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    miércoles 05 de junio de 2024

    Idea de acercar a Uruguay al selecto estatus de “desarrollado” vuelve con la campaña electoral

    El precandidato blanco Álvaro Delgado plantea posicionar al país como el más avanzado de la región cuando termine su eventual mandato; también el programa del Frente Amplio alude múltiples veces al concepto de desarrollo

    Ser avanzados, desarrollados, ricos. Ser parte de una élite de 43 economías en las que habita el 14% de la población del planeta y que generan más de un tercio del Producto Interno Bruto (PIB) mundial. La aspiración de llevar a Uruguay a esa categoría titula el programa de gobierno del precandidato oficialista Álvaro DelgadoPodemos ser el primer país desarrollado de América Latina—, aunque el texto deja en claro que recorrer el camino hacia ese estatus lleva más que un quinquenio. También el documento de las bases programáticas del Frente Amplio para 2025-2030 refiere decenas de veces al concepto de desarrollo, en un sentido más general.

    Como todos los países latinoamericanos, salvo Puerto Rico —un Estado libre asociado a Estados Unidos—, Uruguay es una economía llamada “emergente” o “en desarrollo”, según la clasificación que hace el Fondo Monetario Internacional (FMI) en función, básicamente, de tres parámetros. Es un grupo de 155, entre los que figuran también países europeos, asiáticos y africanos; en conjunto representan el 59% del PIB mundial (y 86% de la población).

    La de desarrollado y en desarrollo son categorías arbitrarias, hechas por ese organismo financiero a los efectos de simplificar el análisis. Otros, como el Banco Mundial, utilizan una clasificación que toma en cuenta el ingreso por habitante de los países para definir dónde enfocar sus créditos o la cooperación.

    La propuesta programática del exsecretario de la Presidencia —quien hoy encabeza las intenciones de voto en la interna blanca— habla de dar un “salto” hacia el desarrollo económico que le permita a Uruguay salir de la “trampa del ingreso medio”, refiriéndose a las “dificultades que encuentra un país que no es suficientemente barato para captar las inversiones que reciben los países más pobres, ni tiene una economía con factores productivos suficientemente sofisticados para recibir las inversiones que llegan a los países más ricos”. En ese sentido, propone una serie de transformaciones para que la economía uruguaya “sea más productiva y competitiva”: perfeccionar la regla fiscal y el régimen de promoción de inversiones; bajar la inflación a “en torno al 3%” anual para el final del mandato; reducir la cantidad de empleados públicos a razón de 1% anual (15.000 vínculos laborales menos en todo el período de gobierno); liberar la importación de combustibles; adoptar mecanismos de “aprobación ficta” o “fast track” para importaciones y registro de productos; perfeccionar los “descuelgues” de los convenios colectivos; y evaluar convertirse en Estado asociado —en lugar de “observador”— de la Alianza del Pacífico, entre muchas otras medidas en materia de empleo, de infraestructura física y sectoriales. Varias acciones están planteadas como una continuidad de políticas anunciadas o implementadas por la actual administración multicolor.

    En esta etapa de la campaña electoral, Delgado y sus asesores están comunicando de manera general el programa, por lo cual “el equipo económico no va a salir a la cancha todavía”, señalaron a Búsqueda desde su comando cuando se les propuso profundizar en este capítulo específico.

    “A medio camino”

    ¿Ser el primer país desarrollado de América Latina?, interroga un subtítulo del programa de Delgado. La visión del precandidato y su equipo plasmada en ese documento es que “no hay ninguna razón” por la cual haya que conformarse con menos y, de hecho, dicen, ya está “a mitad de camino: tenemos una calidad democrática y una estabilidad institucional asimilable a la de un país desarrollado, pero indicadores económicos y sociales que nos separan por mucho de ese horizonte”. El programa explicita además qué requiere Uruguay para ser desarrollado: tener al menos un nivel de riqueza 30% mayor; abatir a la cuarta parte la pobreza infantil; universalizar la educación secundaria y generalizar la terciaria; y reducir a la mitad las rapiñas y los homicidios. “Pero también somos conscientes de que no es una tarea de un gobierno, se trata de sostener una ambiciosa agenda de reformas durante varios lustros. Es por eso que además nos proponemos ser el país más desarrollado de América Latina al final del próximo quinquenio”, acota, clarificando la promesa: hacia el 2030 Uruguay ocuparía el primer lugar por su nivel de desarrollo en la región, sin necesariamente ser una economía avanzada.

