Suplementar los ganados o no hacerlo vuelve a ser un cuestionamiento recurrente de los productores, como en todos los otoños, pero este año con un nivel de incertidumbre mucho mayor, derivado del comportamiento de los precios de las haciendas en los últimos meses, que complica fuertemente la toma de decisiones.
Los reclamos de los productores ganaderos sobre el manejo de los precios por parte de la industria frigorífica en el mercado, y las acusaciones de que se está “desestimulando” la cría, parecieran tener un fiel reflejo en las dudas existentes sobre si invertir o no en suplemento para mejorar la velocidad de engorde. El coordinador ganadero y agrícola de Fucrea, Ing. Agr. Ignacio Buffa, sostuvo que en la actual coyuntura de precios, donde el valor del ganado gordo “se ha descalzado de lo que es el precio de exportación, toda la reposición copia esa realidad y eso no contribuye para nada” en la decisión de los productores de invertir. “Cualquier cosa que sea agregar un costo, complica”, afirmó.
—El cuestionamiento que se hacen muchos productores en el otoño es sobre si vale la pena o no suplementar los ganados en invierno. ¿Cuáles son los elementos que hay que tener en cuenta para tomar la decisión?
—La pregunta sobre si suplementamos o no es siempre compleja. Primero, porque hay una mirada que es más directa, más puntual, o sea, si suplemento tal categoría, gano tanto, gasto tanto y evalúo cómo me cierra la cuenta. Esa es una cuenta y es relativamente sencilla de analizar, pero que igual tiene algunos elementos que son determinantes del resultado. Pero, por otro lado, hay una cuenta que es más del sistema. Si yo suplemento determinada categoría, eso tiene implicancias en todo lo que es el resto del sistema de producción. O voy a estar liberando campo para alguna otra categoría, o al mejorar la tasa de ganancia me va a cambiar o me va a aumentar la velocidad de invernada. Por ejemplo, si yo antes invernaba tres años y ahora inverno dos años y medio porque suplementé, el sistema va a tener mayor capacidad de carga. Y esa cuenta capaz que es un poco más difícil de abordar. Cuando vamos a la cuenta puntual, lo que está claro es que la conveniencia o no de suplementar está fuertemente determinada, además de por la ganancia de peso, por el precio de venta que yo supongo al fin de la suplementación, y eso este año realmente da para mucha discusión, porque estamos en un escenario de precios incierto. No sabemos si los valores se van a mantener en los niveles actuales o en primavera van a aumentar. Entonces, según cómo cada uno se posicione con respecto al mercado, determinará si toma la decisión de suplementar o no.
—El precio final de venta es una incógnita muy difícil de despejar en un escenario como el actual. ¿Qué dicen los números?
—En la jornada hicimos un ejercicio interesante en ese sentido. Si aplicamos todos los coeficientes relativos en una categoría que normalmente se suplementa, como son las recrías de terneros, ¿cuánto me determina el precio? Por ejemplo, si el producto final después de la suplementación es un novillito de 260 kg y su precio aumentara un 10 %, podría pagar hoy casi U$S 300 la tonelada de suplemento para empatar el negocio. Pero la cuenta de hoy, con el precio de hoy, no da para pagar esa tonelada a U$S 180. Si será determinante el precio que en definitiva con un 10% de incremento, me habilitaría a pagar casi el doble de lo que podría pagar el suplemento con los números actuales.
Categorías más chicas minimizan los riesgos
—¿Qué ejercicio es necesario hacer entonces para tomar la decisión?
—Hay varios elementos a tener en cuenta. Personalmente, la secuencia de análisis la haría de la siguiente manera: primero hacer la cuenta puntual de la suplementación. Qué categoría, su precio de compra y de venta, el costo del alimento, la ganancia en kilos estimada, y eso me va a dar un número. Esa es una cuenta. Pero el segundo ejercicio que se tiene que hacer es preguntarse: si yo suplemento hoy y obtengo un número, que puede ser positivo o negativo, ¿qué cosas le pasan al sistema? Y las cosas que pueden pasar son, o adelantar una venta o por el hecho de suplementar una ternera que estoy recriando para cría, su comportamiento reproductivo del primer entore sea más que superior frente a no suplementarla. Es decir, meter en la cuenta esos números que hacen al sistema de producción, por lo menos considerarlos a la hora de tomar la decisión, porque se puede llegar a la conclusión de decir, “bueno, pierdo estos dólares de suplementación por cabeza, pero en realidad si me aseguro que la preñez de esa vaquillona en el primer entore sea 70% y no sea 60%, ahí capaz que estoy matando el costo del suplemento y ganando”.
