 15 cortos que grabó Gardel con Morera, cinco se arruinaron en el laboratorio, entre ellos, Leguisamo solo —muy querido por el cantor— y El quinielero. Los 10 salvados fueron Padrino pelao, El carretero, Añoranzas, Rosas de otoño, Mano a mano, Yira… yira, Tengo miedo, Enfundá la mandolina, Canchero y Viejo smoking.

    Gardel siempre quiso cantar Padrino pelao. Sin embargo, antes que él, lo hicieron Tita Merello, Corsini y Charlo. Se conoce un diálogo casual de Gardel con Cantuarias, autor de la letra, a quien conocía:

    —¡Qué hace, pibe…! ¿Por qué no me ha dado ese tango a mí?

    —Mire, don Carlos. Son cosas de Delfino, que se encarga de todo. Pero no se preocupe. Yo le hablo y lo arreglamos enseguida.

    Y así fue.

    Años después, en 1955, el beneficiado fue Julio Sosa, sin saber nada de esta historia.