Nº 2093 - 15 al 21 de Octubre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl título elegido por la economista jefa del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gita Gopinath, para caracterizar los desafíos que enfrenta la economía mundial con el fin de recuperarse de los efectos de la pandemia de Covid-19, es un muy buen resumen de las dificultades que tendremos que superar para acercarnos a lo que era la situación a fines de 2019.
Como dijo al presentar esta semana el informe Panorama Económico Mundial, la recuperación que viene mostrando la economía mundial desde las profundidades del abismo que se había alcanzado en el segundo trimestre del año, cuando la mayoría de los países se vio obligado a imponer cierres de actividades y restricciones a la movilidad generalizadas, será larga, incierta y desigual.
Larga, porque aún antes de la crisis sanitaria el mundo venía mostrando un crecimiento lento, muy dependiente del mantenimiento de fuertes estímulos monetarios y fiscales, con baja productividad de la mano de obra y poca inversión productiva. A eso hay que agregar los impactos de mediano y largo plazo que la pandemia causará en la oferta de trabajo, en el deseo de invertir de las empresas dada la mucha mayor incertidumbre vigente, así como en la creación de capital humano.
La recuperación será incierta porque es claro que nadie puede definir con más o menos certeza cuando estarán disponibles las vacunas o los tratamientos probadamente efectivos que puedan ser distribuidos masivamente, que es lo único que permitirá en algún momento retornar a algo parecido a la “normalidad”, abandonando el “distanciamiento social” que tanto daño ha ocasionado en diversas actividades económicas. También será incierta porque es claro que será imposible sostener durante mucho tiempo el extraordinario nivel de estímulo fiscal y monetario que los países han aplicado para mitigar el impacto de la crisis sanitaria, y nadie está inmune a que haya errores en la “normalización” de estas políticas con consecuencias potencialmente muy negativas para la sostenibilidad de la recuperación económica, especialmente teniendo en cuenta las magnitudes en juego.
Finalmente, la recuperación será desigual tanto porque los diversos países tenían situaciones iniciales totalmente diferentes y “billeteras” distintas para aplicar medidas compensatorias ante la crisis como porque el impacto del Covid-19 ha sido claramente diferente entre sectores económicos y sociales. Como suele ocurrir en toda crisis significativa, los trabajadores menos capacitados, los jóvenes y las mujeres sufren mucho más el deterioro de las condiciones generales en el mercado de trabajo. Según señaló Gopinath, se espera que este año más de 90 millones de personas en el mundo caigan a una situación de extrema pobreza como consecuencia de la pandemia, al tiempo de que empeorará la diferencia entre el comportamiento del ingreso en las economías avanzadas y las emergentes y en desarrollo (excepto China, que además será la única relevante que mostrará crecimiento positivo en 2020, según el FMI).
De hecho, las estimaciones revisadas ahora por el organismo muestran una mejora en las perspectivas de crecimiento para las economías avanzadas (ahora espera una caída del PBI de este grupo de países de 5,8% para este año, en lugar del 8,1% que proyectaba en junio y del 6,1% de caída estimado en abril). Mientras, revisó a la baja las proyecciones para las economías emergentes y en desarrollo, excluida China: ahora espera una contracción de 5,7%, frente a las caídas de 5,0% y de 2,3% proyectada en junio y en abril, respectivamente. Para China, ahora prevé crecimiento de 1,9% en 2020 (frente al 1% pronosticado en junio y 1,2% de abril).
En la región las buenas noticias vienen por el lado de la fuerte mejora en las previsiones respecto a Brasil, donde ahora el FMI espera una contracción del PBI de 5,8% este año, en lugar de la caída de 9,1% que proyectaba en junio. Pero ahora cree que Argentina se contraerá 11,8%, el peor resultado luego de Perú y Venezuela.
Para Uruguay, el FMI estima una contracción del nivel de actividad de 4,5% en este año, seguido de una recuperación de 4,3% en 2021. Es interesante señalar que, según el organismo, a fines de 2021 ningún país de la región —salvo Paraguay, donde se proyecta que a la caída de 4% este año seguirá una recuperación de 5,5% el próximo— habrá recuperado el nivel de actividad del año 2019.
En definitiva, hay que anticipar tiempos difíciles en el corto plazo, al menos durante 2021, más allá de la mejora que se observará en relación con el deprimente 2020. La lógica y el sentido común indican que habrá que moverse con mucha prudencia a todo nivel, dado que la incertidumbre general continuará siendo muy elevada. La austeridad y mejora en la gestión del gasto público global que pretende implementar el gobierno (más allá obviamente del inevitable gasto para atender la emergencia sanitaria) es más necesaria que nunca.