Nº 2268 - 14 al 20 de Marzo de 2024
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUno de los problemas ambientales más importantes y menos conocidos por el público general es el de las especies invasoras. Las especies nativas se conocen entre sí desde hace millones de años y sus estrategias de dispersión se complementan mutuamente, de modo que las relaciones entre especies nativas en un ecosistema suelen variar gradualmente, en vaivenes dependientes de las variables climáticas o de las poblaciones animales con las que interaccionan, pero no se generan procesos bruscos como son los de una invasión.
Con las especies invasoras ese riesgo es muy alto, porque al venir de lugares lejanos, las especies locales no las conocen y muchas veces no saben cómo defenderse. Un caso emblemático es el de la gramilla (Cynodon dactylon) originaria de África, probablemente el pasto más popular de los jardines urbanos, que se dice fue introducido con la instalación de las primeras vías férreas, para asegurar los terraplenes al costado de los rieles.
En los últimos años, y particularmente en el presente, muchos productores están alarmados por la imparable invasión de otro pasto que probablemente pocos fuera del mundo ganadero conocen: el Capin Anoni.
Dice la página del MGAP sobre este pasto: Eragostis plana es una maleza, gramínea estival, de alta agresividad y capacidad de invasión, capaz de desplazar las especies productivas de nuestros campos naturales hasta su sustitución completa. Es calificada como pasto duro, con altos contenidos de fibra bruta y baja digestibilidad.
La especie fue introducida accidentalmente como maleza en semillas de Chloris gayana, en el Estado de Río Grande del Sur en la década del 50. En esa época los campos naturales en la zona del Planalto medio estaban siendo invadidos por Aristida spp, de bajo valor forrajero, y para la cual no se tenían alternativas de control que permitieran detener su avance. El Capim Annoni competía e invadía las áreas infestadas de Aristida, su valor forrajero era superior, por lo cual se empezó a comercializar semilla en la región y en Santa Catarina y Paraná.
Arrasa con las especies nativas y es prácticamente incomible para los herbívoros, una estrategia catastróficamente exitosa.
Los vegetales invasores no son solo pastos, también hay árboles y algunos son realmente peligrosos. La Acacia Gleditsia triacanthos, llamada así por sus espinas triples, tiene varios componentes que la hacen invencible como invasora. De nombre común Corona de Cristo o Acacia negra, esta leguminosa tiene unas chauchas extremadamente apetitosas para los vacunos, que luego las dispersan con sus heces por todas partes. Incluso a cientos de kilómetros, cada vez que se lava un camión que llevó ganado. En zonas cercanas a ríos se ven bostas de las que nacen decenas de plantas, que literalmente devoran al monte nativo. Además, cada rama que cae tiene espinas como puñales, que perforan las suelas más gruesas.
Son temas muy distantes del público urbano, muy lejanos a los que generan adhesiones electorales, pero día tras día avanzan estas y muchas otras especies invasoras: el ligustro, el fresno, el grategus, entre muchos otros.
Muchos productores sienten que esa batalla se pierde, que la defensa contra la invasión no tiene un comando que organice una estrategia y no saben si salir por las suyas a defender sus territorios.
Es un tema que merece más difusión y que plantea algunos temas que merecen ser debatidos. ¿Debe prohibirse la venta en viveros de estas especies tan problemáticas cuando sus semillas escapan de los jardines? Un liberalismo radical propondría oponerse a cualquier prohibición al grito de la libertad avanza, pero el problema de las especies exóticas también avanza vertiginosamente.
Y no solo en vegetales, también en animales, desde el antipático jabalí al simpático ciervo Axis. Son variados y dramáticos los problemas de este tipo, también por invasión de especies que conviven apaciblemente con las demás en Uruguay, pero se vuelven incontrolables en otras partes, como el guayabo que en las Galápagos se propaga sin control. Un problema global, del que Uruguay no es la excepción.