—¿Está fuera de discusión el impacto de la suplementación en la ganancia de kilos?
—Sí. Si ese impacto no se da es porque hubo algún error técnico. O la calidad de la ración tienen alguna limitante, o se aplicó mal algún procedimiento, como por ejemplo no haber pasado por un período de acostumbramiento de los animales. La tecnología disponible no debería fallar porque se han estandarizado los procesos y están muy ajustados en lo relativo a los productores, más ahora con las raciones de autoconsumo que facilitan mucho más los procesos, o incluso las raciones con fibra incluida. El impacto de la suplementación es bastante cierto, pero hay alguna coyuntura que hace que haya que afinar mucho más el lápiz.
—¿Se resume entonces a un tema de costos, exclusivamente?
—Sí, sobre todo. No es lo mismo suplementar en un escenario en que el ganado sube, que hacerlo cuando baja. Si la tendencia que tuvimos con el precio del ganado gordo va a seguir, se vuelve mucho más riesgoso agregar costos. Ahora parece que el valor está más estabilizado, pero esa tendencia afecta muchísimo.
—¿Hay alguna categoría que se puede suplementar donde los riesgos se minimicen?
—Como criterio general, cuanto más chico el animal, mejor va a ser el número de la suplementación. Hoy en la investigación hay como una tendencia a que cada vez se incorpore grano a edades más tempranas. Tenemos los destetes precoces o hiperprecoces con suplemento muy fuerte. Cuanto más chica la categoría, más eficiente va a ser. Y eso vale para todos los sistemas. Se consume menos cantidad de grano y la ganancia es mayor.
—¿Hay alguna técnica de suplementación que se destaque por sobre otras?
—Lo que pusimos arriba de la mesa fue una actualización de las formas existentes de aplicar esta tecnología, desde el autoconsumo, hasta suplemento diario o de frecuencia variable. En el menú hay varias alternativas que permiten ajustarla a diferentes sistemas de producción. Y están todos los coeficientes a la vista y ninguna de las variaciones tiene coeficientes tan malos como para descartarla. Están todas vigentes.
Señales de la industria no son estimulantes
—La incertidumbre de precios hoy parece no colaborar para la adopción de decisiones. ¿Eso es así?
—Sí, ese es el punto. Si supiéramos que en la primavera el precio va a estar 15 centavos por encima del de hoy, la suplementación cierra por todos lados. Pero es un número que nadie puede prever. ¿Quién se la va a jugar a que eso va a pasar? Si va a bajar el precio, para que me sirva el número voy a tener que gastar U$S 150 por tonelada, pero si va a subir, puedo gastar hasta el doble. De ese nivel es la variabilidad.
—¿Las señales que da la industria hoy no son ideales para una resolución?
—Y eso está claro. Como todo está relacionado con el precio del ganado gordo y éste se ha descalzado de lo que es el precio de exportación, toda la reposición copia esa realidad y eso no contribuye para nada. Al bajar las relaciones de precios, cuesta mucho más entrar a todo lo que sea intensificación. Cualquier cosa que sea agregar un costo, complica.
—¿La ganancia de kilos que supone la suplementación no llega a compensar un eventual mantenimiento del precio o incluso una disminución?
—El ejemplo que pusimos en la jornada fue el de una recría que ganaba bárbaramente y, aun así, nos daba que se podía pagar U$S 180 la tonelada. Es decir que la ganancia que da puede no llegar a compensar la inversión. Los números que utilicé son de una recría, que con un verdeo sin suplemento ganaba 250 gr o 300 gr y con suplemento ganaba casi 900 gr. Son ganancias espectaculares y aún así nos daba que se podía pagar el suplemento 180 dólares. Tampoco hay un alimento mágico que le permita ganar 1,3 kg, y si lo hubiera, valdría mucho más. Cada alimento tiene un potencial de ganancia en los animales y hay que evaluarlo en función de ese potencial. A mayor potencial de ganancia va a ser más caro el alimento y eso hay que evaluarlo.