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    Indios muy peligrosos

    Urugombia es un país pacífico, con instituciones razonablemente estables y una convivencia básicamente armónica.

    El rey Pepembe gobierna en forma tan errática como bonachona, y entre los tres poderes se sacan chispas, pero se respetan bastante.

    No obstante, el peligro que amenaza la paz interior y el Estado de derecho es la presencia de una tribu indígena de gran agresividad: los pisenetés.

    Formada por varias etnias, que responden a cacicazgos actualmente basados en la fuerza y la crueldad de sus conductores, esta tribu histórica ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Desde la recordada época histórico-fundacional, en la que predominaba la pacífica conducción del respetado y bondadoso cacique Pepedelía, un componedor de la talla de Nelson Mandela, pasando por caciques ya más agresivos pero todavía negociadores, como Enriquerodriguembe, hasta los tiempos del aparentemente pacífico pero crudo guerrero Juancastillongo, mucho curare ha pasado por las puntas de las flechas de esta peligrosa indiada.

    El caso más relevante en estos días que corren es el del cacique Andradembé, jefe de la etnia de los Sunca, quien además reúne la doble calidad de conductor indígena y suplente de diputado del Partido Comunista. En esta última investidura, Andradembé ha asistido a las sesiones del Parlamento vestido con su taparrabos de cuero y sus plumas tribales, los collares con colmillos de sus enemigos muertos colgados de su vigoroso pescuezo y un filoso puñal al cinto. Desde su banca ha lanzado agresivas arengas estimulando la lucha de clases, promoviendo medidas legislativas consistentes en castigar a los empleadores con la pena de muerte en caso de comprobarse que no han pagado la tasa de mantenimiento a las comunidades indígenas autóctonas, y que asimismo mantienen a sus empleados y obreros aislados de las ceremonias tribales, prohibiéndoles realizar sacrificios humanos en horas de trabajo.

    En oportunidad de la discusión de una de estas últimas leyes, la etnia Sunca concurrió masivamente a la zona del Palacio Legislativo, montando sus tolderías en la explanada y sus alrededores, llevando a cabo ceremonias rituales, tronando tambores, encendiendo fogatas, deglutiendo montañas de choripanes y tortafritas, y quemando en la hoguera varios cerdos vivos que tenían escrito en el lomo los nombres de los presidentes de las cámaras empresariales.

    En esta oportunidad el cacique Andradembé no asumió su cargo legislativo, sino que se mantuvo en el seno de su tribu arengando a la indiada, profiriendo gritos de guerra, y anunciando que escracharía públicamente a todos los senadores del oficialismo que se negaran a seguir sus precisas directivas.

    —“¡El que no vota lo que yo le digo es mi enemigo!” —bramaba el cacique en las afueras del Palacio mientras se llevaba a cabo la sesión del Senado —“¡y tendrá que sufrir las consecuencias! ¡Juicio y castigo a los culpables, muerte segura, sin sepultura!” —continuaba, mientras sus adláteres aullaban de gozo y aprobación a su lado, hincándose ante su amenazadora figura.

    De nada sirvió que en la ocasión, un anciano cacique otrora rey de Urugombia, llamado Tabaré, (el cual alberga pretensiones de volver al trono una vez que el rey Pepembe sea abandonado en los manglares del sur a la espera de la Parca) reclamara que la ley no se aprobara a los apurones, que se meditara, y hasta que se modificara para evitar que la Suprema Corte la declare inconstitucional. Cabe señalar que la declaración de inconstitucionalidad de las leyes aprobadas por este Parlamento es una actividad que ha aumentado en un 300% con respecto a administraciones anteriores, al extremo que varios ministros han solicitado licencia fatigados de estudiar tantas leyes que son verdaderos mamarrachos jurídicos.

    El indio bravo y revoltoso lo mandó al anciano Tabaré a pescar burriquetas en el arroyo San Juan (“pero de la margen opuesta a la estancia Anchorena” —dijo Andradembé en declaraciones a la prensa —“porque la que va a estar de reina va a ser la india Constanzamoreiramba, la de la melena alborotada como manifestación del Frente” —agregó con gesto altivo.

    Observadores políticos estiman que el trámite de esta ley por la que las amas de casa van a ir en cana cuando la empleada doméstica se caiga del banquito de la cocina lavando los vidrios y se fracture un brazo, abrirá el camino para otras movilizaciones indígenas revolucionarias, tendientes a ubicar a los pisenetés en el centro del poder político, desplazando a las autoridades constituidas.

    Otra etnia peligrosa dentro de esta tribu es la de los Untmra, unos indios muy atravesados, que se han estado reuniendo con sus primos de la etnia Sunca, para recibir consejos y recomendaciones.

    Se rumorea con fuerza que los Untmra propondrán en breve la llamada “Ley del Tornillo”, entre cuyas disposiciones estará la de que, cuando a un indio que trabaje en la industria metalúrgica se le caiga un tornillo de la mano en el momento de ponerlo en una pieza que está armando, al dueño de la empresa se le procese y se le encarcele por peligro inminente, dado que el tornillo perdido puede caer en el tupper en el que el indio tiene sus hortalizas hervidas y su carne de apereá cocida para el almuerzo, y de ingerir su comida con un tornillo se puede intoxicar, y hasta morir.

    —“Es increíble la cantidad de indios que han muerto atragantados con tornillos y bulones caídos en sus miserables dietas, fruto de la desidia y la perversidad de los patrones y de la explotación de los capitalistas neoliberales que desprecian la vida del indio pobre y trabajador” —ha dicho recientemente el cacique de la etnia Untmra denominado Abdalalá, también llamado “el indio turco”, por la curiosa grafía de su nombre indígena, cruza con sangre medio-oriental.

    De estas palabras surge con claridad que otras etnias pisenetés están tramando ataques legislativos, atropellando para demostrar quién es que manda en esta otrora tierra de derechos y obligaciones, ante la pasividad de toda la población.

    Que Iemanjá y la Pacha Mama se apiaden de nosotros.

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