    La idea de escalar hacia el desarrollo y ponerle fechas no es novedosa. Según dijo en 2014 Andrés Masoller, entonces director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía, Uruguay ya estaba avanzando en esa dirección. Más aún, vaticinó que, si seguía por el mismo rumbo, llegaría a ese estatus hacia el final de la actual década. Cuando dijo eso en una entrevista en Radio El Espectador, los comunicadores, incrédulos ante lo que estaban escuchando, repitieron la pregunta más de una vez y el jerarca se ratificó: “En un horizonte de 15 o 20 años, Uruguay podría considerarse un país desarrollado si continúan las tendencias que hemos visto en los últimos años”. Por entonces el PIB había crecido a un ritmo promedio cercano a 6% anual; el país “nunca tuvo un período tan largo con un crecimiento tan pronunciado”, martilló Masoller.

    El economista también asoció el concepto de desarrollo al bienestar de las personas y a sus oportunidades respecto del cual quedaba camino por andar. “Estamos aún lejos de eso… La distribución del ingreso es un aspecto importante. Economías desarrolladas tienen una distribución mucho más equitativa que lo que lo tiene Uruguay”, afirmó.

    “¿Le hacemos firmar hoy el papel de que en 2030 somos un país desarrollado?”, lo desafió uno de los entrevistadores. “Hoy me animaría a decir que sí. Si se dan las circunstancias, vamos a alcanzar niveles de desarrollo para los que menos tienen. Porque para los sectores de altos ingresos Uruguay ya es un país desarrollado, pero para los de bajos ingresos todavía nos falta”, respondió Masoller.

    En la actual campaña electoral, el Frente Amplio alude en su programa de gobierno a la idea de desarrollo concebida con un enfoque “multidimensional” que abarca la “generación de capacidades individuales, colectivas e institucionales para la transformación productiva y social. El Frente Amplio aspira a construir un camino de desarrollo en el que el pueblo deje de ser ‘objeto’ del desarrollo para convertirse en ‘sujeto’ de su propio destino”. Entre otros aspectos, señala, eso implica “avanzar decididamente hacia una sociedad y una economía basadas en el conocimiento y la educación” con un sentido de equidad.

    Ricos y clase media

    Los principales criterios utilizados por el FMI para clasificar el mundo en economías avanzadas y emergentes o en desarrollo son tres. Aclara que su categorización no se basa en “criterios estrictos” y que ha ido evolucionando con el tiempo. El objetivo es el de “facilitar el análisis proporcionando un método razonablemente significativo para organizar los datos”. Algunos países no son clasificados por no ser miembros del organismo (como Cuba y Corea del Norte).

    Un primer parámetro considerado es el nivel de ingreso per cápita. Para la categorización el organismo toma un promedio de varios años, ya que las oscilaciones —debido, por ejemplo, a la producción de petróleo— pueden determinar un efecto sensible de un año a otro.

    En lo que va de este siglo Uruguay prácticamente multiplicó por cinco su PIB por habitante en dólares corrientes, desde US$ 7.432 en 2000 a US$ 21.657 en 2023, según la base de datos del FMI. En “dólares internacionales” (poder de paridad de compra o PPP, por su sigla en inglés) partió de un ingreso per cápita más alto para llegar el año pasado a US$ 27.486.

    En América Latina esa cifra solo la superan Chile (US$ 28.951) y Panamá (US$ 39.363).

    La promesa de campaña de Delgado de, si es presidente, dejar a Uruguay como el país más desarrollado de América Latina cuando termine su mandato no parece inalcanzable (en términos de PIB por habitante). De hecho, las actuales proyecciones de crecimiento del FMI al 2029 calculan un Producto por uruguayo de US$ 36.848, con lo que dejaría atrás a los chilenos (US$ 37.211), aunque seguiría por debajo de los panameños (US$ 55.729).

    Respecto a las economías avanzadas la distancia, hoy, es relativamente grande. Croacia, Grecia, Letonia, República Eslovaca y Portugal son los que tenían en 2023 el PIB per cápita más modesto, rondando los US$ 25.000 y los US$ 40.000 (PPP). Los más ricos, vistos en esta dimensión, fueron Luxemburgo (US$ 129.810 y US$ 141.380), Irlanda (US$ 104.272 y US$ 130.915) y Singapur (US$ 84.734 y US$ 128.349).

    En segundo lugar, el FMI toma para su categorización la diversificación de las exportaciones de cada economía. Por este criterio, aquellos países petroleros que tienen un PIB per cápita alto no entrarían en la clasificación de avanzada, dado que alrededor del 70% de sus ventas totales al mundo son de crudo.

    Tercero, considera el grado de integración al sistema financiero global con base en estadísticas sobre la balanza de pagos.

    Los movimientos de una categoría a otra no son comunes. El FMI explica que la reclasificación solo ocurre cuando algo cambia marcadamente o cuando los argumentos a favor del cambio en términos de los tres criterios mencionados son muy significativos. Eso ocurrió, por ejemplo, con la incorporación de Lituania a la zona del euro, con lo cual pasó a ser considerada una economía avanzada. La mayoría de las reclasificaciones de los últimos años estuvieron relacionadas con la ampliación de la Unión Europea.

    Economía
    2024-05-15T19:17:00