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Con el Covid-19 más contenido y una relativa normalidad en las vidas cotidianas, la percepción de que la situación económica personal y del país iría mejorando se fue afianzando y, desde octubre, la confianza del consumidor se ubicó dentro de la zona de “moderado optimismo” (más de 50 puntos). Sin embargo, en marzo el índice elaborado por Equipos Consultores y la Universidad Católica (UCU) cayó, lo que podría ser un dato llamativo.
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En ese mes el indicador mensual de Confianza del Consumidor (ICC), publicado el jueves 21, se ubicó en 45,8 puntos, una baja de 5,3 puntos respecto a febrero y la mayor desde el shock provocado por la aparición de casos de Covid-19 en marzo del 2020 y la posterior emergencia sanitaria. Quedó dentro del rango de 40 a 50 puntos, que señala un “moderado pesimismo” de la población.
Ese valor del ICC surge de encuestas realizadas entre fines de marzo y el pasado jueves 7.
“La magnitud de la caída es considerable, si bien no marca tendencia”, dijo a Búsqueda la directora del Instituto de Competitividad de la UCU, Micaela Camacho. Analizó que comparando las mediciones de confianza en los países de la región, Uruguay “se despega un poco” porque es donde “más baja”. Según ella, esto sugiere que “hay un tema más propio” por detrás.
Los tres subíndices que componen el ICC (la situación económica personal, del país y la predisposición a la compra de bienes durables) cayeron frente a febrero. A su vez, otros indicadores de confianza relevados también empeoraron, como las expectativas de ingresos, de inflación –“peor puntaje registrado en la serie”— y desempleo.
“La incertidumbre de lo que va a pasar en el mediano y largo plazo en la economía” y el “no saber a priori los números sobre los cuales tomar las decisiones”, es “lo que está resintiendo la posición tanto de los consumidores como de las empresas”, explicó la economista.
“Impacto competitivo”
“En la pandemia los consumidores veían un problema coyuntural. La confianza bajaba nueve puntos, pero mirabas la situación económica del país y se veía que se iba a recuperar en el mediano y largo plazo. Eso pasaba, consistentemente en todos los meses, con números de desempleo impresionantes. Ahora es la primera vez que estamos viendo que eso no sucede”, analizó Camacho. Según dijo, el “parecer” de los consumidores y los empresarios “dice cautela” y denota “cierto recelo de que el panorama económico se vaya a recuperar”.
Esa percepción más pesimista tiene —a su juicio— un “impacto directo en el potencial competitivo” del país. “Es como ´ser y parecer´. Una cosa es que a la economía le vaya bien y que los agentes tengan confianza en eso. Si le va bien pero los agentes desconfían, tenés un problema: la incertidumbre. Porque a mediano plazo no podés aguantar esa recuperación económica”, razonó.
Igualmente, dijo, habrá que esperar cómo refleja el ICC en los próximos meses el “sentimiento y psicología” de los agentes económicos frente al anuncio de un adelanto de los aumentos salariales públicos –y el llamado a hacerlo en el sector privado- y de las pasividades hecho por el Poder Ejecutivo. Evaluó que esas medidas podrían impactar positivamente porque se busca incrementar directamente el ingreso disponible de las personas. Sin embargo, dijo, “puede rebotar” y generar mayor retracción en la confianza, si la población cree que el gobierno solo está poniendo “paños fríos” y anticipan un deterioro económico mayor.
Por el lado de las empresas, Camacho señaló la “preocupación e incertidumbre” que éstas tienen acerca de sus costos, como los combustibles, “al no saber bien qué es lo que va a pasar cada mes” dado el nuevo régimen de ajuste de las tarifas vigente desde el año pasado. “Eso genera un sobrecosto que no es tangible (...) y la empresa termina trasladando”, apuntó.