Este año, el resultado de las empresas ganaderas, dependiendo de la productividad en kilos de carne por hectárea, será entre 15% y 30% inferior al ejercicio anterior, y el eslabón de los criadores registrará el “mayor deterioro”, debido a la caída de los precios de la hacienda, adelantó a Campo el técnico del Instituto Plan Agropecuario (IPA), Carlos Molina.
Las estimaciones corresponden al monitoreo que realiza anualmente ese organismo y que abarca a algo más de 100 empresas ganaderas de distintas zonas del país y que en la mayoría de los casos comercializan su hacienda mediante consignatarios, que intermedian entre los ganaderos y los frigoríficos.
Ese grupo es una muestra que tal vez no sea representativa del total de la pecuaria uruguaya, pero generalmente brinda un panorama bastante cercano a la realidad del sector.
Ese escenario presiona mucho más a los productores para que aumenten el rendimiento, controlando los costos por kilo de producto, entre otras medidas que permitan mejorar la gestión del negocio, dijo.
Molina indicó que desde julio de 2013 hasta el momento se observa una baja de los valores de las categorías de reposición (terneros, novillitos, entre otras) y de la vaca gorda, que es otro de los productos vendidos por los criadores, sumado a las dificultades de comercialización de esos animales.
Los frigoríficos daban entrada a las vacas gordas a 30 días y más plazos incluso, lo que genera varias complejidades en el sistema de producción al afectar negativamente el flujo de dinero en la caja de los productores, según el técnico.
En los primeros días de junio el precio de las vacas gordas bajó en comparación con la última semana de mayo, con valores de entre U$S 1,38 y U$S 1,36 el kilo en pie y de U$S 2,78 la carne (res faenada), de acuerdo con datos de la Asociación de Consignatarios de Ganado.
Los resultados previstos si bien son negativos por la disminución que suponen, hay que tener en cuenta que las explotaciones pecuarias monitoreadas registraron el año pasado los mejores ingresos netos de la serie de 12 años, con U$S 55 por hectárea, lo que significó una diferencia superior por amplio margen al promedio de ese período estudiado, que fue de U$S 16.
Respecto a los precios de los vacunos (novillos y vacas), el técnico destacó que en este año los niveles son entre 3% y 17% inferiores en comparación al ejercicio anterior.
Basándose en el comportamiento de los valores que registra la carne bovina exportada por Uruguay, que oscilan entre U$S 3.800 y U$S 4.000 la tonelada, Molina enfatizó que no existe ningún factor que justifique una baja de los valores de la hacienda. En los últimos 10 años, esos ingresos que en promedio pagan los mercados por la tonelada de carne vacuna, más que se triplicaron y representan un aumento de 4% en comparación con el ejercicio anterior, añadió.
Con el actual escenario de precios y costos para el productor, es imprescindible obtener una mayor cantidad de kilos de carne que permita cubrir los valores de los insumos requeridos en la actividad pecuaria. En el ejercicio pasado (2012-2013) el ganadero precisaba 89 kilos de novillo y 69 kilos de ternero para comprar 100 litros de gasoil, y en el actual período esa relación cambió. Ahora el productor debe destinar 94 kilos de novillo y 77 kilos de ternero para adquirir esa misma cantidad de combustible, según las estimaciones del Plan Agropecuario.
Muestran que lo mismo sucedió con el costo de otros insumos, como fertilizantes, y en la implantación de pasturas.
El impacto desfavorable también se repite en la cálculo del pago de salarios y de la canasta familiar.
Para cubrir el salario mensual de un trabajador del sector ganadero en el ejercicio anterior se requerían 313 kilos de novillo o 236 kilos de ternero, y ahora se precisa 367 kilos de novillo y 298 kilos de ternero, conforme a ese organismo.
A favor
Consideró algunos aspectos que juegan a favor del productor en este momento, como la buena disponibilidad de pasturas en los predios y buen estado de los animales en cuanto a condiciones sanitarias y corporales. Por eso “es posible un cierto crecimiento de los kilos producidos, favorecidos por el clima propicio y por precios no del todo atractivos” para las ventas, señaló.
Días pasados, el técnico hizo una presentación en la sede del IPA en Montevideo y la idea de adelantar algunos de los resultados o las tendencias que se vienen observando es que los ganaderos puedan adoptar medidas preventivas. En ese sentido, Molina recomendó recurrir a varias herramientas ante la situación planteada para la ganadería, como el trabajo en la capacidad de gestión del negocio y la toma de decisiones, para lo que es propicio utilizar información y análisis. Con esos elementos el productor puede hacer una planificación y anticiparse a la hora de definir sus inversiones y negocios.
El técnico indicó que el 50% de los costos de los predios ganaderos cotizan en pesos y que el crecimiento del valor del dólar afecta esos costos favorablemente. De esa manera “se licuan los incrementos de costos”, advirtió.
En cuanto a otros factores que inciden en el negocio pecuario, Molina estimó que los salarios aumentarían entre 1% y 2% y los impuestos lo harían 1%, mientras que los combustibles disminuirían 1%. En el ejercicio en curso, que cierra en junio, es probable que los costos de producción permanecerán sin cambios o crezcan hasta 2% y 3%, vaticinó.
Atendiendo a ese aspecto, el técnico comentó que el panorama sería peor si los costos aumentaran y el tipo de cambio fuera desfavorable.
“Lo importante es no ser alarmistas en cuanto a la posibilidad de que los productores puedan quedar por el camino, pero sí darles algunos elementos para prever la toma de decisiones”, valoró.
Los criadores son los que tienen el perfil de mayor fragilidad ante este tipo de situaciones, porque son los menos flexibles en el manejo del peso de sus animales.
“Si se pasan de kilos en los terneros que crían, el precio tiende a bajar”, argumentó.
Una de las mayores preocupaciones del sector, compartida por el gobierno, es el impacto negativo que la caída de los valores del ganado pueda tener en las futuras pariciones, debido a un eventual desestímulo en la fase de la cría que de alguna manera algunos actores ya visualizan.
Consultado al respecto, Molina dijo que ese efecto no se puede detectar en el corto plazo, como suponer que en la próxima primavera nazcan menos terneros, pero sí tiene una incidencia en el mediano y largo plazo. De ahí la importancia de que existan señales que cambien el panorama actual hacia el productor, que deberá tomar las decisiones de entorar o no a sus vacas, de realizar inversiones en mejoramiento genético y en la alimentación de sus animales, dijo.